Los mexicanos, aunque acostumbrados a los crímenes violentos, se han estremecido por la brutalidad del reciente ataque contra una familia en el que los agresores violaron a una mujer y a su hija de 14 años, golpearon al esposo, mataron a su hijo de 3 años y les robaron su camioneta para dejarlos abandonados a la orilla de una carretera.
La familia tuvo que caminar cerca de un kilómetro y medio (una milla) hasta la caseta de peaje más cercana para pedir ayuda con el niño muerto en brazos, indicó la Comisión Nacional de Seguridad en un comunicado.
El padre manejaba lentamente por la carretera en busca de un lugar donde orinar, algo que no es inusual en un área donde hay pocos baños públicos.
Ocho agresores que viajaban en dos vehículos le bloquearon el paso a la camioneta a orillas de la carretera
Ocho agresores que viajaban en dos vehículos le bloquearon el paso a la camioneta a orillas de la carretera. El niño estaba sobre las piernas de su madre y murió de un balazo o por un trozo de cristal cuando los agresores le dispararon a una de las ventanillas de la pick up al tratar de abrir sus portezuelas.
La familia fue colocada en el segundo vehículo de los atacantes debajo de una lona y los tres vehículos fueron conducidos por la carretera hasta un paraje donde la niña y la madre fueron violadas, se afirma en el texto. Luego los agresores huyeron.
La Policía Federal que investiga lo ocurrido halló un camino informal de acceso a la carretera y que podría haberle permitido a los agresores evadir las casetas. También lograron determinar la ubicación del ataque y hallaron un casquillo de bala, indicaron las autoridades en el comunicado.
En estados céntricos como Puebla no han ocurrido los sonados crímenes violentos que han azotado estados vecinos como Veracruz, donde los cárteles de drogas han estado más activos. Pero recientemente Puebla se ha convertido en uno de los estados donde ha habido mayor actividad en el robo de combustible de los oleoductos del gobierno.