La decisión de atacar militarmente al grupo yihadista Estado Islámico (EI) constituye un giro en la política hasta hoy muy ambivalente de Ankara, que ahora enfrenta el riesgo de represalias y que los kurdos aprovechen en su beneficio esta nueva situación, según los expertos.
“La señal es tanto política como estratégica”, estima Michael Stephens, de la agencia en Catar del Royal United Services Institute (RUSI), un centro de reflexión británico.
Al mantenerse con las armas acalladas ante el auge del EI, “los turcos llegaron a un punto en el cual su reputación se veía manchada. El EI se ha convertido en algo muy importante como para que Turquía continuara haciendo como que lo ignoraba”, añade.
Para Didier Billion, del Instituto de Relaciones Internacionales y Estratégicas (IRIS) de París, esta intervención “significa que Turquía entra realmente en la coalición” internacional liderada por Estados Unidos para luchar contra el EI en Irak y Siria, en la que hasta ahora era apenas un socio discreto. Los bombardeos turcos “no son una simple advertencia”, sino que además constituyen “una nueva secuencia política”, asegura.
El primer ministro turco Ahmet Davutoglu aseguró ayer que "las operaciones que comenzaron hoy" contra el EI, así como también contra los rebeldes kurdos del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK), 'pesadilla' de Ankara, "no son puntuales, y van a continuar".
Algunos analistas ven también un reposicionamiento de Ankara en el "gran juego" que se desarrolla entre potencias de la región respecto al conflicto sirio.
“Turquía daba hasta ahora prioridad a la lucha contra las fuerzas del presidente Asad, más que contra el EI. Los sucesos de los últimos días sugieren que esto cambia”, afirma Ege Seckin en un análisis difundido por el Instituto de Estudios Geopolíticos IHS.
Para este investigador, es “también probable que Turquía busque asegurarse una posición en Siria” ante el aumento de influencia de Teherán, que apoya al régimen de Damasco, lo que se perfila aún más con el reciente acuerdo sobre el programa nuclear entre Irán y las grandes potencias.
Menos tensiones con Washington
La decisión de Ankara de permitir a la aviación estadounidense utilizar la gran base aérea de Incirlik (sur) para actuar en Siria ofrecerá a Washington un trampolín ideal para atacar al EI. Y, de esta manera, eliminar un punto de tensión entre Ankara y Washington, que reclamaba esta medida con insistencia.
“Hay muchas otras bases aéreas en la región desde donde EEUU puede operar, pero encontrarse a apenas un centenar de kilómetros de la zona de contacto ofrece una enorme ventaja en términos de logística y de ataques contra el suelo”, subraya Stephens.
El riesgo de ver a los kurdos de Siria -y por extensión a los de Turquía- sacar provecho de esta nueva situación, no obstante, complica la ecuación para Turquía. Ankara tomó la precaución de conjugar su ataque de este viernes contra presuntos militantes del EI presentes en su territorio, con operaciones contra rebeldes del PKK.
“Turquía busca también prevenir las aspiraciones autonomistas kurdas, y asegurar su dominio sobre los grupos armados de oposición en Siria”, subraya Seckin. En este contexto, los ataques aéreos turcos podrían hacer presagiar “un acuerdo con los estadounidenses” para “establecer una zona tapón'” en Siria cerca de la frontera turca, que le permita atacar tanto a los yihadistas como a sus adversarios kurdos.
Para Aaron Stein, colaborador del Atlantic Council Rafic Hariri Center de Beirut, Ankara “quiere que las operaciones aéreas golpeen al EI en la región, pero sin convertirse en un apoyo aéreo para el PKK”.