lunes 30 de noviembre de 2020

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La fantasía de una relación sexual en un trío ("ménage à trois") es una de las más comunes, pero no todos se animan a proponerla.
Sociedad

Sexo de a tres: es la fantasía más frecuente, pero en Mendoza pocos la concretan

Sea por vergüenza o por el qué dirán, no muchos se animan a poner en práctica esta posibilidad. En el caso de las parejas, requiere ciertos cuidados para no salir lastimados

La fantasía de una relación sexual en un trío ("ménage à trois") es una de las más comunes, pero no todos se animan a proponerla.
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La fantasía por excelencia es la elegantemente llamada “ménage à trois”, que equivale a la incorporación de un tercer integrante en la relación íntima de una pareja, o el encuentro de tres personas en un acto sexual.

De lo general a lo particular, si la fantasía del trío es muy habitual, lo es mucho más en hombres que en mujeres, y más frecuente aún es que en el imaginario masculino la tríada esté compuesta por él y dos mujeres.

Según diversos estudios, las mujeres son menos propensas a pensar en este tipo de prácticas y aún aquellas que la cuentan entre sus fantasías, prefieren que sea “MHM” (mujer, hombre, mujer) y con menor frecuencia eligen la opción “HMH” (hombre, mujer, hombre).

Según un estudio de 2016 en Journal of Sexual Archives, el 82% de los hombres y el 31% de las mujeres estaban interesados en un trío. Mientras tanto, el 24% de los hombres y el 8% las mujeres dijeron que ya habían tenido uno.

Un estudio similar en el Journal of Bisexuality encontró que, independientemente del tipo de relación propuesta, muy pocas mujeres mostraron interés en tener un trío con dos hombres si se les daba la oportunidad. Para una mujer, un trío con dos hombres es mucho más un tabú social, ya que algunas mujeres no “deben” tener sexo casual con un hombre, y mucho menos con dos.

En cualquier caso, tanto hombres como mujeres consideran que una relación regular (de dos) tiene mayores posibilidades de mantenerse a largo plazo, en tanto aquellas que eligen el trío “para probar” o como práctica habitual, serían más propensas a las rupturas. Estas creencias centrales serán la base al momento de tomar la decisión de una persona de seguir adelante y concretarla, o dejarla latente.

Por eso mismo, como dijimos al comienzo, la mayoría de las veces queda en fantasía. “No conozco mucha gente que se anime o se haya animado a hacerlo. Es como que lo tienen en la cabeza, ‘me gustaría probar’, lo busca en videos o consultan con personas que lo hayan intentado, pero les da vergüenza comentarlo con sus parejas”, explica la sexóloga y licenciada en Psicología Emilse Rojo.

Al parecer, y luego de algunas consultas con especialistas en la materia, el hecho de no llevarlo a la práctica o la vergüenza que genera compartir la idea con la pareja, es una cuestión cultural.

“En Buenos Aires hay lugares donde la gente va a tener este tipo de prácticas sexuales y todo el mundo sabe que existen. En Mendoza es muy difícil porque a la gente le da vergüenza hablar de estos temas” asegura la especialista, y agrega: “Que te vean saliendo de un lugar así, que alguien sepa que fuiste a algún lugar a tener sexo, es como si fuera un delito, no se concibe como un acto humano”.

Dar el primer paso

Para que una pareja se decida a invitar a otra persona a formar parte de la intimidad requiere mucha confianza y una alta autoestima por parte de sus integrantes. Si las bases de tu relación están bien asentadas, la experiencia del trío puede ser muy positiva.

Sin embargo el problema podría radicar en el planteo de arranque, cuando uno de los dos tiene la fantasía y desea llevarla a la realidad, pero debe comunicárselo a su pareja.

Lo cierto es que el hecho mismo de hablarlo ya es un gran paso. Muchas personas ni siquiera se atreven a esto. Pero una vez planteado el tema, es importante darle espacio y tiempo a la pareja para que lo medite.

En ese momento, pueden ocurrir dos cosas: que la pareja acepte, o no.

Los acuerdos mutuos son fundamentales

Si la pareja acepta y deciden llevarlo a cabo, hay una serie de cuestiones muy importantes que deben manejarse con delicadeza. El “cuándo”, “cómo”, “dónde” y fundamentalmente “con quién” son parte de los acuerdos que debe hacer la pareja. También se debe acordar qué cosas se permitirá cada uno, qué quiere y qué no quiere mientras dure el encuentro. “También sirve buscar juntos, indagar por internet y consultarlo como una propuesta del estilo ‘¿qué te parece esto, te gustaría?’. Así también se puede interpretar la reacción del otro, qué cara pone”, explica la sexóloga.

Es más probable que las mujeres sean más sensibles y perciban con mayor claridad los posibles daños emocionales que puedan afectar a la relación a mediano y largo plazo. Es por eso que las parejas deben discutir sus límites físicos y emocionales antes de que la tercera persona se involucre.

Además, los “invitados especiales” también deben ser tratados con respeto. Es importante preguntarles sobre sus límites y escucharlos. Al igual que con cualquier otra experiencia sexual, todos deben sentirse lo suficientemente seguros y cómodos como para decir sí o no.

Lo que se esconde detrás del deseo

La idea de ser amado y adorado simultáneamente por dos hombres, dos mujeres puede ser emocionante para algunos, porque les permite sentirse el centro de las atenciones. Psicológicamente, los hombres y las mujeres ven los tríos como una validación de su estado sexual o nivel de atracción.

Las personas inseguras sienten que ser parte de un trío les dará confianza sexualmente, y los convertirá en una pareja más deseable porque han tenido esta experiencia. Algunas mujeres lo ven como un generador de confianza, ya que disfrutan de ser seducidas y deseadas. Para los hombres, significa que son lo suficientemente deseables como para tener a dos mujeres en la cama al mismo tiempo.

Sin embargo, y a pesar de la flexibilidad con que la sociedad comienza a hablar de estos temas, continúa en una zona gris entre la fantasía incumplible, el tabú y la posibilidad de llevarlo a cabo sin culpa.

“Los hombres son muy visuales. Algunos están dispuestos a que sean tres (HMH) pero sin interacción entre ellos. En ese caso sí permiten que otro hombre toque a su pareja, porque eso los excita. Sino la típica del macho que puede con dos mujeres, es la que más les gusta”, asegura Rojo.

El hecho de que, en cierta medida sigue siendo tabú está ligado al concepto de que la pareja se concibe con dos integrantes y cualquier tercero puede hacer peligrar la estabilidad. “Tiene que ver con el tema de la fidelidad. Pero también fue cambiando a medida que fueron apareciendo cosas como las parejas swinger”, asegura Rojo y aclara que es mucho más frecuente esta práctica que la del trío, porque “se puede buscar hasta los requisitos que quieren para la pareja con la que van a hacer el intercambio” y en este sentido, hay una sensación de paridad, de igualdad de condiciones que no se da en el trío.