Durante un año y medio vivió en una casa de familia, dentro de una comunidad en el bosque nuboso de Las Yungas (Bolivia). Lo hizo como cualquier gato doméstico, luego de que un joven lo encontrara a la deriva y lo llevara a su vivienda. Pero un año y medio después, en 2017 y luego de que atacara a las gallinas de sus vecinos, lo llevaron a un santuario de vida silvestre. Allí fue categorizado desde el primer momento como Leopardus Tigrinus, una de las especies de gatos silvestres con presencia en la zona.
No obstante, diez años después, un grupo de investigadores de National Geographic confirmó que no se trataba tampoco de un "Tigrinus", sino que pertenece a una especie de la que desde hacía más de 100 años no se tenían registros en el mundo. Y fue bautizada como Leopardus Tilcayo, o Gato Tilcayo. El nombre rinde homenaje a la denominación que, precisamente hace un siglo, le dieron a esta especie los pobladores de la zona.
Por diez años se creyó que el ejemplar correspondía a un Leopardus tigrinus. Pero estudios genéticos confirmaron que no lo era.
Foto: Gentileza National Geographic
“Son especies crípticas, muy similares entre sí y por eso es que suelen confundirse distintos tipos de leopardus. Son gatos pequeños, de pelaje manchado, con cola anillada. Las principales diferencias son genéticas, por lo que se confirman por medio del cotejo el ADN”, señala la investigadora coautora del trabajo y exploradora de National Geographic, Paola Nogales Ascarrunz a Los Andes.
De hecho, para confirmar los resultados del reciente estudio fue necesario analizar material genético del ejemplar actual y compararlo con ADN de restos de especímenes de Leopardus Tilcayo históricos conservados en museos.
Se trata de un macho, de unos 10 años, que mide alrededor de 46 centímetros desde la cabeza hasta el final del cuerpo y pesa apenas 1,3 kilos.
Foto: Gentileza National Geographic
“Siempre escuchamos noticias tristes o no muy alentadoras del mundo y no le damos mucho valor a la ciencia. Pero este descubrimiento demuestra que tenemos mucho por explorar todavía. Como humanos queremos ir a otros planetas a descubrir, pero lo que hay por descubrir solemos tenerlo al lado. Sólo tenemos que seguir explorando, seguir alimentando esa curiosidad y seguir utilizando herramientas científicas”, reflexiona Nogales Ascarrunz en diálogo con Los Andes.
Una nueva especie en América del Sur
Como bien describe la especialista, a simple vista los Leopardus son felinos muy similares entre sí y extremadamente difíciles de distinguir entre subespecies.
Los bosques nublados de las Yungas (Bolivia), la región donde vive el único ejemplar de Gato Tilcayo activo hasta el momento.
Foto: Gentileza National Geographic
Por esto mismo es que la novedad referida al "regreso" del Gato Tilcayo -donde fueron claves los estudios genéticos- se convierte en algo histórico, ya que -además- evidencia que muchos de aquellos gatos que durante mucho tiempo han sido considerados una única especie son, en realidad, un grupo mucho más diverso.
De esta manera, los investigadores pudieron reconstruir una historia evolutiva que había permanecido oculta durante décadas. Porque los análisis indican que los Leopardus Tigrinus existen desde hace alrededor de 1,4 millones de años, mientras que el Leopardus tilcayo se habría separado de otros linajes hace aproximadamente un millón de años.
Tras ser adoptado por una familia en 2016 -sin saber que era un gato silvestre-, en 2017 llegó al santuario, considerado un L. Tigrinus. Y allí permanece actualmente este ejemplar, que recientemente fue confirmado como el único existente de Leopardus Tilcayo en América.
Tras un año y medio viviendo en una casa particular, el gato salvaje fue llevado a un santuario de vida natural en 2017.
Foto: Gentileza National Geographic
Se trata de un macho, de unos 10 años, que mide alrededor de 46 centímetros desde la cabeza hasta el final del cuerpo y pesa apenas 1,3 kilos. Y Paola lo conoció apenas llegó al santuario Senda Verde, espacio que recibe animales que han sido víctimas de mascotismo ilegal, caza furtiva o atropellamientos, entre otras situaciones relacionadas con la actividad humana.
A diferencia de sus otros "parientes", el L. Tilcayo presenta manchas más grandes, una cola más larga y estilizada y un pelaje de coloración más tenue.
“Elegimos nombrar a la especie ‘Tilcayo’, que es el nombre que las comunidades locales utilizan para referirse a este gato. Es nuestra forma de honrar su conocimiento ancestral y su vínculo con este animal”, explica la investigadora.
Las preguntas del millón: cuántos hay y dónde viven
La identificación de esta nueva especie se convierte en el punto de partida de una serie de estudios e investigaciones que se enfocarán ahora en el L. Tilcayo.
Hacía 100 años que no se registraban ejemplares del Gato Tilcayo en esa región de Bolivia.
Foto: Gentileza National Geographic
“Como es reciente el hallazgo, no tenemos una estimación de cuántos puede haber. Sí sabemos que no son muchos. Ahora hay que confirmar si solo está en Bolivia o llega a Perú y a Argentina. Lo mismo con saber cuántos hay, sus costumbres. Son especies no tan estudiadas”, destaca Nogales Ascarrunz, aunque aventura que todo parece indicar que su hábitat se encuentra circunscripto a la ecorregión de las Yungas bolivianas (a la que describe como "fascinante").
Por esto mismo es que los científicos ya comenzaron a instalar cámaras trampa en esos bosques, justamente para intentar detectar ejemplares en libertad y obtener información sobre su distribución, comportamiento y cantidad.
Paola Nogales Ascarrunz, exploradora de National Geographic y coautora de la investigación que confirmó la presencia del Leopardus Tincayo.
Foto: Gentileza National Geographic
“Esto es solo el inicio. El hecho de haber descripto esta especie nos hace responsables de su conservación y nos deja más preguntas que respuestas”, sostiene la investigadora.
Vivir amenazados
El Leopardus tilcayo enfrenta las mismas presiones que otros pequeños felinos silvestres de la región, entre las que se destacan la cacería, la pérdida de hábitat, la deforestación y avance de actividades humanas.
De hecho, la cacería no necesariamente aparece como actividad organizada con ese objetivo, sino que surge en conflictos cotidianos entre las personas y la fauna.
La exploradora Paola Nogales Ascarruns junto al ejemplar de gato tilcayo en el santuario.
Foto: Gentileza National Geographic
“Como los gatos salvajes se comen las gallinas, los humanos los matan para vengarse y evitar que eso siga ocurriendo”, explica.
A eso se suma la transformación de los bosques -incluyendo la utilización del fuego para convertir áreas naturales en tierras destinadas al cultivo- y la baja diversidad genética de estas especies, condición que puede limitar su capacidad de responder a cambios ambientales.
El gato andino, el "pariente lejano" que vive en Argentina y en Mendoza
Mientras los próximos estudios deberán determinar si el Gato Tilcayo tiene presencia en Argentina, en la cordillera mendocina hay una subespecie de leopardus que ha dejado su huella. Se trata del gato andino (Leopardus jacobita), uno de los cinco ejemplares de felinos en mayor riesgo a nivel mundial y que está catalogado como "en peligro de extinción".
Sin embargo, Nogales Ascarrunz aclara que el L. Tilcayo y el L. Jacobita (gato andino) están bastante separados, y que el gato andino tiene mucha menos diversidad genética que el recientemente identificado.
"En los análisis que hemos realizado como equipo internacional tenemos también un genoma de un gato andino y hemos hecho la comparación", aclara la exploradora.
Ambiente investiga la distribución del gato andino
En cuanto a su distribución y características, el gato andino es de tamaño un poco mayor al de un gato doméstico y habita en ambientes áridos que pueden ir desde el centro de Perú hasta Mendoza y Neuquén (y un poco más al Sur también).
Su cola es larga, gruesa, cilíndrica y de aspecto felpudo. En esta extremidad, además, cuenta con entre 6 y 9 anillos anchos de color que oscila entre café oscuro a negro. Tiene nariz negra y, por sus características, prefiere sitios aislados, caracterizados por la presencia de afloramientos rocosos donde habita su presa principal, el chinchillón.