24 de agosto de 2026 - 21:57

Bodega Filippini: la historia de un gigante del vino que también hizo fuerte a la industria

Fue una bodega clave para la industria del vino en Mendoza. Fundada en 1901 por un inmigrante italiano, produjo vinos y champanes. El complejo fue demolido.

Sobre la calle Rawson, entre Barcala y Roca, en Godoy Cruz, durante décadas reinó la bodega Filippini. En el enorme predio del distrito Las Tortugas, fue una de las grandes referencias de la industria vitivinícola mendocina de principios del siglo XX. Allí se elaboraba vino, funcionaba una champañera y, alrededor del establecimiento se extendían viñedos y frutales.

Tampoco están hoy los muros que sobrevivieron al abandono y que, con el paso del tiempo, se transformaron incluso en parte del paisaje urbano y del arte callejero. Nada queda de aquel lugar fundado en 1901, que vivió al ritmo de las vendimias durante casi siete décadas.

De Balbano a la bodega

La historia de esta bodega, sin embargo, comenzó mucho antes de que las calles llegaran hasta sus antiguos viñedos. En 1888, Luigi Filippini llegó a Mendoza desde Balbano, un pequeño pueblo de Toscana, Italia. Como tantos inmigrantes que encontraron en la provincia una oportunidad, comenzó con trabajos menores hasta que decidió apostar por la actividad que estaba transformando el paisaje mendocino: la vitivinicultura.

En 1901 inauguró su propia bodega y champañera. Era una época de expansión. Los inmigrantes italianos estaban construyendo bodegas, plantando viñas y dando forma a una industria que pronto se convertiría en una de las principales actividades económicas de Mendoza.

Filippini fue parte de esa primera generación. Y el proyecto no quedó en manos de una sola persona. Su hijo Andrés tomó las riendas de la empresa y durante buena parte del siglo pasado llevó adelante una bodega que fue ampliando su producción y su presencia en el mercado.

La marca construyó una oferta variada. Uno de sus productos más recordados fue el vino Passito del Santo. También elaboró el Gran Filippini, en sus versiones rosada y tinta, además de grapas como Coihué y Traguito, que se promocionaban con slogans propios de una época.

Había vinos de postre, como el Oporto Don Andrés, y botellones familiares de dos litros. También se producía vino blanco Chablis para la exportación, bajo la marca Chateau San Rafael, mientras que en el mercado interno circulaban Selecto Chablis y Viña del Cerro.

Una antigua pieza gráfica promociona el vino con el lema "El vino de hoy y de todos los días". La imagen identifica a S.A. Luis Filippini Ltda., la firma que elaboraba sus productos en la histórica bodega de Barcala y Rawson.

Una antigua pieza gráfica promociona el vino con el lema "El vino de hoy y de todos los días". La imagen identifica a S.A. Luis Filippini Ltda., la firma que elaboraba sus productos en la histórica bodega de Barcala y Rawson.

Una firma que hizo historia

La bodega también supo leer los cambios del consumo. Cuando en los años 70 comenzó a ganar espacio la moda del borgoña, Filippini lanzó Cepas del Valle. La champañera había alcanzado una escala que permite dimensionar el tamaño del emprendimiento: llegó a producir unas 300.000 botellas por año.

Pero Andrés Filippini no sólo quedó asociado a la producción de vinos. También ocupó un lugar dentro de la organización de la industria. A fines de la década de 1920, la vitivinicultura atravesaba una de sus crisis más importantes y, en ese contexto, nació el Centro de Bodegueros de Mendoza, un espacio desde el cual los empresarios del sector comenzaron a discutir medidas y políticas para sostener la industria.

Allí se reunieron empresarios y descendientes de las familias que habían construido la vitivinicultura mendocina. Apellidos como Toso, Giannini, Calise, Reina Rutini y Furlotti. Andrés Filippini fue socio fundador y también presidió el Centro de Bodegueros en cuatro oportunidades.

La bodega, mientras tanto, continuaba creciendo. Pero ninguna empresa queda al margen de los cambios de su época. Andrés y Luigi Filippini, figuras centrales de aquella historia, murieron en la década de 1960. La conducción pasó luego a las nuevas generaciones. Entre ellas, Enrique Filippini, nieto de Luigi.

Bodega pionera. La empresa Filipini realizó la primera etiqueta envolvente de Argentina, destinada a su vino Cepas del Valle

Bodega pionera. La empresa Filipini realizó la primera etiqueta envolvente de Argentina, destinada a su vino Cepas del Valle

De vendimias al abandono

La década de 1960 y, especialmente, la de 1970 marcaron un cambio profundo para la industria vitivinícola. La crisis alcanzó a numerosas bodegas y Filippini tampoco pudo escapar de ese escenario. Hacia fines de los años 70, la empresa cayó en quiebra. Las puertas se cerraron y comenzó otra etapa: la del abandono.

El enorme predio que había sido un espacio productivo quedó progresivamente rodeado por el crecimiento urbano. Durante casi 50 años, la antigua bodega permaneció como una especie de isla en medio de un sector de Godoy Cruz que fue apagando sus vendimias.

Los galpones, las paredes y las estructuras que habían formado parte de la época de esplendor comenzaron a deteriorarse. Pero el apellido, sin embargo, no desapareció. Luis Filippini es el nombre de una de las calles principales del sector. La plaza Monte Balbano recuerda el pueblo italiano de donde llegó la familia.

También el polideportivo cercano lleva el nombre de Julián Filippini. Un complejo deportivo, en el que la provincia ensayó un centro de entrenamiento para deportistas de alto rendimiento en la década de 1970.

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