Con un claro perfil de fiesta latina, al tropel de Calle 13 y Molotov, y con un final internacional avant-garde, subidos al cuelgue de los MGMT, se bajó la persiana del décimo Personal Fest de la historia.
Con un claro perfil de fiesta latina, al tropel de Calle 13 y Molotov, y con un final internacional avant-garde, subidos al cuelgue de los MGMT, se bajó la persiana del décimo Personal Fest de la historia.
La del domingo en GEBA, Buenos Aires, fue una jornada que dejó además grandes recuerdos de Morcheeba (la banda de sonido de todo programa de cable fashion-cool que se precie de tal), Utopians e Intrépidos Navegantes, entre otros.
A este cronista, como a tantos otros presentes en esta fiesta de 20 mil personas, no le quedaron del todo claras las razones de la elección de MGMT como propuesta de cierre de una grilla tan festiva (el cotillón, el papel picado y las tortas fueron el denominador común del gigantesco predio, que incluyó tres escenarios, una kermés, un sector de juegos y hasta una peluquería).
Eso sí, pocos podrían dudar de las credenciales de los de Middletown, quienes en el año 2007 entraron en la historia con el disco "Oracular spectacular", el que incluía más cantidad hits que canciones en total.
Pero también es cierto que aún hoy se juntan, cada tanto, críticos, analistas musicales y curiosos, para intentar dilucidar qué quiso hacer MGMT con sus dos últimos trabajos "Congratulations" (2010) y "MGMT" (2013). Es que a veces la diferencia entre riesgo, genialidad, vanguardia y porquería no es tan fácil de discernir para el oído humano.
Pero volviendo al show del finale, la banda, liderada por el "pum para arriba" Andrew VanWyngarden, alternó megahits con pasajes más psicodélicos y baladas indefinibles, en un show de dos horas que dejó más puntos altos (no dejan de ser una de las bandas más importantes de la última década) que bajos, pero que también cayó en momentos-bajones que la gente (ya cansada después de horas y horas de música y caminar de escenario en escenario) acompañó con, al menos, un respetuoso silencio.
El Personal Fest volvió a ser fest, en todo caso, al ritmo de los imbatibles "Time to pretend", "Kids" y el grandísimo final "Weekend wars".
Poco antes de los MGMT, los Calle 13 habían tomado por asalto el GEBA. René, a 1000 rimas por segundo, volvió a demostrar que madurez no significa aburguesamiento.
Esa big band, dirigida musicalmente por Residente, suena cada vez mejor, y al mismo tiempo, se torna más efectiva. Los 25 mil presentes se vieron arrollados por una "Fiesta de locos" (que abrió el segmento), que terminó con "Vamos a portarnos mal".
En definitiva, volviendo a la nimiedad del orden de los artistas en la grilla, nadie hubiese cuestionado nada si el puertorriqueño (que saludó en varias oportunidades a su mujer, Soledad Fandiño, y su pequeño hijo) tomaba para sí la responsabilidad de darle el broche final al cumpleaños más grande del país.
Tranquilos y contundentes
Mucho antes del plato fuerte, la tarde, bajo un sol pleno, había entregado ya postales imborrables. Morcheeba ofreció sutilezas, potencia y presencia de un género que, en Argentina, se lo piensa más para ambientar restaurantes chetos que para ser incluido en mega festivales. Sí señores, en el país de los Redondos y La Renga, ¡buenas dosis de trip hop para multitudes!
Molotov también merece un capítulo aparte. La agrupación que pronto actuará en Mendoza (el 23 de noviembre) se sabe como un gran representante del rock latinoamericano en su conjunto y se anima, de un tiempo a esta parte, a montar shows de gran despliegue visual y sonoro.
Los puntos más elevados fueron el flamante "Lagunas mentales" (donde nombran a rockers de todo el continente, a modo de tributo o de gastada, con ellos nunca se sabe) y los clásicos del repertorio contestatario post Rage Against de Machine: "Gimme the Power", "Frijolero" y el cierre a puro grito de "Puto".
Torta, fuegos artificiales y la promesa de retorno. Así pasó el Personal Fest. Así pasó la década cantada.