En los últimos días el Financial Times volvió a poner el foco en un proyecto muy singular llevado a cabo en el corazón de la precordillera de Mendoza. Se trata de Wamani, un refugio en un enclave estratégico de supervivencia ante un eventual colapso global adquirido por un grupo de empresarios argentinos y estadounidenses.
La información del proyecto surgió en medio del debate de la Ley de Propiedad Privada que permite o no la compra de tierras rurales por parte de extranjeros en la República Argentina. En este contexto, el diario británico publicó un artículo sobre Wamani.
El emprendimiento, ubicado en el departamento de San Carlos y sobre una superficie de unas 32.000 hectáreas, fue adquirido en 2023 por el empresario tecnológico Martín Varsavsky junto a otros inversores internacionales vinculados al universo de Silicon Valley.
En la montaña de San Carlos, empresarios construyeron un refugio ante posibles conflictos en el hemisferio Norte
En los últimos años la propuesta ya se fue equipando con casas prefabricadas, domos geodésicos, pista de aterrizaje, energía solar y conectividad satelital, con el objetivo de asegurar autonomía ante escenarios extremos. Además, cuenta con cerca de 80 kilómetros de caminos internos.
El nombre del proyecto también refleja una construcción simbólica. “Wamani” proviene de la cosmovisión andina y refiere al espíritu protector de las montañas. Varsavsky eligió esa denominación en homenaje a Rosa Aranda, la mujer de origen quechua que lo crió durante su infancia.
La idea sobre una posible guerra mundial
Detrás del proyecto subyace una idea inquietante: la convicción de que el mundo atraviesa un período de creciente inestabilidad geopolítica y que regiones como los Andes argentinos podrían convertirse en refugios privilegiados ante guerras, crisis climáticas o incluso amenazas nucleares.
El propio Varsavsky definió el proyecto como una respuesta a un escenario geopolítico ya en marcha. “Ya estamos en la Tercera Guerra Mundial, las líneas de batalla ya están trazadas”, aseguró en diálogo con Financial Times.
El empresario tecnológico, Martín Varsavsky
La compra de las tierras mendocinas responde a esa lógica. Según Varsavsky, el hemisferio Sur ofrece condiciones de estabilidad geográfica, baja densidad poblacional y abundancia de recursos naturales, convirtiendo esta parte del mundo en una de las zonas más seguras.
“Tiene sentido tener un refugio. Mi idea no es sólo tener pequeños grupos encerrados en bunkers”, afirmó el empresario. Según su mirada, toda Argentina y el Cono Sur “podrían sostener sociedades complejas” ante una eventual guerra nuclear. En otro pasaje de la entrevista con FT, Varsavsky aseguró que “hay más amigos que quieren unirse y estamos construyendo más”.
Mendoza en la tapa del Financial Times
Según el FT, en Eugenio Bustos, la localidad más cercana con 12.000 habitantes, este proyecto despierta sospechas. “Es muy raro comprar tanta tierra sólo para uno mismo sin un plan comercial”, aseguraron los locales.
En ese sentido, Camila Martínez, una guardaparque de 28 años, describió el proyecto como “un teléfono descompuesto”. “La gente dice de todo, pero al menos Martín está conservando el paisaje, a diferencia de la mayoría de los grandes propietarios de tierras de aquí”.
Wamani ya cuenta con domos, pista de aterrizaje y energía solar
Uno de los puntos débiles del refugio ubicado en la zona de precordillera es la presencia de un fenómeno muy conocido por los mendocinos: el viento Zonda. El medio británico detalló que varias veces al año se puede hacer presente este viento caliente, impidiendo salir al exterior. Tal es así, que incluso el propio Martín se asustó la primera vez que presenció este fenómeno climático.
Mientras que otro de los problemas que podría enfrentar el refugio es la falta de agua. Pese a tener cuatro manantiales y arroyos en la propiedad, el calentamiento global podría elevar el estrés hídrico en la cordillera durante los próximos años.
Una ubicación estratégica en la alta montaña mendocina
Uno de los principales activos de Wamani es su ubicación. El predio se encuentra en una zona remota de San Carlos, a unos 75 kilómetros de Pareditas y lejos de los corredores urbanos tradicionales.
La geografía fue elegida bajo criterios de “seguridad pasiva”: aislamiento natural, acceso a agua de deshielo, barreras montañosas y baja exposición a conflictos sociales o políticos.
La propiedad tiene una altitud base cercana a los 3.100 metros sobre el nivel del mar y sectores que alcanzan los 5.000 metros. Según los desarrolladores, estas condiciones ofrecerían ventajas incluso frente a escenarios extremos, como contaminación atmosférica o radiación nuclear.
El proyecto incluye además infraestructura pensada para garantizar autonomía operativa. Entre las obras previstas figura una pista aérea privada de dos kilómetros para aviones turbohélice, sistemas de generación energética independientes y conectividad mediante Starlink, la red satelital de Elon Musk.
Actualmente, parte de la infraestructura ya está operativa y se realizan experiencias piloto vinculadas al turismo de aventura y alta montaña.