Una huelga de conductores de micros en reclamo de mejores salarios afectó ayer la circulación en cuatro ciudades de Brasil, en un contexto de reivindicaciones de movimientos sociales y políticos que presionan al gobierno a 15 días del Mundial.
Una huelga de conductores de micros en reclamo de mejores salarios afectó ayer la circulación en cuatro ciudades de Brasil, en un contexto de reivindicaciones de movimientos sociales y políticos que presionan al gobierno a 15 días del Mundial.
En Salvador de Bahía, una de las 12 ciudades sede de la Copa, vehículos de la policía militar debieron escoltar a los pocos micros que circulaban por las calles en el tercer día de huelga. Durante las huelgas anteriores en Río, más de 500 colectivos fueron incendiados o destrozados por los huelguistas, con un perjuicio financiero estimado en U$S 8 millones.
Además de los conductores de autobuses, profesores de la red de enseñanza pública, agentes de seguridad bancarios y trabajadores de la salud están en huelga en varios municipios y estados de este gigantesco país de 200 millones de personas. El Mundial, que tendrá lugar del 12 de junio al 13 de julio, otorga más visibilidad a sus reclamos. El país celebrará elecciones generales en octubre, cuando la presidenta Dilma Rousseff se jugará la reelección.
Lo que encendió la llama de las primeras protestas, en junio del año pasado, fue la brutalidad policial contra los manifestantes que exigían la gratuidad del transporte público en San Pablo, un movimiento que luego catalizó la insatisfacción general contra el inmenso gasto público en el Mundial, estimado en 11.000 millones de dólares.
El martes, unos 500 líderes indígenas aprovecharon también para protestar en Brasilia por la delimitación de sus territorios ancestrales. Con pinturas de guerra en el rostro y el cuerpo, sus tocados de plumas tradicionales y arcos y flechas, subieron al techo del Congreso nacional y luego se sumaron a una manifestación de movimientos sociales y Sin Techo.
La policía dispersó a los indígenas y demás manifestantes -en total poco mas de un millar- con gases lacrimógenos. Un indígena lanzó una flecha contra uno de los 700 policías que los rodeaban, hiriéndolo seriamente en el muslo.