Recuperar la fertilidad del suelo no empieza con el uso de un producto, sino con el diagnóstico de las condiciones biológicas en las que crece un cultivo. "La agricultura hoy nos obliga a ser ecológicamente más intensivos", sostiene el ingeniero agrónomo Martín Betancud, quien combina prácticas regenerativas para "mejorar la estructura de la tierra y reducir la dependencia de insumos".
Su recorrido comenzó hace nueve años con la lombricultura, en una instalación que armó en la terraza de la casa de su madre. Después amplió su trabajo sobre bioinsumos y el diseño de otros producto. "El objetivo es intervenir sobre el sistema productivo y no limitarse a tratar síntomas", explica.
En Mendoza, donde numerosos suelos presentan bajos contenidos de materia orgánica y limitaciones para retener humedad, esa perspectiva adquiere relevancia. Sin embargo, las condiciones varían entre fincas y cultivos. El agua es nuestro primer bioinsumo".
El suelo como sistema vivo
"La fertilidad no depende solo de los nutrientes que recibe una planta. También intervienen la estructura del suelo, la circulación del aire y del agua, la materia orgánica y las relaciones entre las raíces y los organismos que habitan ese ambiente. Es un sistema vivo".
Betancud destaca la función de las micorrizas, hongos que establecen asociaciones con las raíces y amplían la capacidad de exploración del suelo. "A través de sus hifas, las plantas pueden acceder a recursos que quedarían fuera del alcance inmediato de sus raíces. Estas asociaciones participan en la absorción de agua y determinados nutrientes, aunque su funcionamiento depende de las condiciones ambientales y de la compatibilidad entre los organismos involucrados".
Otro componente es la glomalina, una sustancia asociada a ciertos hongos micorrícicos que contribuye a la estabilidad de los agregados. "La formación y conservación de esa estructura favorecen la porosidad y la infiltración del agua, además de generar condiciones físicas más adecuadas para el crecimiento de las raíces", sostiene el especialista en agroecología.
Las bacterias también cumplen funciones relevantes. "Algunas pueden fijar nitrógeno atmosférico, mientras que otros grupos participan en la transformación de la materia orgánica y en la disponibilidad de nutrientes. Esos procesos no reemplazan por sí solos los requerimientos nutricionales de los cultivos, pero forman parte del funcionamiento del sistema".
La actividad de estos organismos necesita condiciones adecuadas. El agua, el oxígeno y la presencia de materia orgánica son factores centrales. "En un terreno compactado o con limitaciones físicas importantes, incorporar microorganismos no garantiza una respuesta favorable". Por eso, Betancud considera necesario identificar primero los problemas que afectan al lote y definir las medidas de manejo correspondientes.
Agricultura, bioinsumos y manejo
Entre las herramientas de trabajo enumera a "la Trichoderma, es un género de hongos que incluye especies utilizadas en estrategias de control biológico y promoción del crecimiento vegetal". También menciona preparados vegetales, como extractos de ajo, formulaciones con jabón potásico y aloe, productos orientados al control biológico de nematodos y el uso de biocarbón.
Cada recurso tiene una función específica y requiere condiciones de aplicación apropiadas. "Su incorporación no garantiza resultados uniformes: la respuesta depende de la formulación, la dosis, el cultivo, el ambiente y el problema que se busca resolver". El diagnóstico previo permite decidir si corresponde utilizar un bioinsumo y cómo integrarlo con otras prácticas.
El manejo regenerativo incluye, además, estrategias que no dependen de la aplicación de productos. Los cultivos de cobertura, por ejemplo, permiten mantener vegetación sobre el terreno durante períodos en los que podría quedar descubierto. Betancud menciona especies como avena, vicia, cebada, mijo y moha, cuya elección debe ajustarse a los objetivos del establecimiento y al acceso al agua.
La biomasa que generan estas plantas puede contribuir al aporte de materia orgánica, proteger la superficie y mejorar determinadas condiciones físicas del suelo. "Su utilización requiere planificar la implantación y el manejo para evitar que compitan por recursos con el cultivo, una consideración especialmente importante en regiones áridas".
La materia orgánica ocupa un lugar central en esta estrategia. Su incorporación puede favorecer la estructura y la retención de humedad, pero los resultados dependen de la calidad de los materiales, las cantidades utilizadas y características iniciales del terreno. No existe una únicareceta aplicable a todas las fincas.
Diagnóstico y seguimiento
La evaluación de las condiciones del suelo requiere mediciones y observaciones complementarias. Entre los indicadores que utiliza Betancud figuran el pH y la conductividad eléctrica, que aportan información sobre la reacción del suelo y la presencia de sales disueltas. También los grados Brix son referencia para evaluar los sólidos solubles de los tejidos vegetales, un dato cuya interpretación depende del cultivo y del momento de medición.
"Ningún indicador explica por sí solo el comportamiento de un sistema productivo. Su utilidad aumenta cuando se interpretan junto con el desarrollo de las plantas, el manejo del riego y la estructura del terreno".
Betancud relata experiencias con ajo en suelos salinos en las que combinó prácticas biológicas y aportes de materia orgánica. Según su evaluación, ese manejo permitió mejorar las condiciones productivas. La experiencia, sin embargo, debe analizarse en función de las características de cada lote y no como una garantía de resultados equivalentes en otros establecimientos.