14 de diciembre de 2015 - 00:00

Acuerdo climático: empieza lo más difícil

Tras el acuerdo de todos los países del mundo para limitar el aumento de temperatura a 2º C antes de 2.100, deben comenzar de inmediato las medidas de reparación del ambiente, como emitir menos CO2 a la atmósfera y sembrar más bosques.

Mandatarios de todo el mundo celebraron ayer el histórico acuerdo adoptado en la víspera en París para luchar contra el cambio climático, pero recordaron que la parte más dura del trabajo empieza ahora.

Seis años después del fracaso de Copenhague, 195 países lograron ponerse de acuerdo en la conferencia del clima de París (COP21) para detener el alza de la temperatura del planeta “muy por debajo de los 2º C” y ayudar económicamente a los países más vulnerables al calentamiento global.

El acuerdo de París, que reemplazará a partir de 2020 al actual Protocolo de Kioto, vincula la suerte de las grandes potencias emisoras de gases de efecto invernadero, como Estados Unidos y China, a la de las pequeñas islas del Pacífico amenazadas por la subida del nivel de los océanos.

El grupo de pequeños Estados insulares (AOSIS) fue un actor principal de las negociaciones y logró que el documento final instara a los países a “seguir esforzándose” hasta conseguir frenar el calentamiento global a 1,5º C.

Sin embargo, advirtieron que lo más importante llega ahora. “La historia juzgará el resultado no sobre la base del acuerdo de hoy, sino sobre lo que haremos a partir de hoy”, advirtió Thoriq Ibrahim, ministro de Medio Ambiente de Maldivas y presidente de AOSIS.

En virtud del nuevo acuerdo, los países industrializados, responsables históricos del problema, deberán ayudar financieramente a los países en desarrollo y los emergentes podrán participar también de forma voluntaria.

Los países en desarrollo recibirán un “mínimo” de 100.000 millones de dólares a partir de 2020, una cifra que sería revisada “a más tardar” en 2025.

Todos los países se comprometen, además, a controlar mutuamente sus planes de reducción de emisiones de gases de efecto invernadero (INDC), con revisiones quinquenales a partir de 2023, pero deberán esforzarse más si quieren alcanzar el objetivo marcado, ya que las propuestas actuales sólo frenarían el calentamiento a 3º C.

Venezuela, que había comprometido la consignación de su plan al resultado del acuerdo, anunció finalmente que reduciría un 20% de sus emisiones para 2030. Ya sólo quedan siete países por hacerlo, entre ellos Nicaragua y Panamá.

El acuerdo de París representa un éxito para la diplomacia francesa, sobre todo para su canciller Laurent Fabius, que movilizó todos sus esfuerzos para poner de acuerdo a 195 países de un mundo multipolar en el objetivo de luchar unidos para salvar el planeta.

Las ONGs ambientalistas, por su parte, reconocieron el avance del acuerdo, pero no lo consideraron un éxito rotundo, sobre todo, teniendo en cuenta que su primera revisión obligatoria será en 2025.

“La rueda de la acción gira lentamente pero en París, giró. El texto coloca a las energías fósiles entre los malos de la Historia”, dijo el director de Greenpeace, Kumi Naidoo. Por su parte, Amigos de la Tierra lo calificó de “farsa”, ya que “a través de compromisos parciales y tácticas intimidatorias, los países ricos forzaron un mal acuerdo”.

Medidas de reparación

Según los técnicos, hará falta impedir que más de 7.000 millones de toneladas de anhídrido carbónico salten a la atmósfera para cumplir con los términos del acuerdo.

Otro objetivo más impreciso es que, en algún momento en la segunda mitad del siglo, las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por los seres humanos -que incluyen metano y otros gases, como también anhídrido carbónico- no excedan la cantidad que absorbe la naturaleza. El ciclo de carbono en la Tierra, que es complejo y variable, debe volver a equilibrarse.

En la práctica, eso significa que el mundo debe emitir prácticamente ningún gas contaminante para el 2070 para lograr el primer objetivo, o para el 2050 para concretar el más ambicioso, dijo John Schellnhuber, director del Instituto Potsdam para la Investigación sobre Cambio Climático en Alemania.

Casi el 90% de los planes para establecer una temperatura más segura involucra esa retracción, aunque no es muy realista por ahora, comentó Kevin Anderson, del Centro Tyndall de Investigación sobre Cambio Climático.

Las emisiones negativas requieren más bosques, quizás sembrar el océano, o acaso una tecnología que absorba carbono del aire y lo almacene bajo tierra. Una mayor biomasa de bosques requiere enormes superficies terrestres, y la captura directa del carbono del aire es costosa, aunque con un esfuerzo sostenido de investigación posiblemente podría conseguirse a menos de 100 dólares por tonelada métrica, dijo Granger Morgan de la

Universidad Carnegie Mellon.Casi todas las naciones acordaron planes de acción individuales de reducir o al menos desacelerar el crecimiento de la contaminación de carbono en la próxima década.

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