Los mandatarios de la Unión Europea (UE) llegaron anoche a Bruselas para esbozar una respuesta al avance de los movimientos antieuropeos o de ultraderecha, con los líderes de Francia, Gran Bretaña o Alemania pidiendo cambios en la conducción del bloque.
Lo que debía ser una cena informal destinada a analizar la sucesión del presidente de la Comisión, José Manuel Durao Barroso, terminará transformándose en una cumbre de emergencia.
El sismo que provocó la victoria del extremista Frente Nacional (FN) en Francia, el UKIP en Gran Bretaña o el espectacular retroceso de los conservadores y de los socialistas registrado en España, denotan la disconformidad que años de crisis económica e “incomprensión” dejaron en importantes sectores electorales.
Este voto es “un claro mensaje que no podemos simplemente ignorar”, dijo el primer ministro David Cameron al llegar a la cumbre europea en Bruselas.
“Europa es muy grande, muy autoritaria, muy intrusiva, debe concentrarse en lo que importa para crear empleos”, añadió Cameron, que sigue el sendero trazado por otros mandatarios británicos que consideran que la Unión Europea se inmiscuye demasiado en los asuntos internos.
El presidente francés, François Hollande, también llegó a Bruselas pidiendo un cambio en la UE.
“Europa debe escuchar lo que sucedió en Francia”, dijo, en donde el ultraderechista Frente Nacional relegó a la segunda posición a los conservadores y a la tercera a los socialistas.
Hollande abogó por una “reorientación de la construcción europea”. Pedirá que se elabore un contenido, un proyecto de mandato para la próxima Comisión orientado “hacia el crecimiento, el empleo”.
La canciller alemana Angela Merkel se pronunció en el mismo sentido. Llegó con la idea de que los 28 países miembros elaboren un “contenido de trabajo que deberá llevarse a cabo en los próximos cinco años”, es decir la próxima legislatura.
Los mandatarios deberían ponerse de acuerdo sobre un mandato para que comiencen las negociaciones con los diferentes grupos políticos representados en el Parlamento con el objetivo de designar al próximo presidente de la Comisión.
Los jefes de Estado y de gobierno nombran al candidato a presidir la Comisión, que debe recibir el visto bueno del Parlamento Europeo. Pero desde 2010 deben tener en consideración el equilibrio de fuerzas en el Parlamento antes de nombrarlo.
Por ello, y en un afán por “personalizar” las elecciones y movilizar a los votantes, algunos grupos políticos del Parlamento saliente designaron a sus candidatos, entre ellos el ex primer ministro luxemburgués Jean-Claude Juncker (PPE) o el actual presidente del Parlamento europeo, el alemán Martin Schulz (socialdemócrata).
Pero en el Parlamento entrante ninguna formación tiene la mayoría. Según los últimos cómputos, de un total de 751 bancas el Partido Popular Europeo (PPE, conservadores) obtiene 213 escaños, los socialdemócratas (S&D) 189, los liberales 64, los Verdes 52, la izquierda radical 42 y los partidos antieuropeos o de extrema derecha 145.
Si los jefes de Estado deciden considerar el equilibrio de fuerzas del Parlamento, es decir elegir entre alguno de los candidatos declarados presentados por los grupos políticos antes de las elecciones, el elegido debería sumar la mitad de los votos en la Eurocámara, 376.
Pero dada la fragmentación política del nuevo hemiciclo se necesitarán interminables negociaciones entre los grupos para obtener los apoyos necesarios, tiempo que los ultras o radicales aprovecharán para constituir sus grupos.
Una eventualidad que algunos jefes de Estado quieren evitar acuciados por el voto de castigo, o de hastío, expresado en Francia, Gran Bretaña o España.
Los jefes de los grupos políticos de la Eurocámara se reunieron este martes y pidieron a los dirigentes de la UE que le dejaran al candidato conservador, Jean-Claude Juncker, obtener la mayoría para ser designado presidente de la Comisión.
Para iniciar las negociaciones, Juncker debe obtener el acuerdo de la mayoría calificada de los 28 Estados miembros.