13 de noviembre de 2016 - 00:00

Inmigración y salud son prioridades para Trump y su equipo

El presidente electo analiza cambios en ambas políticas, mientras siguen las fuertes protestas por su triunfo electoral.

Miles de estadounidenses se volcaron a las calles ayer para un nuevo día de protestas contra Donald Trump, pese a que el presidente electo bajó el tono de la incendiaria retórica que lo catapultó a la Casa Blanca.

El magnate republicano, reunido con su equipo de transición en su residencia de Manhattan, mostró un tono conciliador desde que su victoria electoral el martes provocó conmoción en el mundo, y el viernes anunció que ya no intentaría desmantelar el programa de salud del presidente Barack Obama, conocido como Obamacare.

“Esto probará ser un gran momento en la vida de todos los estadounidenses. Nos uniremos y ganaremos, ganaremos, ganaremos!”, tuiteó ayer, mientras unas 15.000 personas se preparaban para marchar hacia la Trump Tower bajo la consigna “Trump no es mi presidente”.

En el centro de Chicago, varios miles de personas protestaron pacíficamente bajo la consigna “Sin odio. Sin miedo. Aquí son bienvenidos los inmigrantes”.

Cinco días después de su sorpresiva elección, el mundo observa atentamente cada movimiento del mandatario electo, en un intento por hallar pistas sobre cómo será su gobierno.

El cambio de su postura con respecto al Obamacare -que siendo candidato había tachado de “desastre”- se produjo tras su reunión el jueves con el mandatario saliente en la Casa Blanca.

En su primera entrevista tras la elección, Trump dijo al diario The Wall Street Journal que podría mantener la prohibición para que las compañías de seguros nieguen cobertura alegando condiciones preexistentes.

También dijo que podría seguir garantizando que los menores estén bajo la cobertura de sus padres hasta la edad de 26, un punto importante del Obamacare.

“Esos dos aspectos me gustan mucho”, dijo Trump.

Se trató de una de las varias acciones de Trump y sus asesores para alejarse de las posturas más radicales exhibidas durante la campaña.

Consultado por el periódico sobre si -como amenazó durante la contienda electoral- designaría a un fiscal especial para investigar a su rival demócrata Hillary Clinton sobre el uso de un correo electrónico privado cuando era secretaria de Estado, el presidente electo respondió:

“No es algo en lo que haya pensado demasiado, porque quiero resolver los temas de salud, empleo, control de fronteras y reforma fiscal”, dijo, lejos de la retórica enardecida que llevó a sus seguidores a vociferar: “¡Enciérrenla!”

En tanto, Newt Gingrich, uno de las principales figuras en torno a Trump, arrojó un manto de duda sobre si el mandatario electo obligará a México a pagar un muro fronterizo, algo que también vociferaron sus adeptos.

“Dedicará mucho tiempo a controlar la frontera. Tal vez no gaste demasiado tiempo intentando que México pague por ello, pero fue una gran estrategia de campaña”, dijo Gingrich.

Crear más empleos

Preguntado por The Wall Street Journal acerca de si su retórica no había ido demasiado lejos, Trump respondió: “No. Yo gané.” Pero agregó que asumiría una postura más positiva, porque “ahora es diferente”. “Quiero un país en el que se amen unos a los otros”, dijo, y agregó que la forma de aliviar la tensión sería “creando empleos”.

También se refirió con calidez a la llamada de felicitación que recibió de Clinton tras la elección.

“Fue una llamada muy bonita”, dijo.

Hillary culpó al jefe del FBI por su derrota

Hillary Clinton acusó al jefe del FBI, James Comey, por su derrota en la elección presidencial al considerar que le dio un duro golpe a su campaña tras anunciar la reapertura de la investigación sobre sus e-mails.

Al explicar las razones de su derrota, la ex secretaria de Estado mencionó, entre otros factores, “las dudas infundadas sembradas por Jim Comey”, que “frenaron nuestro impulso”.

En agosto pasado, el FBI descubrió casi 15.000 documentos no revelados vinculados al escándalo de los correos electrónicos de Hillary.

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