Son adictos. Lo reconocen, y lo sufren. Las redes sociales y su uso indiscriminado, sumado a la falta de regulación, han interrumpido de manera abrupta en la vida, sobre todo, de los adolescentes. “Es una relación tóxica, de amor odio”, reconocen.
Una reciente investigación de la consultora Reyes Filadoro y la agencia Enter Comunicación mostró la preocupación entre los jóvenes que se saben adictos pero no encuentran herramientas para afrontarlo.
Son adictos. Lo reconocen, y lo sufren. Las redes sociales y su uso indiscriminado, sumado a la falta de regulación, han interrumpido de manera abrupta en la vida, sobre todo, de los adolescentes. “Es una relación tóxica, de amor odio”, reconocen.
Los usuarios de redes vivimos en un mundo no solo hiperconectado, sino además idealizado. A tal punto que la metáfora del burro y la zanahoria se extrapola a la vida cotidiana camuflada en un scroll perverso e interminable.
Toda esta socialización digital afecta a la salud mental de los jóvenes que se sienten más ansiosos, más agotados y hasta con problemas de sueño. Esta situación que nos atraviesa, directa o indirectamente, a todos quedó plasmada en una investigación que realizaron la consultora de comunicación estratégica y estudios de opinión pública Reyes Filadoro y la agencia de comunicación digital especializada en el ámbito político Enter Comunicación.
El análisis revela cómo las redes modelan la subjetividad, la salud mental y la vida pública de los jóvenes. Los resultados mostraron conclusiones preocupantes.
No se discute lo esencial de las redes en estas nuevas socializaciones que achican brechas, pero sí el estudio evidencia cómo el mal, o excesivo, uso y la perversa manipulación de los gigantes tecnológicos transforma a jóvenes y redes en un “Amor Tóxico”.
El estudio abordó las percepciones y comportamientos de los jóvenes argentinos de entre 18 y 35 años a través de una metodología mixta. La investigación incluyó una encuesta online nacional con 730 casos relevados entre el 15 y el 26 de mayo, cuatro grupos focales, y un monitoreo de conversaciones en redes sociales durante todo el mes.
Casi 4 de cada 10 personas (entre 18 y 35 años) afirman, concluye el estudio, que estas plataformas afectan negativamente su bienestar emocional. Destacan síntomas como ansiedad (31%), agotamiento emocional (20%) y problemas de sueño (17%).
A pesar de estos efectos, más de la mitad de los encuestados (56%) admitió que se siente saturado por el uso excesivo y un 55% intentó, sin éxito, abandonar alguna red.
El estudio también alerta sobre el impacto diferenciado por género: las mujeres son las principales víctimas de violencia digital, con un 34% que sufrió acoso sexual, un 23% bullying y un 12% grooming.
Además, duplican a los varones en la percepción negativa sobre los efectos de las redes en su salud mental.
Instagram, Facebook y TikTok son las plataformas más elegidas por los jóvenes argentinos. Según este estudio, Instagram encabeza las preferencias (68%), seguida por Facebook (59%) y TikTok (40%), aunque esta última es la que más tiempo de atención demanda, con un promedio de 18 minutos por sesión, superando incluso a YouTube (13 min) y X/Twitter (10 min).
El uso de redes no se limita al entretenimiento: Instagram y Facebook se utilizan para informarse y distraerse, mientras que TikTok domina como canal de ocio y X se mantiene como fuente de noticias. Sin embargo, la confianza en estos medios es baja: apenas el 27% considera que son fuentes confiables de información y el 28% desconfía tanto de las redes como de los medios tradicionales.
El informe también muestra una creciente polarización y autocensura en el ámbito digital: el 57% ha dejado de seguir a alguien por diferencias ideológicas, y cada mes se realizan más de 2.000 búsquedas sobre “cancelación” o autocensura en Google.
Aunque el 60% cree que las grandes tecnológicas influyen demasiado en lo que la gente ve y piensa, sólo un 37% considera que el Estado debería intervenir para regularlas, y apenas un 40% cree que el gobierno tiene capacidad real para hacerlo.
La desconfianza no se limita a las redes: también se extiende a la política. “No siento que vaya a cambiar mucho lo que yo vote”, expresó un joven participante del estudio, reflejando el escepticismo predominante entre su generación.
El estudio de Reyes Filadoro y Enter Comunicación llegó a la conclusión de algo que se busca, y que está empezando a convertirse en legislaciones serias en muchos países: una intervención estatal pensada, estudiada y efectiva. No una prohibición brutal, sino se busco un arbitro que equipare o controle la elación desigual de poder entre los usuarios y las empresas de tecnología.