Francfort. Alemania ofrece por un lado centenas de miles de puestos de trabajo vacantes y por el otro recibe a 1,5 millones de refugiados en los últimos tres años: la ecuación parece casi perfecta, pero en la realidad las cosas son más difíciles de lo que aparentan.
El principal escollo es la falta de adecuación entre los oficios que se ofrecen y la formación y aspiraciones de los refugiados. Eso puede enardecer aún más el debate sobre la integración de los refugiados, que sacude a la sociedad alemana tras las agresiones contra las mujeres del 31 de diciembre pasado, y llevar agua al molino de los que cuestionan la política de acogida de la canciller Angela Merkel.
A mediano plazo, los refugiados ayudarán a resolver en gran parte los problemas creados por la escasez de mano de obra, debido al envejecimiento de la población alemana y a la baja tasa de natalidad.
Pero “los refugiados no conocen el sistema de aprendizaje en alternancia”, principal vía de acceso a la vida activa, utilizada masivamente por los empleadores alemanes, desde la simple panadería hasta las grandes multinacionales, lamenta Meike Al Habash, responsable de la formación profesional de la Cámara de Comercio e Industria de Berlín.
“Alrededor del 50% de los refugiados en aprendizaje abandona la formación a medio camino”, señala Rudolf Baier, portavoz de HWK, la cámara de artesanos de Múnich, que administra unos 23.000 aprendizajes en alternancia, entre los cuales unos 500 jóvenes solicitantes de asilo.
Es una tasa de abandono dos veces superior al promedio, pero en franca disminución desde que la HWK creó en setiembre pasado dos puestos de acompañamiento y cursos específicos para apoyar a los inmigrantes a lo largo de todo el aprendizaje.
El idioma sigue siendo el principal obstáculo para los jóvenes refugiados, que fallan sobre todo en los exámenes escritos debido a carencias en alemán, sostiene Baier.
Sobre 2.800 refugiados llegados a Alemania entre 2007 y 2012, 37% tenía un empleo y 23% cobraba un subsidio por desempleo en 2014.