El Papa Francisco iniciará hoy una visita a Tierra Santa llena de desafíos políticos y religiosos que promete ser una prueba de fuego para su pontificado y en la que, por tanto, pondrá en juego su liderazgo mundial.
El Papa Francisco iniciará hoy una visita a Tierra Santa llena de desafíos políticos y religiosos que promete ser una prueba de fuego para su pontificado y en la que, por tanto, pondrá en juego su liderazgo mundial.
El largo conflicto entre Israel y los palestinos, la cercana guerra civil en Siria, con su cuota de desplazados y perseguidos -entre ellos muchos cristianos-, el ultraislamismo, la intolerancia de los ultranacionalistas judíos, la disputa por la propiedad de los lugares sagrados del cristianismo, son apenas los grandes trazos del telón de fondo de un periplo papal que exigirá al Pontífice poner en juego sus dotes políticas.
No sólo no quedar preso de las distintas partes en pugna, sino también hacer un aporte a una mejor convivencia, porque el entusiasmo que despierta su figura también determinó que muchos esperen resultados concretos en una región que parece condenada al conflicto.
El propio Papa buscó el miércoles bajar el nivel de expectativa, al decir que su viaje “es estrictamente religioso” y para “rezar por la paz” en el convulsionado Oriente Medio. También con connotaciones ecuménicas (ya que conmemorará los 50 años del abrazo en Jerusalén del Papa Pablo VI y el patriarca ortodoxo Antenágoras, cuando las partes retiraron las mutuas ex comuniones que pesaban desde el gran cisma de 1054) e interreligiosas, porque se encontrará con líderes judíos e islámicos y visitará sus principales lugares santos.
Pero el secretario de Estado del Vaticano, cardenal Pietro Parolin, verbalizó ayer lo que está en el aire: “El viaje del Papa parte del deseo de recorrer los lugares donde Jesús vivió, pero uno de los frutos más concretos que se esperan de su misión es que sea una ayuda para decisiones valientes en el camino de la paz en todo Oriente Medio”, dijo a un diario italiano.
En medio de un impresionante operativo de seguridad (ver aparte), Francisco llegará este mediodía a Amman, capital de Jordania. Inmediatamente se trasladará al palacio real, donde los recibirá el rey Abdalá II. Luego celebrará la misa en el mismo estadio donde lo hicieron Juan Pablo II y Benedicto XVI, ocasión en que dará la primera comunión a 1.400 niños. Después se trasladará al río Jordán, donde Jesús fue bautizado y bendecirá las aguas como lo hizo Pablo VI.
A orillas de ese río, en la iglesia latina de Betania (Betabará), tendrá un encuentro con 600 refugiados y enfermos y pronunciará un discurso. Pernoctará esa noche en la Nunciatura de Amman.
Mañana viajará en helicóptero a la ciudad palestina de Belén. Allí lo recibirá el presidente, Mahmud Abbas, con quien se reunirá. Tras ello, celebrará misa al aire libre en la plaza frente a la iglesia de la Natividad, levantada sobre el lugar donde, según la tradición, nació Jesús. Allí está la gruta que evoca ese acontecimiento, que visitará. Luego irá a un campamento de refugiados palestinos. Al caer la tarde, irá al Santo Sepulcro, el lugar más sagrado de los cristianos, en Jerusalén. Allí, en un hecho sin precedentes, rezará junto con el patriarca ortodoxo de Constantinopla, Bartolomeo, y dignatarios de otras iglesias ortodoxas.
El lunes, Francisco visitará al Gran Muftí de Jerusalén en el edificio del Gran Consejo, en la Explanada de las Mezquitas, de gran valor sagrado para los musulmanes. Luego, habrá otro gesto de gran valor interreligioso: llegará al Muro de los Lamentos y, siguiendo la tradición, dejará un mensaje en una de las grietas. También visitará la tumba del fundador del movimiento sionista, Theodor Herzl y el museo Yad Vashem (del Holocausto) para reunirse con los dos grandes rabinos de Israel.
Finalmente, en sus últimas actividades, se encontrará con las comunidades de religiosos católicos en la iglesia de Getsemaní. Celebrará misa en El Cenáculo, donde, según la tradición, Jesús celebró la Última Cena. El futuro de este lugar disparó en las últimas semanas una fuerte controversia al especularse con que pasaría a estar bajo dominio católico. Los ultranacionalistas judíos se irritaron porque, en el edificio, la tradición judía dice que está la tumba de David. El gobierno israelí desmintió el supuesto traspaso.
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