18 de octubre de 2013 - 00:28

Sin vencedores, todos quedaron vencidos

Prácticamente nadie saldrá sin rasguños de la tierra arrasada que dejó en la capital de Estados Unidos la más reciente crisis política, que sin embargo ya abrió un amplio debate sobre quién ese el mayor perdedor.

El centenario Partido Republicano vio su nombre pisoteado casi sin remedio; el presidente Barack Obama no pudo evitar que sus niveles se aprobación se hundan, y el país en general manchó su reputación de ser el más sólido espacio financiero del mundo.

“No hay ganadores aquí”, dijo el portavoz de la Casa Blanca, Jay Carner, en una declaración que reflejó la realidad con precisión poco usual.

Los políticos, que raramente son muy populares, salieron de la crisis con su condición de parias seriamente fortalecida, y el humor nacional, ya agorero por una década de guerras y recesión, se ensombreció todavía más.

Para Lara Brown, profesora de la Universidad George Washington, “existe un deseo de arrojar a la basura todo el ‘establishment’ de Washington”.

El golpe más duro quedó para el Partido Republicano, ya que una parte importante de los legisladores usaron el cierre del gobierno federal y el límite de la deuda para forzar a Obama a disminuir los fondos de su reforma de salud pública, llamada Obamacare, o postergar su aplicación.

El partido fracasó en los dos frentes ya que Obama se mantuvo firme y se negó a pagar un “rescate”. En ese proceso, los republicanos vieron ampliar sus divisiones internas, al punto que senadores conservadores se permitieron bromas con las tácticas radicales de los diputados del partido.

"La forma en que actúan y el camino que han iniciado en las últimas semanas conducen a un partido marginado a los ojos de los estadounidenses, a una forma de conservadurismo que está probablemente más allá de lo que el mercado puede tolerar", dijo el senador republicano Lindsey Graham.

El presidente de la Cámara de Representantes, John Boehner, incapaz de controlar su propia bancada, se tornó una figura sin brillo y ahora es líder partidario apenas en el nombre.

En tanto, Obama, quien a los ojos del mundo quedó fragilizado, por lo menos puede decir que mantuvo sus principios.

“El presidente consiguió lo que quería de forma que me parece que es el vencedor”, dijo James Thurber, profesor de la American University. “Pero se encuentra en una situación en que tendrá una enorme confrontación en diciembre”, añadió.

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