Aunque 6 de cada 10 adultos en Argentina presentan sobrepeso u obesidad, una buena parte no busca ayuda profesional para controlar su peso corporal. Durante muchos años, incluso, no había acceso a drogas para adelgazar.
Efecto rebote, "kilos imposibles" y promesas de balanza: qué hay de cierto y qué no detrás de los fármacos furor en el mundo. El análisis de los expertos.
Aunque 6 de cada 10 adultos en Argentina presentan sobrepeso u obesidad, una buena parte no busca ayuda profesional para controlar su peso corporal. Durante muchos años, incluso, no había acceso a drogas para adelgazar.
Pero hace un tiempo, la semaglutida, una droga que ya se usaba en pacientes con diabetes, vino a cambiar las reglas del juego y generó una revolución, con fuerte impacto público, pero también dudas y controversia.
En ese marco, prevalecen mitos sobre su uso y los resultados alcanzables. Su uso se ha extendido y eso deja más evidencia científica y clínica sobre los resultados. Solo la marca Wegovy, del laboratorio desarrollador y la más conocida de esta nueva generación de fármacos, ha sido usada por más de 33 millones de pacientes desde 2018.
Este fue uno de los temas fuertes de la conversación en el Foro Value, que se realizó entre el 13 y el 14 de agosto en el Hotel Hilton de Panamá. La convocatoria reunió a médicos expertos en el abordaje de la obesidad y 25 periodistas de la región, entre ellos dos de medios de Argentina y uno de los cuales fue Los Andes. La propuesta apuntó a plantear los desafíos actuales de esta enfermedad que muestra una tendencia al ascenso y con la mirada puesta específicamente en América Latina.
Al ser consultado sobre los principales mitos e inquietudes con los que llegan los pacientes al consultorio, el doctor Santiago Gómez Centurión, médico referente en obesidad y director de Focus Nutrición y Salud de Mendoza señaló: “uno de los grandes cuestionamientos de los pacientes es, ‘toda la vida he intentado bajar de peso y no pude. ¿Qué está pasando con mi cuerpo? ¿Por qué últimamente subí de peso y no puedo bajar?”.
Otro mito que mencionó, y que dijo que está muy instalado, es que muchos pacientes todavía sienten que su obesidad depende exclusivamente de sus hábitos, cuando en realidad hay un déficit biológico, hay alteraciones biológicas que afectan su capacidad de lograr mantener un cuerpo saludable, una composición corporal normal. “Cuando uno se los explicaba, el paciente realmente se queda más tranquilo; debe saber que esto no es su culpa, sino que había algo en su biología que estaba alterado y que nadie le había ayudado a mejorarlo o a poder solucionarlo hasta este momento”, comentó.
Pero además mencionó que hay otra cuestión que genera mucha inquietud y es una de las más grandes: la reganancia de peso. “Los pacientes siempre le han tenido mucho miedo -explicó-, pero porque los pacientes que tienen obesidad siempre han sufrido reganancias cuando han tenido pérdidas de peso”. En ese plano dijo que lo más habitual en un paciente que pierde peso es que pueda volver a recuperar el peso perdido, y en ocasiones incluso la totalidad de lo que han bajado”.
Esto también se ha dicho en relación a casos con uso de medicación y sobre lo cual el médico planteó: “No es el fármaco el que genera reganancia, sino que es su propia enfermedad. De hecho, han tenido reganancias muchos sin ningún fármaco previamente”.
Asimismo dijo que hay que entender que es una enfermedad crónica, y que, por ende, la misma enfermedad va a llevar a volver al peso perdido cuando no haya una buena estructura de tratamiento. Pero agregó: “El tratamiento bien gestionado, bien programado, no tiene por qué generar reganancias si hacemos las cosas como corresponde, y si, en el caso de que el paciente lo requiera, mantenemos una dosis a largo plazo del fármaco que está formulado, está aprobado para usarse crónicamente, es seguro, y mantiene todos los efectos y todos los beneficios de la salud que logra con el descenso cuando mantenemos el fármaco después de haberlo logrado”.
Ante el prejuicio de que los tratamientos no sirven si se recupera el peso perdido al interrumpirlos, los especialistas remarcan que debe entenderse a la obesidad como lo que es: una enfermedad crónica.
Tal como manifestó la doctora Carolina Chacón, médica cardióloga, especialista en Obesidad y Diabetes y directora Médica del Instituto de Investigaciones Clínicas de Rosario, “por las características propias de la obesidad, que es una enfermedad crónica del tejido adiposo con alteración de señales neurohormonales en el sistema de hambre y saciedad, puede producirse una recuperación parcial del peso al interrumpir el tratamiento”. Explicó que al igual que otras enfermedades crónicas, como el hipotiroidismo, esta alteración inflamatoria y metabólica debe ser tratada en forma sostenida y con el acompañamiento de un equipo interdisciplinario de profesionales de la salud que permitan la adquisición de hábitos saludables como alimentación balanceada y ejercicio muscular, principalmente.
Este fue uno de los temas quizás más presentes en el Foro Latinoamericano Value que reunió expertos de Latinoamérica por estos días en Panamá. El doctor Fernando Rosero, médico cirujano, sexólogo y experto en manejo de la obesidad, planteó que en las personas con desafíos con su peso hay ciertos factores orgánicos predisponentes que siempre van a tender al aumento de peso. Por eso, aún cuando se hace tratamiento farmacológico puede haber reganancia de peso pero dijo que, sin embargo, esta siempre será menor y con más chances de control dado que la semaglutida atenúa el impacto de esos predisponentes.
En esa línea, la medicación no actúa como una solución mágica aislada. “La medicación es una herramienta valiosa, y acompañada de hábitos saludables permite obtener resultados sustentables. Es importante considerar alimentación, actividad física, sueño y gestión de emociones para mantener los resultados alcanzados”, agregó el doctor Gómez Centurión.
Asimismo, el especialista mendocino subrayó la diferencia histórica que marcan estos nuevos fármacos: “A diferencia de lo que ha ocurrido a lo largo de décadas de tratamientos diversos, ahora contamos con fármacos que -además de darnos la posibilidad de un descenso saludable de peso- los estudios y la vida real nos muestran que son la primera herramienta que nos permite que la mayoría de los pacientes sostenga los resultados a largo plazo”.
Falso. Existe la creencia de que hay kilos imposibles de bajar. Particularmente, las mujeres enfrentan desafíos únicos relacionados con su peso a lo largo de la vida, como el embarazo o la transición hacia la menopausia, cuando los cambios hormonales favorecen la acumulación de grasa abdominal, que se asocia con riesgo cardiometabólico. También experimentan mayores tasas de ciertas complicaciones asociadas a la obesidad, como migraña y depresión.
Sin embargo, los expertos desmitifican la imposibilidad de alcanzar un peso sano. "El manejo del peso requiere atender a la historia y a la realidad de cada persona, pero con un plan personalizado, objetivos claros y realistas, definitivamente puede alcanzarse y sostenerse un peso saludable, también en mujeres y en cualquier etapa", explicó la doctora Cecilia Luquez, médica diabetóloga y jefa de Servicio de Diabetes del Hospital San Roque de Córdoba.
Tanto se la ha mencionado, así que hay que decir que definitivamente no, tal como queda claro con lo antes señalado. Esta droga ya se usaba para el tratamiento de la diabetes y fue incorporada al mercado argentino con una formulación específica para tratar la obesidad en octubre del año pasado.
En la presentación, el reconocido doctor Alberto Cormillot hizo hincapié en que no se trata solo de la droga, sino que esta es parte de otra serie de medidas que deben tomarse.
Dijo que tiene pocos efectos secundarios, pocas contraindicaciones y buenos resultados. El riesgo que ve al dar tan buenos resultados es que la gente se confíe y no haga los cambios que debe hacer y mencionó, por ejemplo, el riesgo de perder masa muscular por no hacer ejercicio.
“Estamos en presencia de un gran medicamento pero no lo estropeemos sin hacer el resto de las necesidades o dejar de tomar los medicamentos indicados para otras patologías”, remarcó.
Rosero se refirió a este tema al señalar que claramente teniendo en cuenta la predisposición orgánica al aumento de peso no se trata es falta de voluntad y considerar esto es una posición estigmatizante que confabula en contra del objetivo del descenso de peso.
Explicó que en estos pacientes entran en juego factores genéticos y biológicos, entre ellos conexiones neurológicas que están por fuera del control que puede hacer la persona.
Asimismo varios aspectos señalaron que recuperar peso no es un fracaso, sino que ya haber logrado algún descenso acarrea beneficios en diversos planos de la salud en tanto la obesidad está asociada a otras patologías.
Agregó que también influye el ambiente en el que está inserta la persona en tanto este puede favorecer la obesidad y de hecho, así sucede en el marco de la cultura en la que estamos inmersos.
Por los costos, el acceso a medicación aún es un desafío. Pese a tratarse de una patología crónica las obras sociales no reconocen cobertura.
“Es complejo porque muchas obras sociales se toman de una ley que salió en el 2018, cuando estos fármacos todavía no estaban disponibles, pero que están aprobados no solamente por Anmat, sino que son parte de todas las guías de práctica clínica a nivel mundial respecto al manejo, no solo de diabetes, sino también de pacientes con obesidad sin diabetes”, dijo Gómez Centurión.
“Lamentablemente, las coberturas sociales, en muchas ocasiones, intentan evitar cubrir el fármaco a los pacientes cuando no hay ningún sustento para ellos, siendo que incluso es mucho más barato para una cobertura social cubrir uno de estos fármacos que cubrir todas las complicaciones futuras que puede producir una enfermedad no controlada y no medicada”, agregó.
Consideró que persiste mucha falta de empatía con el paciente con obesidad, mucha restricción a los tratamientos, y abogó porque paulatinamente esto mejore.
Por otra parte, dijo que muchas obras sociales, y sus auditores lo han ido entendiendo, lo han ido aprobando, y han ido incorporando los tratamientos para obesidad, pero, lamentablemente, todavía hay muchas prepagas que siguen poniendo trabas extremadamente administrativas, tediosas y molestas, y eso hace que los pacientes se alejen de de buscar un médico por lo angustiante la situación de que su prepaga no les cubre los tratamientos.
Sin embargo, sí hay propuestas de un descuento en por parte del laboratorio con Recetario Solidario (30%) que hace que los fármacos hoy sean accesibles que hace unos años, pero esto no quita que las coberturas sociales deberían cubrirlos.
Lo que destacan los especialistas que han trabajado con semaglutida son otros beneficios que se logran con el tratamiento. En estudios clínicos, las personas con obesidad tratadas con semaglutida 2,4 mg alcanzaron una mayor reducción de peso corporal en comparación con placebo, con una pérdida promedio del 17%, y un tercio de los pacientes logró una pérdida de peso igual o superior a 20%.
De hecho, la concepción actual apunta a que la pérdida de kilos es solo una parte de lo que implica mejorar la salud cuando se habla de obesidad.
Hay otras cuestiones: el uso de semaglutida reduce un 20% el riesgo de infarto, ACV y muerte cardiovascular en personas con exceso de peso y enfermedad cardiovascular. Claro, esto está asociado también a la pérdida de peso, ya que mejorando esto se mejoran otros valores.
“Es necesario tener una mirada integral de la salud del paciente, donde el peso corporal es un elemento, pero atendiendo también a múltiples aspectos metabólicos clave, como el control de la glucemia, los factores de riesgo cardiovascular, prevención de la enfermedad conocida comúnmente como ‘hígado graso’, entre otros aspectos”, remarcó la doctora Florencia Aranguren, médica especializada en diabetes y obesidad y directora de la Diplomatura de Riesgo Cardiometabólico y Renal de la Universidad de Ciencias Empresariales y Sociales (UCES).