En el caso de una sepultura tradicional -tiene el mismo servicio funerario-, adquirir una parcela puede costar -según el cementerio- entre $500.000 y $600.000, a lo que se agrega el mantenimiento periódico (que ronda entre $280.000 y $300.000 mensuales).
Según destacan desde el rubro de las casas de servicios funerarios, 57% de los fallecidos tienen como destino la cremación.
Ramiro Gómez / Los Andes
En este contexto, la alternativa del cinerario asoma como mucho más sencilla en términos de permanencia y economía. Y es que el derecho a uso y reposo de las cenizas de un difunto en estos sitios tiene un costo que se paga por única vez ($180.000 pesos, es un canon unificado por el Arzobispado de Mendoza para todas las parroquias que ofrecen este espacio y no requiere pagos posteriores).
En cuanto al diseño del espacio, se trata de una fosa común que tiene un cilindro en altura como "puerta de entrada". Cuenta con una tapa metálica o de mármol y se sitúa en un espacio abierto -dentro del terreno de la parroquia, pero fuera del templo-. Suele encontrarse en un espacio agradable, como un jardín, y con bancos y sitios para que las personas se sienten a reflexionar en silencio o a elevar una oración. Todas las cenizas se depositan en este receptáculo de grandes dimensiones.
En 2016, el Papa Francisco aclaró que la Iglesia autoriza la cremación, pero que el reposo de las cenizas debe ser campo sagrado, y no esparcirlas en la naturaleza.
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La parroquia Nuestra Señora de la Candelaria (Maipú) es una de las iglesias de Mendoza que cuenta con cinerario.
“Está rodeado de verde, jardín y flores. La gente lo siente como un espacio más familiar y amigable, no tanto como un cementerio”, describe el padre Fabián Bernardo Vilches, párroco de esta iglesia maipucina y para quien esta inclinación hacia los cinerarios no responde a algo meramente económico.
El cambio cultural que aceleró la pandemia
La pandemia de coronavirus también aparece como uno de los puntos de inflexión en esta tendencia post mortem. Durante aquellos años, las restricciones sanitarias modificaron de manera abrupta los rituales vinculados con la muerte. La cremación comenzó a ser una alternativa cada vez más frecuente y, una vez superada aquella etapa, el hábito se mantuvo.
Los cinerarios cuentan con bancos y espacios para que los seres queridos del difunto puedan sentarse a rezar o reflexionar en silencio.
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"Ayudó también cuando el Papa Francisco se expidió sobre el tema en 2016 y aclaró que no estaba mal cremar a los seres queridos, pero que no estaba permitido esparcir sus cenizas en cualquier lado o dejarlas en una casa, sino que debían descansar en campo sagrado”, recuerda Vilches.
Cementerios, cada vez con menos visitas
Otro dato que refleja esta realidad tiene que ver con que las nuevas generaciones ya no mantienen necesariamente el vínculo cotidiano con el cementerio (a diferencia de sus padres o abuelos, que hasta organizaban visitas especiales para el Día de los Fieles Difuntos).
“Ante esta realidad, las familias se preguntan: ¿para qué comprar una parcela si nadie va a ir?”, se sinceran desde el sector funerario.
El padre Gerardo Virga, de la parroquia Montserrat (Godoy Cruz), coincide con esa mirada.
“Hay un cambio de cultura en la gente. Así como se pasó de los cementerios municipales a los cementerios parque, ahora se pasa a los cinerarios”, resume.
Un lugar para volver a visitar
Más allá de la indicación del Vaticano de 2016, hay una explicación simbólica -entre quienes se inclinan por la cremación- para elegir el cinerario como destino de los restos. Y es que esparcirlas en un cerro, en el mar o en un paisaje querido al aire libre pueden quitarle -muchas veces- a los familiares la posibilidad de regresar a "visitarlo".
La idea de permanecer "cerca" del ser querido impulsa la tendencia de los cinerarios.
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En la Candelaria, por ejemplo, el espacio funciona en el patio de la parroquia, junto a la capilla de oración. Es un espacio verde, abierto durante buena parte de la semana y donde los familiares pueden acercarse a rezar, dejar una flor o simplemente sentarse un rato.
Un espacio pastoral
La basílica Nuestra Señora de Luján de Cuyo también cuenta con su propio cinerario y también se observa un crecimiento sostenido de esta modalidad.
Para el cura Mariano Carrizo, todavía existen prejuicios que -de a poco- fueron quedando atrás dentro de la propia comunidad católica.
“Antes se entendía que quien cremaba rechazaba la resurrección de los muertos”, explica. Pero aclara que, con el tiempo, esa mirada fue cambiando de la mano de la aceptación de la cremación por parte de la Santa Sede.
El cura Gerardo Virga, párroco de la Iglesia Montserrat (Godoy Cruz), que cuenta con su propio cinerario.
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“A la gente le tranquiliza saber que los restos de sus seres queridos están en un lugar sagrado, donde se puede ir a rezar, se puede oficiar misa. La idea de que los restos siguen cerca de uno da calma”, se explaya.
Una vez al mes, en la basílica lujanina, se oficia una misa por quienes fallecieron en ese período. En promedio, son 25 las personas al mes las que son incluidas en esta celebración especial. Y, según el sacerdote, entre siete y ocho de esos fallecidos tienen sus cenizas allí.
“Es un espacio pastoral para poder acompañar a la gente”, resume.
Incluso, la parroquia ofrece una modalidad para que las personas puedan dejar establecido en vida qué quieren que ocurra con sus restos. Así las cosas, dejan realizado el trámite con anticipación y, llegado el momento, se presenta la documentación correspondiente para proceder.
Cada vez más iglesias se suman
En Carrodilla, según anuncia el sacerdote Germán Lledo, están trabajando en la construcción de su cinerario. Esperan tenerlo listo para Pascua del próximo año, frente al templo (donde se encuentra el Calvario) y detrás del santo sepulcro.
De hecho, ya tienen los primeros restos que serán depositados. Los del artista Hugo Leytes, autor de los frisos de la parroquia, y los del recordado cantante mendocino Pocho Sosa. La propia viuda del músico llevó las cenizas a la iglesia y dijo que quería dejarlas allí porque su marido había dicho que no quería moverse de Carrodilla cuando muriera.
Nuestra Señora de la Candelaria (Maipú) ofrece además el servicio del columbario, un espacio sobre los murales donde cada urna queda individualizada. Este servicio requiere una renovación cada cinco años.
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En Montserrat, en tanto, el cinerario fue inaugurado en junio de este año. El padre Virga cuenta que buscaron que el espacio no tuviera la estética tradicional asociada a la muerte.
“Le dimos un marco de piedad y belleza, que no sea algo tan tétrico, que es lo que genera la muerte. Es un espacio lindo, luminoso, de oración”, explica. Allí, el primer y tercer viernes de cada mes se realiza el depósito de las cenizas, con una misa previa y una pequeña procesión hacia el sitio para depositar los restos.
La parroquia de Nuestra Señora de la Candelaria (Maipú) ofrece además el servicio del columbario, un espacio sobre los murales donde cada urna queda individualizada.
Funciona de manera similar a un nicho tradicional, con una placa identificatoria. Y este servicio, a diferencia del cinerario, requiere una renovación (con pago de canon incluido -cerca de $200.000-) cada cinco años.