27 de septiembre de 2026 - 15:27

Un sacerdote italiano vendió 12.000 pirañas disecadas para construir puentes y una pista de aterrizaje en el Amazonas

El jesuita Giovanni Gallo capacitó a pobladoras de la Isla de Marajó en taxidermia para exportar las piezas a Europa y fundar un museo comunitario.

En la década de 1970, el sacerdote jesuita Giovanni Gallo llegó a la parroquia de Santa Cruz do Arari, en la brasileña Isla de Marajó, con un desafío colosal: la falta de infraestructura básica. Lejos de esperar respuesta estatal, impulsó un singular proyecto socioeconómico basado en el artesanado local que transformó el entorno.

Gallo instaló un laboratorio en la Vila de Jenipapo y enseñó a las vecinas de la zona a embalsamar pirañas. Mediante su red de contactos en Europa, logró exportar 12.000 ejemplares disecados hacia Italia, convirtiendo la fauna exótica en una valiosa fuente de divisas.

Financiación comunitaria y respuestas al aislamiento

La iniciativa prosperó al articular la venta de artesanía exótica con la solución directa de problemas de conectividad en una zona propensa a inundaciones. Las ganancias no solo retribuyeron el trabajo femenino local, sino que financiaron la edificación de 350 metros de puentes de madera de ley y un embarcadero comunitario.

Para responder a las emergencias geográficas, la comunidad construyó también un cementerio apto para el periodo de crecidas y una pista de aterrizaje de 800 metros de longitud destinada al transporte aéreo regional.

El nacimiento del Museo del Marajó

Los recursos remanentes impulsaron la creación de la asociación que dio origen al actual Museo del Marajó. La comunidad alimentó la colección inicial donando objetos arqueológicos y piezas de cerámica autóctona. A través de la taxidermia, el sacerdote logró articular el desarrollo social con la preservación de la memoria histórica.

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