martes 11 de agosto de 2020

La cuenta de Twitter de la Biblioteca San Martín recordó esta mañana el paso de Saint-Exupéry por Mendoza en 1939, buscando a su amigo y compañero Henri Guillaumet por la Cordillera de los Andes. Foto: Twitter @BPGSM_Mza
Sociedad

El día en que el autor de El Principito sobrevoló la cordillera mendocina en búsqueda de su amigo y se enamoró de Mendoza

En 1930, el francés Antoine Saint-Exupéry -quien también era aviador y estaba de misión en Río Gallegos- estuvo cerca de una semana en Mendoza. Sobrevoló los Andes en búsqueda de su amigo y compañero, Henri Guillaument; quien había caído y estuvo una semana perdido en la cordillera. Se reencontraron en un hotel céntrico y el escritor quedó fascinado con Mendoza.

La cuenta de Twitter de la Biblioteca San Martín recordó esta mañana el paso de Saint-Exupéry por Mendoza en 1939, buscando a su amigo y compañero Henri Guillaumet por la Cordillera de los Andes. Foto: Twitter @BPGSM_Mza

El francés Antoine Saint-Exupéry es mundialmente conocido por ser el autor de “El Principito”, uno de los tres libros más leídos en todo el globo. Pero además, era un aventurero piloto y amante de la aviación. Saint-Exupéry se desempeñaba en la la aerolínea francesa Latécoère, más precisamente en Aeropostale; una línea de correo aéreo que se había creado entre Europa y América del Sur. Y en el invierno del Hemisferio Sur de 1930 -mientras se encontraba de misión en Río Gallegos- tomó conocimiento del accidente que protagonizó su amigo, compañero y también aviador Henri Guillaument; uno de los pioneros de la aviación en este lado del mundo; y viajó a Mendoza para participar de su búsqueda. Mientras Guillaument intentaba cruzar desde Chile a Mendoza, su avión debió hacer un aterrizaje de emergencia en la zona de la Laguna del Diamante; y estuvo perdido durante una semana.

Esta mañana, desde la cuenta de Twitter de la Biblioteca Pública General San Martín (@BPGSM_Mza) compartió algunas fotos históricas y prácticamente inéditas del paso del aviador y escritor por nuestra provincia en la misión de búsqueda de su amigo.

“¡Qué extraordinaria es la cordillera de los Andes! Me encontré a 6.500 metros de altura en el instante en que nacía una tempestad de nieve”, escribió luego de la travesía Saint-Exupéry; y lo citaron esta mañana en esa cuenta de la red social.”

Foto: Twitter @BPGSM_Mza

La desaparición de Guillaumet

El viernes 13 de junio de 1930, en lo que se esperaba que fuese un vuelo de rutina, Guillaumet -quien había completado su primer vuelo en 1916 con 14 años y quien tres años después había recibido su licencia de piloto civil- salió del aeropuerto de Santiago de Chile en su avión Potez 25 y con destino a Mendoza.

Pese a que el servicio meteorológico había pronosticado un fuerte temporal en la Cordillera de los Andes, el piloto francés -que además era un temerario que disfrutaba de la aventura- despegó desde la capital chilena con destino a Mendoza. En medio del periplo, la tormenta sorprendió a Guillaumet en las alturas; por lo que el experimentado aviador desvió su ruta hacia el sur, siempre con el objetivo de cruzar el cordón montañoso. Sin embargo, y por más sed de aventura que tuviese; debió improvisar un aterrizaje forzoso en la zona de la Laguna del Diamante (San Carlos).

Formalmente declarado desaparecido, desde la compañía francesa dispusieron un operativo de búsqueda para dar con el paradero del piloto francés. Decidieron enviar algunos otros aviones con sus respectivos pilotos, y entre ellos se destacaba Saint-Exupéry.

Milagros inesperados

Tras siete días de infructuosa búsqueda, y cuando el pesimismo comenzaba a apoderarse de la situación -incluso ya el objetivo había virado a dar al menos con el cuerpo sin vida del mejor amigo de Saint-Exupéry-, sucedió lo inesperado: se informó que Guillaumet había hallado con vida. Y el puestero de la zona de la Laguna del Diamante, Juan Gualberto García y su madre, María Romero de García; hicieron las veces de ángeles de la guarda.

Siete días en la cordillera

De acuerdo a lo reconstruido en una interesante crónica histórica publicada por Los Andes en 2016; al momento de forzar el aterrizaje en algún punto más calmo de los Andes Mendocinos, el avión de Guillaumet impactó contra el suelo y quedó invertido. Tras el aterrizaje, el experimentado aviador francés se refugió en la carlinga -cabina de vuelo del avión-. Todavía era aquel viernes 13 de junio de 1930, y el hombre debía hacerle frente a una cruda noche de temporal de nieve y viento. “Por suerte, entre sus provisiones tenía algo de licor que ingirió para soportar las bajas temperaturas”, detalla aquel artículo periodístico de hace cuatro años.

A la mañana siguiente, alertado por el ruido de los motores de las aeronaves que sobrevolaban la cordillera precisamente en su búsqueda, Guillaumet corrió y encendió bengalas. Pero todo fue en vano; ya que nadie se percató de su presencia.

Para evitar morir congelado en el lugar, Henri emprendió una caminata con una bolsa de provisiones hacia el este. Y escribió en un de las alas de la aterrizada / estrellada aeronave: ”Je pars vers l’Est” (”Voy para el este”, en francés). La caminata también fue accidentada, e incluyó un desbarrancamiento desde un cerro; epsodio en que perdió sus provisiones y botiquín. Pero, lejos de bajar los brazos, el piloto francés continuó su marcha vaya uno a saber hacia dónde. O “hacia el este”, como él mismo había dejado escrito.

Foto: Twitter @BPGSM_Mza

Perdido en medio de la imponente nada de la Cordillera de los Andes y por demás agotado, el jueves 19 de junio de 1930 por la mañana; un joven puestero de la zona encontró al aviador en las inmediaciones del arroyo Yaucha. Este adolescente, el ya mencionado Juan Gualberto García-tenía 14 años en ese momento- y su madre, María lo llevaron y resguardaron en el puesto Cerro Negro de San Carlos, donde habitaban.

García falleció en diciembre de 2011, en Las Heras y con 95 años. En 2001 fue homenajeado en Francia por el entonces presidente Jacques Chirac con la Legión de Honor.

El reencuentro

El día siguiente, una semana exacta después del accidente, los dueños de casa avisaron a las autoridades del hallazgo con tintes de rescate. A Guillaumet lo trasladaron a la Ciudad de Mendoza, donde se encontró con su gran amigo y compañero Saint-Exupéry. El abrazo emotivo fue en el Plaza Hotel (actual Hyatt), y el propio autor de “El Principito” lo llevó en avión hasta Buenos Aires en su L-28.

“Esta historia lo dejó marcado para siempre, al igual que nuestros paisajes. (Saint-Exupéry se quedó más de un año en Argentina y conoció la selva, la Patagonia, la montaña. Se declaró enamorado. Fue esta la tierra que lo impulsó a concebir una de sus mayores novelas: ‘Vuelo nocturno'” concluye el tuit de la Biblioteca San Martín y con el que se recordó esta aventura.