1 de noviembre de 2026 - 07:35

Bairoletto en el archivo de Los Andes: el relato de su viuda y la mirada de su nieto

Una entrevista a Telma Ceballos publicada por Los Andes en 1998 y el testimonio actual de su nieto, Fabio Erreguerena, permiten acercarse a la intimidad del célebre personaje y a las preguntas que dejó su ausencia.

“¡No te hagás el Bairoletto!”. Fabio Erreguerena -decano de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNCuyo- repetía aquella advertencia como otros chicos, sin saber bien de que se trataba. Recuerda que tenía entre ocho y doce años cuando un compañero le devolvió la frase con una revelación: “Bueno, vos lo debés saber bien porque es tu abuelo”. Fue a preguntar a su familia. Así descubrió que aquel apellido, convertido en sinónimo de rebeldía, también formaba parte de su historia.

El descubrimiento traería otras preguntas, incluso sobre la escritura del nombre que había escuchado tantas veces. Fabio precisa: “La forma correcta es Vairoleto, con «V» corta y una sola «t». Así lo firmaba él en cada actuación de los expedientes judiciales y prontuarios policiales, y así figura en los registros eclesiásticos (cuando él nació todavía no funcionaba el Registro Civil estatal).

La difusión con «B» larga y doble «t» (Bairoletto) se originó porque en los bandos de captura de la época figuraban distintas variantes (Vairoleto, Vairoletto o Bairoletto). Luego, en los años 70, Hugo Chumbita publicó su libro con esa grafía en la colección de la revista Todo es Historia (dirigida por Félix Luna). La obra tuvo un éxito enorme y popularizó esa forma en la literatura, el cine, el periodismo y la música”.

Detrás de aquel apellido famoso había una intimidad que la leyenda dejaba en segundo plano. Mucho antes de esta conversación con su nieto, Los Andes había entrevistado a Telma Ceballos, compañera de Juan Bautista y madre de sus dos hijas. El 13 de septiembre de 1998, Marcelo Zentil publicó «Un bandolero que se convirtió en leyenda». Telma tenía 85 años y vivía con una hija en la Cuarta oeste.

La entrevista de entonces y la conversación actual se iluminan mutuamente. Telma relataba lo que había vivido; Fabio recupera lo que ella le contó y observa sus consecuencias en las generaciones siguientes. Entre ambas voces aparece una familia que debió convivir con la fama y con la ausencia.

El testimonio de Telma permite acercarnos al hombre que recibía caballos, alimentos y refugio de agricultores y puesteros. Lo había conocido en 1931, cuando pasó con dos compañeros por la casa familiar, en La Mora, General Alvear. “Era gente chistosa, conversadora”, recordaba. Las visitas continuaron y, en 1937, ella se escapó para vivir con él. Pasaron por Alvear Oeste y San Rafael antes de instalarse en San Pedro del Atuel.

Los Andes, 13 de septiembre de 1998. En una nota firmada por Marcelo Zentil, Telma Ceballos relató su vida junto a Bairoletto y dio su versión sobre la muerte del bandolero.

Los Andes, 13 de septiembre de 1998. En una nota firmada por Marcelo Zentil, Telma Ceballos relató su vida junto a Bairoletto y dio su versión sobre la muerte del bandolero.

Allí lograron construir una vida familiar. En 1939, Juan Bautista usaba el nombre de Francisco Bravo y trabajaba la tierra: con un peón limpió y emparejó cinco hectáreas. Telma aseguraba haber puesto una condición para acompañarlo: “Mientras estuvo conmigo, no anduvo en fechorías. Era el compromiso que tenía para que siguiéramos juntos”.

A esa existencia doméstica pertenecen los recuerdos que llegaron hasta Fabio. “Mi abuela siempre destacaba que era un padre muy presente y cariñoso, que pasaba todo el tiempo que podía jugando con sus dos hijas y cuidándolas con mucha atención”. También le transmitió su gusto por el mate, las lecturas y las novedades de su tiempo.

Entre estas últimas, una noticia conservó un lugar especial en la memoria familiar: la hazaña de Amelia Earhart al cruzar el Atlántico en avión. Juan Bautista la leyó en el diario y, según cuenta su nieto, dijo que quería ser como ella: libre. “Un deseo de libertad profunda tanto para él como para sus hijas y su familia”, explica Fabio.

Pero la vida bajo otro nombre y el trabajo de la chacra no habían borrado las persecuciones. Aquella convivencia terminó la madrugada del 14 de septiembre de 1941, cuando la policía rodeó la vivienda. La libertad evocada en el recuerdo familiar encontraba allí un límite definitivo.

Zentil recogió dos versiones sobre la muerte. Mientras el informe oficial la presentaba como resultado del enfrentamiento, Telma afirmaba haber visto a Juan Bautista suicidarse al comprender que no podía escapar. “Entonces, al no tener oportunidad de salvarse, se suicidó. Yo vi desde mi habitación como se puso el arma en la cara y disparó”, declaró. Sostuvo, además, que los policías le dispararon después de caer.

Para Telma, aquella madrugada separó también dos vidas. Dejó el rancho donde vivían en 1942 y regresó recién en 1992. Encontró la vivienda reconstruida, luces y un cerco. La chacra había desaparecido bajo un cortaderal. El lugar al que otros acudían para recordarlo había sido su casa, el escenario de la crianza de sus hijas y de la muerte de su compañero.

Fabio es un gran estudioso de la figura de su abuelo, pero aún hay preguntas a las que le gustaría dar respuesta: “me interesaría conocer más en detalle su vínculo real y concreto con el anarquismo y sus figuras, algo que aparece mencionado en las investigaciones judiciales e históricas pero que merece mayor profundidad.

En el plano familiar y humano, me pregunto cómo hubiera sido su vida frente a los acontecimientos que vinieron pocos años después de su muerte, como la llegada del peronismo, y cómo se hubiera desarrollado el crecimiento de sus hijas si hubiese podido compartir más años con ellas y con su familia. En lo personal, sin dudas me hubiera encantado conocerlo”

Ese deseo acompaña a Fabio cada vez que alguien descubre su parentesco. Cuenta que suele encontrar simpatía y curiosidad. Muchos se acercan para compartir alguna historia que escucharon mostrando hasta qué punto la figura de su abuelo sigue presente en la memoria popular, más de ocho décadas después de su muerte.

Juan Bautista Bairoletto nació el 11 de noviembre de 1894 en el sur de Santa Fe, en una familia de inmigrantes italianos. Trabajó en tareas rurales y pasó por Córdoba antes de establecerse en Eduardo Castex, La Pampa. Allí ocurrió el episodio que cambiaría su vida: en 1919 mató al policía Elías Farach, con quien mantenía un enfrentamiento, y comenzó su recorrido como fugitivo.

Su habilidad como jinete y tirador lo ayudó a eludir a sus perseguidores. Mientras acumulaba conflictos con la ley, encontró protección entre pobladores rurales que lo consideraban un defensor de los necesitados. Esa reputación alimentó el apodo de «Robin Hood de las Pampas».

Fabio Erreguerena junto a su abuela, Telma Ceballos, compañera de Juan Bautista Bairoletto, en la celebración de sus 100 años.

Fabio Erreguerena junto a su abuela, Telma Ceballos, compañera de Juan Bautista Bairoletto, en la celebración de sus 100 años.

En Mendoza intentó iniciar otra vida. Se instaló en San Pedro del Atuel, General Alvear, bajo el nombre de Francisco Bravo. Allí cultivó la tierra y formó una familia con Telma Ceballos, con quien tuvo dos hijas.

El 14 de septiembre de 1941 murió cuando la policía rodeó su vivienda. Las versiones difieren entre el suicidio y la muerte por disparos policiales. Su historia sobrevivió en relatos, canciones y manifestaciones de devoción popular. Su tumba en General Alvear se convirtió en lugar de peregrinación, donde sus seguidores llevan ofrendas, hacen promesas y piden favores. Telma Ceballos murió en 2014, a los 101 años.

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