Nacido en Nueva York, fue el cuarto de cinco hijos de un importante promotor inmobiliario neoyorquino. Luego de estudiar comercio, se unió a la empresa familiar en 1968. Su padre le ayudó en sus inicios con un “pequeño préstamo de un millón de dólares”.
En 1971, Donald Trump tomó el control de la empresa paterna. Si su padre construía viviendas para la clase media de Brooklyn y Queens, el hijo prefirió las torres de lujo, los hoteles, casinos y campos de golf, desde Manhattan a Bombay, desde Miami a Dubai. Su fortuna es objeto de debate. Trump divulgó que tiene más de 10.000 millones de dólares, pero la revista Forbes insiste que es menos de la mitad.
Su carrera ha tenido tropiezos, incluyendo decenas de procesos judiciales sobre sus negocios. Entre 1991 y 2009, cuatro de sus casinos y hoteles cayeron en la bancarrota.
Seguidor de la lucha libre, ha escrito populares libros sobre negocios y hasta 2015 fue copropietario de los concursos Miss Universo y Miss Estados Unidos.
Inscrito como demócrata hasta 1987 y republicano hasta 1999, desde entonces Trump ha oscilado entre los dos partidos, e incluso fue por un tiempo independiente. Abandonó sus viejas posturas liberales sobre las armas y el aborto, y ahora abraza a la derecha del partido Republicano.
Trump tiene cinco hijos, tres con su primera esposa, la ex modelo checa Ivana, de la cual se divorció agriamente en 1992; una hija con su segunda esposa, la actriz Marla Maples; y un hijo con su esposa actual, Melania, una ex modelo eslovena. Tiene siete nietos.
Hace seis meses nadie le apostaba un centavo. Pero a golpe de declaraciones incendiarias y ningún reparo por la corrección política, Donald Trump cambió el curso de la campaña presidencial estadounidense, y se impuso como el republicano ineludible, para pesar del partido.
El extravagante magnate de 69 años osa decir de todo, y en ocasiones dice lo que sea. Con un instinto temible, golpea donde más duele. No duda de nada.
Insulta a las mujeres, mexicanos, musulmanes, y sin embargo, su aparente cruda honestidad, desafío a la corrección política y un desdén hacia la clase política, lo mantienen en la cima de los sondeos desde que lanzó su candidatura en junio pasado.
Si es elegido a la Casa Blanca, promete construir un muro en la frontera mexicana, pagado por México, para combatir la inmigración ilegal. También quiere expulsar de Estados Unidos a los 11 millones de inmigrantes indocumentados, en su mayoría de origen latinoamericano.
Frente al terrorismo, habla de prohibir la entrada de los musulmanes a Estados Unidos. Afirma que “destruirá” el grupo yihadista Estado Islámico y “tomará el petróleo”.
El presidente ruso Vladimir Putin es un "líder", dice elogiosamente. El "concepto de calentamiento global fue creado por los chinos", denuncia.
Es carismático, brutal y se imagina como el salvador de EEUU, a su juicio un país moribundo y convertido en el chiste del mundo.
Miles de estadounidenses, afectados por la globalización y que se sienten traicionados por las élites políticas, acuden a sus mitines. Impecablemente vestido, Trump llega en su Boeing 757, rotulado en letras gigantes con su nombre. Denuncia a los “idiotas” que dirigen el país, atiza los miedos y promete “hacer a Estados Unidos grande de nuevo”, su eslogan de campaña.
Fuente: Agencias