8 de enero de 2013 - 23:38

No cede la ola de violencia en Belfast

El retiro de la Union Jack del ayuntamiento, decidido hace un mes, enojó a los protestantes que quieren que el Ulster siga en el Reino Unido.

Desde hace un mes, los incidentes se repiten en Belfast a pesar de los intentos de líderes políticos y religiosos para desactivar la crisis en torno a la retirada de la bandera británica del ayuntamiento, un psicodrama que ilustra la fragilidad de la paz en Ulster.

Irlanda del Norte es “rehén” de los manifestantes, denunció el martes la ministra del gobierno británico para esta provincia, Theresa Villiers, tras otra noche de violencia callejera.

“No es aceptable que los que dicen que defienden la bandera británica lo hagan lanzando ladrillos y cócteles molotov contra la policía. Es vergonzoso, francamente”, agregó en los micrófonos de la BBC. El origen de la violencia hay que buscarlo en la decisión votada el 3 de diciembre por el consejo municipal de Belfast de dejar de hacer ondear permanentemente la Union Jack en el ayuntamiento.

El consejo municipal no hizo más que armonizar su reglamentación a la de otros edificios gubernamentales. Pero la votación fue percibida como una provocación por los 'lealistas' protestantes favorables al mantenimiento de Ulster dentro del Reino Unido.

Esta provincia semiautónoma británica vivió 30 años de violencia entre separatistas católicos y protestantes unionistas que dejaron más de 3.500 muertos y terminaron con el acuerdo de paz del Viernes Santo de 1998.

Desde entonces se instauró un gobierno biconfesional, pero Irlanda del Norte sigue registrando esporádicamente actos de violencia entre las dos comunidades.

Desde que el consejo municipal decidió izar la bandera británica sólo 17 días al año, cada noche o casi, grupos de lealistas se manifiestan, a veces en forma violenta, para pedir su retorno.

A las barricadas, los disparos de proyectiles y los ataques de vehículos policiales a golpe de mazo de los manifestantes, las fuerzas del orden responden con cañones de agua y disparos de pelotas de goma, algo que recuerda las horas más oscuras del Ulster.

El balance de un mes es de unos 60 policías heridos y más de un centenar de detenidos.

“Es sin duda el periodo más difícil al que hemos tenido que hacer frente en una década”, dijo Terry Spence, presidente de la Federación de Policía de Irlanda del Norte.

Según él, los incidentes están dirigidos por el grupo paramilitar lealista Ulster Volunteer Force (UVF). “Los paramilitares desviaron las manifestaciones sobre la bandera, y vuelven sus armas contra la policía", estimó.

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