24 de diciembre de 2016 - 00:00

Alepo recuperada festeja y asume nuevos desafíos

Muchos habitantes regresan a sus hogares, que no habían pisado en años. El intenso frío, las dificultades de abastecimiento y tiroteos aislados, peligros aún vigentes.

Las fuerzas del régimen sirio se desplegaban ayer en los barrios recién arrebatados a los rebeldes en Alepo, que ofrecían un aspecto desolador con edificios y calles destruidos, un día después de que los últimos insurgentes abandonaran la ciudad.

La recuperación de la segunda ciudad del país es una victoria sin precedentes para Damasco, pero no habría sido posible sin la ayuda militar de su gran aliado ruso.

El presidente Vladimir Putin, que llamó al presidente Bashar Al Assad para felicitarlo, había calificado previamente la toma de Alepo de un "paso muy importante" para el final de la guerra siria, que dejó más de 310 mil muertos desde su inicio en marzo de 2011.

El ejército sirio anunció la reconquista del este de Alepo, cuyo control había perdido en julio de 2012, tras una ofensiva de un mes que acabó con la evacuación forzosa de decenas de miles de habitantes e insurrectos hacia las regiones rebeldes del norte del país.

"La liberación de Alepo de los elementos radicales es un paso muy importante hacia la normalización completa [de la situación] en Siria y, espero, en el conjunto de la región", declaró Putin, citado por las agencias rusas, en una reunión con el ministro de Defensa ruso, Serguei Shoigu.

Moscú desplegó un batallón de la policía militar rusa en la segunda ciudad siria, entre 300 y 400 soldados para "mantener el orden", explicó Shoigu.

En la víspera, las fuerzas gubernamentales penetraron en dos barrios recién arrebatados a los rebeldes, Ansari y Al Machad, donde no habían entrado en los últimos cuatro años. También entraron en Sukkari, otro ex bastión de los insurrectos.

Los soldados registraban las calles y los edificios en busca de posibles explosivos disimulados por los rebeldes, antes de permitir el regreso de los habitantes de la zona, explicó el Observatorio Sirio de los Derechos Humanos (OSDH).

La misma fuente indicó que dos civiles murieron en las últimas horas en el primer ataque rebelde con cohetes desde que el gobierno anunció haber reconquistado toda la ciudad.

De todos modos, aun quedan zonas más pequeñas en manos de los rebeldes, como es el barrio de Zahrá, y por eso siguen cayendo todavía proyectiles, pero son objetivos mucho menores, y se aguarda que en pocos días el ejército logrará tomar el control definitivo de todas estas zonas.

Anoche la algarabía y los festejos en las calles fueron interminables, tras 5 años de penurias y agonía. Pero los temores sobre cómo continuará la situación y el abastecimiento a los habitantes se mantiene.

"No queda nada"

En Bustan al Qasr, un barrio totalmente arrasado cerca del casco antiguo, unas máquinas  retiraban los escombros de las calles. Algunos civiles, envueltos en sus abrigos, empujaban carretillas cargadas con sus escasas pertenencias en el frío invernal, rumbo a sus casas.

"He venido para regresar a mi casa, que no he visto en cinco años, desde que tuve que mudarme al barrio de Saladino", contaba Khaled al Masri. "Espero que mi piso no esté demasiado dañado".

Otra habitante, Um Abdo, estaba desolada al descubrir su vivienda en ruinas en el barrio de Al Myasar. "No queda nada en mi casa", lamentaba esta mujer de 42 años. Cerca de ahí, un soldado sirio subía a un poste eléctrico para colgar la bandera tricolor del régimen.

Después de que los últimos convoyes de rebeldes y civiles abandonaran la ciudad el jueves, se vivieron escenas de alborozo en los barrios occidentales, donde miles de personas llenaron las calles, al son de las bocinas de los coches.

"El objetivo de hacer caer al régimen fracasó" estimó el jefe del poderoso movimiento chiita libanés Hezbolá, aliado de Damasco.

Situación dolorosa

Las evacuaciones, lanzadas el 15 de diciembre tras un acuerdo entre Turquía -principal apoyo de los rebeldes- y Rusia e Irán -aliados de Damasco- han permitido la salida de 35 mil personas del último reducto rebelde de Alepo, según el Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que supervisó las operaciones.

"Las familias han luchado durante meses para permanecer a salvo, encontrar comida, cuidados médicos o refugios apropiados", indicó una  representante del CICR en Siria.

“Al parecer ansiaban irse aunque la situación fuera muy dolorosa y confusa", añadió en el comunicado, que habla de barrios "devastados por la violencia".

Además de los bombardeos,  la población de Alepo este, estimada en 250 mil personas antes de la ofensiva del régimen, sufrió desde el 17 de julio pasado un asedio que provocó una penuria de comida, medicamentos y carburantes.

Por su parte, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó la creación de un grupo de trabajo para preparar los casos de crímenes de guerra perpetrados en Siria.

El difícil camino del futuro  inmediato

La toma de Alepo por parte del ejército de Siria es considerada la mayor victoria de Bashar al Assad en los seis años que dura la guerra civil. Pero eso no significa el fin de los enfrentamientos.

La Comandancia Suprema de las Fuerzas Armadas Sirias proclamó la salida de todos los rebeldes de la que fue la principal ciudad de ese país y el restablecimiento de la "seguridad" en la urbe.

¿Esto es una señal de que el fin de la guerra está cerca? Las primeras reacciones después de que se supo que el gobierno tomó el "control total" de Alepo no son tan optimistas.

Momento crucial

Pese a que el ejército sirio calificó la retoma como un "momento crucial", suman las voces que advierten que la violencia no ha cesado en otras regiones de Siria y que incluso ésta puede multiplicarse.

En su comunicado victorioso, las Fuerzas Armadas instaron a todo aquel que levante las armas a que "aprenda la lección" y las abandone.

El ejército, además, anunció que no cesará las acciones hasta "la liberación del último palmo del territorio".

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