28 de septiembre de 2017 - 00:00

Ayuda de EEUU al devastado Puerto Rico tarda en llegar

Las autoridades de la isla pidieron al gobierno de Trump 1.000 millones de dólares para reconstruir rutas, casas, represas y tendidos eléctricos.

Varios familiares ayudaron a Maribel Valentín Espino a encontrar resguardo cuando el huracán María azotó su localidad en el norte de Puerto Rico. Los vecinos formaron brigadas de voluntarios para cortar árboles caídos y despejar tortuosas rutas de montaña tras la tormenta. Ahora, amigos y una empresa local proporcionan el agua que necesitan para sobrevivir en el calor tropical.

Valentín y su esposo dicen que no han visto a nadie del gobierno de Puerto Rico, ni mucho menos de la Agencia Federal de Gestión de Desastres (FEMA, por sus siglas en inglés) desde que la tormenta barrió la isla el 20 de setiembre. María mató al menos a 16 personas, dejó a casi todos los 3,4 millones de habitantes sin electricidad y a la mayoría sin agua corriente.

Mientras enseñaba el martes a periodistas los restos anegados de su casa, Valentín dijo que estaban esperando la ayuda de la FEMA.

Muchos otros esperaban ayuda, ya fuera del gobierno federal o el puertorriqueño. Pero la devastación es tan amplia y los esfuerzos de auxilio tan concentrados en San Juan que mucha gente fuera de la capital dice haber recibido poca o ninguna ayuda.

Valentín, su esposo y su hijo adolescente viven en una de esas zonas, Montebello, a 20 minutos por carretera de la localidad costera de Manatí, en el norte, en una zona montañosa que antes mostraba bosques tupidos. Los vientos del huracán, de categoría 4, arrancaron las hojas y dejaron los árboles desnudos como palos.

Las rutas ya son transitables, pero la población sigue aislada. Los vecinos afirman que no ha llegado nadie ni del gobierno, ni de la ciudad.

Hay varios miles de trabajadores federales en Puerto Rico ayudando con las labores de recuperación.

Los agentes estadounidenses también han prestado seguridad en toda la isla, y la Guardia Costera trabaja con autoridades locales para restaurar puertos de mar, un vínculo vital porque Puerto Rico depende casi por completo de las importaciones.

Además, equipos del Cuerpo de Ingenieros del Ejército ayudan a reparar la red eléctrica y a inspeccionar y buscar formas de evitar el colapso de un dique cerca de la localidad occidental de Quebradillas.

El gobernador, Ricardo Roselló, y la Comisionada Residente Jennifer González, representante de la isla en el Congreso, han dicho que pedirán más de 1.000 millones de dólares de asistencia federal y han elogiado la respuesta al desastre de la FEMA y del presidente, Donald Trump, que tiene previsto visitar Puerto Rico la próxima semana.

Aun así, es difícil negar que la respuesta es diferente a otras anteriores. Después de los huracanes en Luisiana, Texas y Florida, oleadas de camiones de compañías eléctricas de otros estados llegaron en largas caravanas, algo que obviamente no es posible en una isla situada 1.600 kilómetros (1.000 millas) al sureste del continente.

María, otra vez huracán, ronda Carolina del Note

María recuperó fuerzas ayer y se convirtió de nuevo en huracán, arrojando agua en ambos lados de los Outer Banks de Carolina del Norte y tomándose su tiempo para alejarse de la costa estadounidense del Atlántico.

No se han reportado lesionados, pero el nivel de la marea subió por la tormenta, lo que erosionó playas e inundó propiedades y la autopista 12, la única carretera que pasa por las angostas islas barreras de Hatteras y Ocracoke.

Los ferrys no estaban trabajando, limitando el acceso a Ocracoke, y dado que partes de la ruta estaban inundadas incluso con marea baja, todos los viajes a Hatteras siguen siendo peligrosos, dijo en un mensaje electrónico el director de la Agencia de Manejo de Emergencias del Condado Dare, Drew Pearson. Agregó que los peores problemas estaban en la isla de Hatteras. Más de 10.000 visitantes salieron de Hatteras por órdenes de evacuación, pero cientos de residentes tuvieron permiso de quedarse.

El Centro Nacional de Huracanes dijo que un avión de reconocimiento de la Reserva de la Fuerza Aérea midió los vientos sostenidos en cerca de 120 kph, con ráfagas más altas. Su vórtice se ubicaba a unos 290 kilómetros  de Cabo Hatteras a las 2 p.m. de ayer.

Si bien los vientos huracanados seguían mar adentro, los vientos con fuerza de tormenta tropical se extendían por hasta 370 kilómetros del centro, agitando el oleaje en ambos lados de las islas. La velocidad de avance del huracán es de solo 9 kph, así que la tormenta estaba casi estática antes de adentrarse al mar. Mientras los vientos cobraban fuerza, las olas estallaban contra las casas situadas frente al mar, y se adentraban aún más en las comunidades de Avon y Rodanthe.

AP

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