Mi hija me pide que le cambie un cheque, con el que le pagaron a su esposo en un trabajo. Era viernes y el documento tenía fecha del lunes. Accedí, no me pareció desatinado para mi experiencia de vida.
Mi hija me pide que le cambie un cheque, con el que le pagaron a su esposo en un trabajo. Era viernes y el documento tenía fecha del lunes. Accedí, no me pareció desatinado para mi experiencia de vida.
Porque, desde los 18 años, ¿quién me pagó el sueldo?: el banco. ¿Quién guardó mis aportes?: el banco. ¿Quién me abonó la jubilación?: el banco.
El lunes muy oronda paso mi cheque por ventanilla. La cajera consulta su computadora y me indica: "No tiene fondos". Me lo repitió dos veces.
¡Quedé impactada! Era mi dinero. Fueron eternos instantes de incertidumbre. De repente oigo a la cajera decir: "Voy a consultar". Al volver me indica que me va a pagar y así lo hace. Sin mediar palabras me retiro.
A mi alrededor observo máquinas sofisticadas, asientos impecables pisos brillantes, empleados vestidos discretamente formales.
Pensé mucho.
La corresponsabilidad es entre clientes y banco y no en un tercero de buena fe.
Nunca comprendí por qué me pagaron al fin. Quizás tuvieron temor de que rompiera su decoroso ambiente o cayera desmayada en su brillante piso.
Igualmente decidí: ¿cheques? ¡Nunca más! Sigamos como siempre. Mi jubilación, ganada con arduos años de trabajo, seguirá siendo cobrada a través del cajero automático.
Emma Elisa Serre
DNI 2.513.939