“Hace mucho tiempo que no se limpiaban los colectores”, explicó el funcionario. Y agregó que, como durante aproximadamente 50 años no había ocurrido nada significativo en algunos sectores, “la gente tomó la conducta de construir sobre los colectores aluvionales”, particularmente para generar accesos a sus fincas.
El problema quedó expuesto durante el aluvión del 29 de enero de este año, que provocó importantes daños en distintos sectores de Tupungato.
Un territorio donde el agua baja con fuerza
La particularidad de Tupungato está dada, en buena medida, por su geografía. “Es un departamento de montaña”, señaló Venteo, y esa condición hace que el territorio esté rodeado de colectores aluvionales naturales.
El funcionario advierte, además, que esa configuración se ha ido modificando por la actividad humana. Los desarrollos inmobiliarios y agrícolas alteraron las condiciones naturales de las cuencas y redujeron, en determinados sectores, la capacidad que tenía el suelo para absorber el agua.
En términos técnicos, explicó, se modificó la capacidad de infiltración natural. El resultado es que actualmente pueden llegar al radio urbano caudales importantes que antes eran absorbidos en mayor proporción por el propio terreno.
A esa modificación se suma una característica propia del territorio: la velocidad con la que circula el agua desde las zonas montañosas.
“Al estar ubicado en la montaña, las velocidades del agua son altísimas”, explicó Venteo. Y cuando el caudal adquiere esa velocidad, su capacidad de arrastre y destrucción también aumenta.
El ejemplo más concreto está en lo sucedido en enero. Una de las tormentas se llevó aproximadamente 1.000 metros de asfalto de la calle Marconi, un camino que conduce hacia una escuela semirrural.
La obra había sido largamente reclamada por la comunidad y estaba próxima a ser inaugurada cuando la creciente destruyó el tramo recientemente asfaltado.
El episodio sirve, para el municipio, como una muestra de lo que puede ocurrir cuando una lluvia intensa encuentra una cuenca modificada y un sistema de escurrimiento que no tiene suficiente capacidad para conducir el agua.
El Molino, el principal colector
Dentro del esquema de trabajos, uno de los puntos centrales es el colector El Molino, considerado por el municipio como el principal colector de Tupungato porque recibe el agua de una extensa cuenca ubicada aguas arriba.
La limpieza comenzó con maquinaria pesada de la Dirección Provincial de Hidráulica. La intervención contempla la apertura de sectores obstruidos y la eliminación de árboles y forestales que crecieron dentro del cauce.
El trabajo también busca resolver un problema concreto que habían planteado vecinos de la zona: las dificultades para ingresar a sus fincas.
La solución acordada contempla que los propios propietarios realicen nuevos accesos mediante calles construidas a una altura adecuada, de manera que no queden expuestos en caso de que el colector se encuentre cargado de agua.
Para ello, deberán ceder parte de los terrenos correspondientes a la ribera natural del arroyo.
Venteo reconoce que se trata de una situación que nunca debería haberse producido de esa manera, pero sostiene que el problema ya existe y que ahora es necesario encontrar una solución que permita recuperar el funcionamiento del cauce y, al mismo tiempo, garantizar el acceso de los productores.
Los colectores que ya fueron intervenidos
El operativo no comenzó con El Molino. El municipio ya avanzó sobre otros puntos del departamento.
Uno de ellos es el colector Filipini, que, según Venteo, se encontraba muy cargado de basura y escombros. También se completó la limpieza del colector ubicado a la vera de la calle La Gloria, uno de los accesos principales a Tupungato desde la Ruta 86.
Ese cauce también recibe agua de una cuenca importante.
Además, se realizaron trabajos sobre el Anchayuyo, aunque el funcionario aclaró que se trata de un arroyo con características diferentes, ya que transporta agua de manera permanente y no únicamente durante una creciente aluvional.
En ese sector también se trabajó con maquinaria de Hidráulica para recuperar capacidad de conducción y reducir el riesgo para las fincas ubicadas en sus márgenes.
La tarea se realiza en coordinación con distintos organismos provinciales. Además de Hidráulica, participan Vialidad Provincial y el Departamento General de Irrigación.
Tupungato prepara sus cauces para las tormentas y advierte que el crecimiento urbano agravó el riesgo.
El problema que vuelve después de cada limpieza
Uno de los reclamos que el municipio intenta instalar entre los vecinos está relacionado con los residuos que terminan dentro de los colectores.
La limpieza puede recuperar la capacidad de conducción de un cauce, pero esa capacidad puede volver a perderse rápidamente si allí se arrojan residuos, escombros o restos de poda.
Venteo puso especial énfasis en este último punto. Explicó que algunos productores depositan los restos de poda dentro de los cauces porque, al no circular agua habitualmente, consideran que no representan un peligro inmediato.
El problema aparece cuando llega una creciente.
La combinación de agua, barro y piedra puede arrastrar esos materiales hasta las alcantarillas. Allí, los restos vegetales pueden acumularse y formar una especie de tapón.
“La mezcla de barro más piedra más agua, esa poda se deposita debajo de las alcantarillas y se termina comportando como una compuerta”, advirtió el funcionario.
Por eso, además de limpiar, el municipio busca que los cauces no vuelvan a convertirse en lugares de descarte.
Una ventaja frente a un fenómeno que se puede anticipar
Para Venteo existe una diferencia importante entre prepararse para un aluvión y hacerlo frente a otros fenómenos naturales que afectan a Mendoza.
El sismo, explicó, puede ocurrir en cualquier momento y no existe la posibilidad de anticipar con certeza cuándo sucederá. Los eventos meteorológicos, en cambio, permiten trabajar con pronósticos y adoptar medidas preventivas.
“Nos hemos anticipado”, resumió.
El funcionario considera que Mendoza tiene una estructura edilicia más preparada para enfrentar un terremoto que un aluvión, en parte por décadas de aprendizaje y por las normas de construcción sismorresistente.
En cambio, sostiene que todavía existe mucho por hacer en materia de prevención aluvional.
Y plantea una diferencia central: mientras un terremoto puede ocurrir sin aviso, en este caso existe un pronóstico que permite preparar los cauces antes de que llegue el agua.
“El sismo es posible que suceda, no tenemos la certeza, a diferencia de esto que tenemos la certeza de que va a suceder”, afirmó.
También preparan los espacios verdes
La preparación municipal no se limita a los cauces.
Venteo también tiene bajo su área los espacios verdes y señaló que se está trabajando en la erradicación de árboles que presentan riesgo de caída.
El motivo está relacionado con otro componente del escenario meteorológico esperado: la posibilidad de vientos fuertes.
De esta manera, el operativo preventivo intenta actuar sobre distintos factores de riesgo al mismo tiempo: recuperar la capacidad de los colectores, despejar los cauces, evitar obstrucciones, reducir los riesgos vinculados con árboles y advertir a vecinos y productores sobre la necesidad de no utilizar los cauces como depósitos de residuos.
La premisa es sencilla, aunque su aplicación resulta compleja: cuando llegue el agua, el cauce debe estar disponible para conducirla.
En un departamento donde la montaña concentra grandes volúmenes de agua y donde el crecimiento de las actividades agrícolas y urbanas modificó parte de los recorridos naturales, recuperar ese espacio antes de la tormenta puede marcar la diferencia entre una creciente contenida y un nuevo episodio de daños.