Este sábado 13 de junio, el Pasaje San Martín fue el escenario del Festival de Lustrada de Zapatos, en las puertas del Café Mundial, donde se rindió homenaje a la familia Rodríguez, los históricos lustrabotas del centro mendocino.
El encuentro tuvo lugar en las puertas de Café Mundial, donde los protagonistas lustraron los zapatos de los presentes y contaron su historia, marcada por décadas de trabajo, esfuerzo y dedicación.
Este sábado 13 de junio, el Pasaje San Martín fue el escenario del Festival de Lustrada de Zapatos, en las puertas del Café Mundial, donde se rindió homenaje a la familia Rodríguez, los históricos lustrabotas del centro mendocino.
A partir de las 11 de la mañana, vecinos y turistas se acercaron al lugar para observar el trabajo de Luis, Víctor, Ricardo, Miguel, José y Carlos Rodríguez, quienes lustraron zapatos en el lugar a quienes lo deseaban, con sus elementos tradicionales y técnicas infalibles.
Los Andes estuvo presente para conversar con los protagonistas, quienes nos contaron más sobre su trabajo y los desafíos que atraviesan en este oficio, que ya se convirtió en una identidad cultural de la Ciudad.
Carlos Rodríguez, el menor de la familia, expresó su alegría por compartir el oficio que aprendió de sus tíos y su padre, y señaló que hace cuatro años decidió seguir el mismo camino. "Es la primera vez que participo de un reconocimiento. Es un oficio muy lindo, clientes muy amables. Es un trabajo que te da lindos momentos", sostuvo.
Además, destacó que lo mejor del oficio es el contacto con la gente, ya que le permite conocer historias de vida, escuchar anécdotas y aprender de distintas experiencias.
Ricardo, por su lado, contó que lleva 36 años como lustrabotas y expresó el orgullo que siente por el homenaje a su trabajo. Sin embargo, se sinceró sobre la situación actual del oficio y reconoció que cada vez son menos los que lo eligen. "Yo empecé a los 15 años y habían dos o tres lustradores en cada esquina. Y ahora no hay, estamos quedando los hermanos. Se va perdiendo de a poco el lustrado".
También reconoció una pérdida de clientela con el paso de los años, pero señaló que tiene clientes fijos, quienes ya se convirtieron en amigos, a quienes aprovechó para enviarles un saludo.
Respecto a la tradición familiar, Ricardo sostiene que, si bien es un oficio que trascendió con el tiempo, las nuevas generaciones buscan otros trabajos. Sin embargo, sostiene que él continuará desempañando la actividad hasta sus últimos días. "Yo voy a seguir lustrando hasta que llegue al cajón. No voy a parar", expresó emocionado.
Uno de los primeros en la familia en comenzar el oficio fue Miguel, quien lustra zapatos en las calles de Mendoza desde que tenía tan sólo 11 años. Al respecto, señaló que existe una crisis en el rubro, sobre todo a la hora de acceder a los materiales, los cuales muchos ya no se fabrican.
Pero sus largos años de trabajo le enseñaron, no sólo a adaptar el oficio, sino a conocer las mejores técnicas de lustrado y saber cuáles son los materiales definitivos para la lustrada perfecta. "La única lustrada buena es con anilino, pomada y cera. No hay otra. Actualmente usan cremas, pero es muy invasivo porque tienen mucha pigmentación y no se puede trabajar bien", señala.
Miguel también se tomó un momento para reflexionar sobre este oficio después de más de 30 años. "Es un trabajo muy lindo, muy bueno, yo tengo todo gracias a este trabajo. Gracias a esto logré conocer gente importante y estoy rodeado de aprecio por los clientes", reconoce.
Quien también estuvo presente en el homenaje a la familia Rodríguez fue la senadora Mariana Juri, quien aprovechó para lustrar sus zapatos de la mano de los protagonistas de este momento.
En diálogo con Los Andes, destacó la importancia de este oficio en la cultura de Mendoza. "Recuperar estos oficios urbanos que hacen a la vida misma de la ciudad nos llena de orgullo y satisfacción. Es muy importante que encontremos los espacios de encuentros", señaló.
La senadora también destacó el valor del oficio del lustrabotas. "Ahora veía y pensaba: son cuatro personas que nos lustrábamos los zapatos ahí, conversábamos sin siquiera conocernos. Creo que más allá de ser una oportunidad laboral, significa un espacio para volver a encontrarnos en el espacio público".
El homenaje buscó contribuir al sostenimiento y la valorización de esta actividad tradicional en Mendoza, de la mano de una familia que lleva consigo una historia de trabajo, esfuerzo, dedicación y perseverancia. Con sus uniformes característicos, los Rodríguez continúan firmes en su trabajo, manteniendo vivo un oficio que forma parte de la identidad mendocina y que, más allá de dar brillo a los zapatos, construye vínculos, atesora historias y acompaña el paso cotidiano de generaciones de vecinos.