Mientras la industria automotriz avanza hacia autos eléctricos, baterías y vehículos cargados de electrónica, Marie-Ange Gerbal sigue tomando otro camino cada vez que necesita salir de su casa: subirse al mismo Mercedes-Benz 200 D que compró en 1987.
El auto ya acumula 831.000 kilómetros y su objetivo ahora es alcanzar el millón, una cifra que su propietaria considera perfectamente posible mientras la mecánica continúe respondiendo.
La historia comenzó dos años después de que el vehículo saliera de fábrica. El Mercedes es modelo 1985 y Gerbal lo adquirió en 1987 con unos 50.000 kilómetros.
Desde entonces lo utilizó tanto para actividades cotidianas como para viajes largos y terminó bautizándolo “La Venerable”. Según contó a La Dépêche du Midi, ya transportó a cuatro generaciones de su familia: su madre, ella, sus hijos y sus nietos.
Un Mercedes 200 D con 831.000 kilómetros y el motor original
El vehículo pertenece a la generación W124 de Mercedes-Benz y utiliza un motor diésel de 1.997 cm³ y 75 caballos. No es un auto pensado para grandes prestaciones, pero este ejemplar terminó destacándose por una característica completamente diferente: la capacidad de seguir funcionando después de cientos de miles de kilómetros.
Gerbal asegura que el motor continúa siendo el original. Eso no significa que durante cuatro décadas el Mercedes haya circulado sin mantenimiento ni reparaciones: la propietaria reconoce intervenciones a lo largo de los años, aunque sostiene que nunca sufrió una avería grave que justificara abandonar el auto.
El cuentakilómetros tuvo que reemplazarse dos veces, pero en ambas ocasiones se volvió a colocar el kilometraje acumulado real para mantener el registro.
La carrocería también fue pintada dos veces, siempre de blanco, y hubo que trabajar sobre el techo corredizo. Gerbal afirma además que no presenta problemas importantes de corrosión.
La ausencia de electrónica es una de las razones por las que no quiere cambiarlo
La propietaria destaca precisamente la simplicidad mecánica de su Mercedes. A diferencia de muchos vehículos modernos, el W124 tiene muy poca electrónica capaz de generar fallas complejas, algo que facilita las reparaciones y permite que su mecánico continúe buscando piezas cuando alguna necesita ser reemplazada.
Hubo incluso una ocasión en la que el auto debió irse en una grúa. Gerbal recordó que llegó a fotografiarlo antes de que se lo llevaran porque temía no volver a verlo. Sin embargo, “La Venerable” regresó a la ruta y siguió sumando kilómetros.
Con el paso de los años, su mecánico incluso intentó prepararla para el momento en que el vehículo finalmente deje de funcionar. Ella prefiere no anticiparlo: mientras arranque y continúe siendo confiable, seguirá utilizándolo.
“Jamás la venderé”: ya recibe ofertas para comprarla
El Mercedes también comenzó a generar curiosidad entre desconocidos. Gerbal contó que personas se acercan para preguntarle por el auto y algunas dejan papeles bajo el limpiaparabrisas con ofertas de compra y números de teléfono. Su respuesta, sin embargo, es siempre la misma: no piensa venderlo porque ya lo considera parte de la familia.
Su relación con el vehículo también está vinculada con una filosofía personal de durabilidad, reparación y cuidado de los objetos. Para Gerbal, conservar durante décadas algo que todavía funciona representa una alternativa frente a la lógica de reemplazar continuamente productos por modelos nuevos.
Eso no convierte automáticamente a un diésel de los años 80 en una opción ambientalmente superior a un eléctrico moderno, pero sí plantea otra pregunta sobre sustentabilidad: cuánto tiempo somos capaces de utilizar aquello que ya fue fabricado.
El próximo objetivo es llegar al millón de kilómetros
Con 831.000 kilómetros registrados, todavía le faltan 169.000 para alcanzar la cifra redonda. Gerbal espera que “La Venerable” consiga hacerlo con el mismo motor que lleva utilizando desde que compró el auto.
Y ya tiene un plan para el día en que definitivamente no pueda continuar. Su reemplazo no será necesariamente un eléctrico ni un vehículo nuevo: guarda una Renault 10 Major de 1967 que perteneció a su madre. El auto permaneció protegido en un garaje y, según explicó, necesita un cambio de motor antes de volver a circular.