De corsarios y piratas se han llenado varias páginas de la historia de la isla de Sark, que supo tener paz recién cuando la reina Elizabeth I la concedió al señor Feudal Helier de Carteret, allá por 1560.
De corsarios y piratas se han llenado varias páginas de la historia de la isla de Sark, que supo tener paz recién cuando la reina Elizabeth I la concedió al señor Feudal Helier de Carteret, allá por 1560.
El convenio estipulaba que debía defenderla de los filibusteros y mantener a las familias leales a la corona británica que se asentaban en la ínsula.
Para cumplir con esta obligación, Helier de Carteret la dividió en cuarenta parcelas. A 39 de ellas las otorgó en perpetuidad como tenencias feudales a las familias colonizadoras y una se dejó para él. Hasta allí, nada raro, estamos hablando de algo acaecido en el Medioevo.
Ahora bien, la cosa cambia cuando se comenta que Sark mantuvo el sistema feudal hasta hace apenas 4 años, cuando se celebraron las primeras elecciones parlamentarias. Ese no era el único modelo anacrónico, otros perviven hasta la actualidad y son los que ansían conocer los turistas que llegan hasta Sark, la última isla feudal.
Como hace tanto
Un viaje a este punto europeo es como pasar por el túnel del tiempo y retroceder unos 1.000 años. Es el estilo de vida local el que llama la atención de los forasteros. Entre los aspectos más extraños están las normas para la tenencia de la tierra. Aún en 2013 las propiedades no pueden ser divididas –siguen estando las cuarenta que fraccionó el primer señor- y se heredan.
Inclusive, no hay ley de divorcio porque podría interferir con las leyes feudales de la herencia.
Vale decir que el estilo de vida por allí es muy tranquilo y que muchos viajeros llegan para encontrar su paz y sus prados de flores silvestres.
No hay ruidos molestos porque circulan por los caminos insulares sin asfaltar carruajes tirados a caballo y bicicletas. No están permitidos los automóviles, pero no hay que alarmarse porque las distancias son cortas, atendiendo que tiene una extensión total 5 km2.
Los tractores sólo están permitidos para el uso de los agricultores o para llevar a un enfermo hasta el puerto para que sea trasladado a otro sitio para su recuperación. Tienen escuela primaria, no obstante los que desean seguir estudiando niveles superiores deben emigrar; no hay agua corriente, sino de pozo.
La cotidianidad es presentada por los promotores turísticos como un atractivo. Conocedores de sus excentricidades, no dudan en hacerlas ostensibles para que trotamundos de todas las latitudes se acerquen para mirar de cerca las experiencias vitales de sus 600 habitantes.
Salir a pasear
No traigas nada, sólo la cámara de fotos. No dejes nada, sólo tus huellas. Con esas palabras el ente turístico seduce a los futuros visitantes. Una buena manera de seguir el consejo es encarando los paseos en carruajes que los llevan hasta la cima de la colina el Collonette.
Las salidas de compras no son precisamente a mega shoppings, en cambio a caminar la zona comercial y a adquirir especialidades de fabricación local. Cerámica, joyas de plata, cristalería y chocolates artesanales entre las más destacadas.
La iglesia St Peter’s es otro de los lugares en el que el aura de otros tiempos se respira. Son encantadores los tapices de las paredes, los reclinatorios y los almohadones de los bancos que han sido cosidos a mano por las isleñas.
Para las Pascuas de cada año abren los jardines de Seigneurie, la casa de los señores de Sark y otro de los atractivos. Hasta setiembre permanecen abiertos y para llegar es preciso caminar unos 20 minutos partiendo desde la iglesia.
Vale la pena el ajetreo porque el entorno verde es sobrecogedor, tanto es así que estos jardines han ganado varios premios internacionales. Es importante decir que hay otros jardines privados que también reciben turistas y a las 16.30 sirven el té.
A lo largo de sus 40 metros de costa hay cabos y bahías que ameritan visitas. La Ventana en la Roca y La Coupee, desde donde se obtienen las mejores vistas de las islas del canal, unos de los principales.