Un policía francés y su compañera fueron asesinados por un hombre radicalizado que antes de morir profirió amenazas contra la Eurocopa, en un ataque reivindicado por el grupo Estado Islámico que puso de nuevo ayer en máxima alerta al país.
Un policía francés y su compañera fueron asesinados por un hombre radicalizado que antes de morir profirió amenazas contra la Eurocopa, en un ataque reivindicado por el grupo Estado Islámico que puso de nuevo ayer en máxima alerta al país.
El agresor, Larossi Abballa, un francés de 25 años, mató a puñaladas a un policía de civil ante el domicilio de éste en Magnaville, al oeste de París, el lunes hacia las 19 hora local, antes de atrincherarse en el interior de la vivienda.
Abballa fue abatido cuando las fuerzas de élite asaltaron el lugar. Previamente había degollado a la compañera del policía ante el hijo de ambos, de 3 años, que fue hallado “sano y salvo pero en estado de conmoción” según el procurador de París, François Molins.
Antes de ser abatido, Larossi Abballa había reivindicado su pertenencia al EI, al comunicarse con la policía.
“Vamos a convertir Eurocopa en un cementerio”, dijo Larossi Abballa en un video que pudo ver David Thomson, un periodista de la radio RFI, antes de que fuera retirado de la red. Según Thomson, el hombre publicó el video en directo en Facebook pocos minutos después de los asesinatos en el que aparentemente lee un mensaje que había redactado previamente.
Tras su intervención, los policías encontraron “una lista de objetivos con los nombres de personalidades, profesionales -raperos, periodistas y policías- y de personajes públicos”. Tres personas presuntamente vinculadas con Abballa fueron detenidas ayer, según fuentes policiales.
El ataque fue condenado firmemente por los clérigos representantes de los musulmanes de Francia, así como por Alemania y EEUU, donde el atentado de Orlando fue cometido igualmente por un individuo aislado.
"Tengo sed de sangre", dijo el asesino, que era vigilado
Abballa, nacido en la localidad popular de Mantes-la-Jolie, al oeste de París, había sido condenado en 2013 a tres años de prisión por integrar una red yihadista con vistas “a preparar actos terroristas”. La red, con vínculos en Paquistán, favorecía el reclutamiento, la formación y el envío de jóvenes voluntarios para la yihad armada.
“Tengo sed de sangre, Alá es testigo de ello” había declarado Abballa a un amigo, por teléfono, en una conversación que fue escuchada por la policía. A principios de 2016, Abballa estuvo también implicado en una investigación sobre una red yihadista siria. Por ello, se llevaron a cabo “escuchas telefónicas y geolocalizaciones”, precisó el procurador Molins. Pero estas medidas “no permitieron descubrir el menor elemento sobre la preparación o la ejecución de un acto violento”, dijo la policía.