18 de noviembre de 2013 - 01:49

Chile y el mundo con el casi seguro triunfo de la ex presidenta

Las elecciones de ayer han puesto en marcha el proceso que culminará el 11 de marzo del año que viene con el regreso de Michelle Bachelet al Palacio de la Moneda. A partir de entonces, la política interna y externa de Chile tendrán su sello y el de la coalición que ella lidera, formada por socialistas, comunistas, radicales y democristianos.

Algunos analistas enfatizan el giro a la izquierda que representará este cambio de gobierno, por la flamante presencia de los comunistas en esta alianza, después de estar fuera del poder desde el golpe de Estado de 1973.

En efecto, después de Cuba, Chile tuvo tradicionalmente el principal partido comunista de América Latina durante buena parte del siglo XX, con un 10% del electorado. Sin embargo, en la década de 1980, el PC chileno, al elegir el camino de las armas y la guerrilla, perdió la mitad de su soporte popular. En cambio los socialistas se modernizaron.

Durante su tiempo en el exilio europeo se capacitaron, hicieron maestrías y doctorados, y regresaron al poder en gloria y majestad en 1991; se mantuvieron durante 20 años en el gobierno de Chile, aliados a radicales y democristianos, en un acuerdo llamada “Concertación”. En ese acuerdo, el PC no formó parte; se presentó a las elecciones en soledad, con un 5% de los votos.

El PC volvió con fuerza a escena en 2011, con el liderazgo de las movilizaciones estudiantiles que colmaron las calles de Santiago y otras ciudades chilenas. Los jóvenes del PC lograron instalar el tema de un rol más activo del Estado en general, y la inversión en educación pública en particular.

La gran capacidad de movilización lograda por estos dirigentes abrió el camino para reabrir las negociaciones entre el PC y la antigua Concertación; de esta forma nació la Nueva Mayoría, que ayer ganó las elecciones generales en Chile.

La incorporación del PC asegura que el segundo gobierno de Bachelet esté más volcado a la izquierda que el primero (2006-2010). ¿Cómo se va a sentir este cambio en la política exterior?

El eje de la política exterior regional de Chile en los últimos años ha girado en torno a la Alianza del Pacífico, junto a México, Colombia y Perú.

Se está negociando un acuerdo de interconexión energética con grandes perspectivas. A ello se suman las inversiones mutuas: los capitales chilenos han realizado inversiones crecientes en Perú, a la vez que han comenzando las inversiones peruanas en Chile.

El intercambio no sólo es económico sino también social y cultural. Como ejemplo se puede mencionar que en la ciudad de Santiago hay 200 restaurantes de comida peruana.

Los analistas de orientación izquierdista se inclinan a vaticinar que el gobierno de Bachelet va restar apoyo a la Alianza del Pacífico y se va a interesar más de otros países, como Bolivia.

La relación con Argentina

A primera vista, el cambio de un gobierno de derecha a uno de izquierda, debería, teóricamente, resultar favorable para el relato del gobierno kirchnerista. Sin embargo, una mirada más profunda muestra otros elementos.

La manera más fácil de aproximarse al problema, es observando las declaraciones del presidente socialista de Uruguay, Pepe Mujica.

La cultura política de Brasil y Chile está fuertemente impregnada por el cuidado de las maneras diplomáticas, y rara vez se usan expresiones fuertes ni duras en público. Pero lo que se escucha en privado es muy parecido a lo que declara en público Pepe Mujica.

En cierta forma, el presidente de Uruguay funciona, a veces, como vocero oficioso de los dirigentes socialistas, no sólo de Uruguay, sino también de Brasil y Chile. Igual que Uruguay y Brasil, Chile se ve severamente afectado por la política del gobierno argentino en varios planos: obras públicas inconclusas; restricciones a las importaciones y al turismo; asimetrías en políticas energéticas y ambientales.

En el plano de las inversiones ocurre lo mismo. Está todo muy conectado. ¿Puede pensarse en un incremento de acuerdos e inversiones chilenas a partir del cambio de gobierno? ¿Se podrá reactivar el proyecto de la reconstrucción del Ferrocarril Trasandino, tantas veces prometido por el grupo Eurnekian? La frustración de la minera Vale en el sur de Mendoza, es un antecedente clave para pensar en lo que viene: los brasileros confiaron e invirtieron 2.000 millones de dólares, que luego debieron dar por perdidos y retirarse del proyecto.

Y lo mismo ocurre con la construcción del corredor binacional Pehuenche, terminado totalmente del lado chileno, y apenas realizado en un 25% del lado argentino.

Más allá de los discursos, aquí tienden a pesar los hechos. Y la experiencia del emprendimiento de la empresa Vale para explotar el potasio en el sur de Mendoza, es un ícono emblemático del ambiente que existe en el campo de las inversiones con Chile.

En ese sentido, el mero cambio de gobierno en La Moneda, a pesar de su signo ideológico, no alentará grandes transformaciones hasta tanto se solucionen los problemas vigentes. Y todas las medidas implementadas por Guillermo Moreno contra las importaciones de productos del Mercosur.

En resumidas cuentas, a pesar de la mayor simpatía por América Latina que tendrá el nuevo gobierno en Chile, las condiciones no parecen muy favorable para un mejoramiento de las relaciones bilaterales en el corto plazo.

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