9 de marzo de 2026 - 07:35

Recuperar la atención: cómo impacta el exceso de pantallas en el aprendizaje de niños y adolescentes

Tanto niños y adolescentes como adultos experimentan un debilitamiento de la atención generado por las pantallas. Cómo podemos trabajar para revertirlo.

En aulas de todos los niveles, docentes y directivos advierten una preocupación creciente: chicos y adolescentes con mayores dificultades para sostener la atención, comprender consignas extensas y comprometerse con la lectura. ¿Qué está pasando? Para la Psicóloga española Diana Jiménez, fundadora de Infancia y Adolescencia en Positivo, una de las claves está en el uso excesivo y, muchas veces, irreflexivo de las pantallas.

Un cerebro que necesita entrenamiento

Los niños tienen un motor para el aprendizaje: la curiosidad. Descubrir, buscar, experimentar llena su cerebro de preguntas y les permite establecer conexiones que lo enriquecen. En cambio, frente a las pantallas, pasa otra cosa. Consultamos a la Psicóloga Diana Jiménez, especialista en infancias y crecimiento positivo, que estudia lo que ocurre con la atención cuando los niños pasan mucho tiempo frente a las pantallas. La especialista subraya que el problema no es la tecnología en sí misma, sino el modo y la cantidad de tiempo en que se la utiliza. La sobreexposición a estímulos breves, veloces y altamente atractivos que ofrecen las pantallas impacta en la capacidad de concentración sostenida. El resultado se traduce en chicos que se frustran ante textos largos, por ejemplo, que buscan gratificación inmediata y que encuentran dificultades para organizar su pensamiento.

“En relación con la atención, factor clave para el aprendizaje, observamos un debilitamiento que hoy sabemos que se debe al exceso de exposición a las pantallas”, explica. Y agrega que la lectura, actividad central en la escolaridad, también se ve afectada: “Requiere de funciones ejecutivas y las pantallas están interfiriendo en el desarrollo de esas funciones, por lo que vemos que los niños y jóvenes no están entrenando sus cerebros para la lectura”. Es por eso que frente al reto de leer una página se sienten desmotivados, no consiguen avanzar o, leen pero no construyen sentido.

Diana Jiménez, psicóloga
La Psicóloga Diana Jiménez estudia lo que ocurre con la atención cuando los niños pasan mucho tiempo frente a las pantallas.

La Psicóloga Diana Jiménez estudia lo que ocurre con la atención cuando los niños pasan mucho tiempo frente a las pantallas.

Sin embargo, no todo está perdido. “Gracias a la neuroplasticidad, se puede revertir este debilitamiento pero seguro el camino no es prohibir el uso de pantallas”, afirma Jiménez. La clave, sostiene, es recuperar el equilibrio: disminuir el exceso, regular tiempos y contextos de uso y volver a priorizar experiencias fundamentales para el desarrollo. Dormir bien, jugar, leer en papel, manipular objetos, conversar en familia y pasar tiempo al aire libre son prácticas que fortalecen las funciones cognitivas y emocionales necesarias para aprender.

Adultos hiperconectados, modelos en crisis

El desafío no es solo infantil. Muchos adultos reconocen (o incluso padecen sin advertirlo) una dependencia similar con los dispositivos. “Los adultos tienen dificultad para reconocerlo, pero cada vez encontramos más adultos con apatía, con desinterés, desmotivados. El problema aquí es que los niños toman modelo de los adultos. Nos observan y nuestros actos serán su referencia, mucho más que lo que podamos decirles que hagan”, advierte.

El celular acompaña cada momento del día: durante el trabajo, en la mesa familiar e incluso en espacios íntimos. Esta disponibilidad permanente instala la idea de que debemos estar conectados y ocupados todo el tiempo. En ese contexto, se pierde algo esencial: el valor del ocio, del silencio y del “no hacer nada”, condiciones en las que emergen la creatividad y la reflexión.

Para Jiménez, es urgente que las familias se hagan una pregunta incómoda pero necesaria: ¿realmente necesitamos estar conectados todo el tiempo? Recuperar espacios de conversación, de encuentro y de juego compartido no es un gesto nostálgico, sino una estrategia concreta para fortalecer vínculos y lenguaje.

Del uso automático al uso con propósito

La especialista propone pasar de un consumo automático a un uso consciente. “Se puede hacer un uso provechoso de las pantallas, entrar a internet con un propósito, un para qué”, señala. Esto implica evitar el scrolleo infinito y definir previamente qué se busca hacer en línea. Hay muchos recursos valiosos que se pueden utilizar.

Organizar la vida en equilibrio con la tecnología no es sencillo, pero es posible. La recomendación es que padres e hijos planifiquen juntos nuevos acuerdos: establecer tiempos con y sin pantalla, anticipar actividades alternativas y sostener las decisiones en el tiempo. Incluso sugiere armar una lista visible en casa con propuestas de juego, lectura o salidas al aire libre para recurrir cuando aparezca el aburrimiento.

Recuperar la atención no es una tarea inmediata ni mágica. Requiere coherencia adulta, límites claros y nuevas rutinas familiares. Pero el objetivo vale el esfuerzo: acompañar a niños y adolescentes a desarrollar las capacidades cognitivas y emocionales que necesitan para aprender, pensar y construir proyectos propios en un mundo cada vez más digital.

LAS MAS LEIDAS