Mariana Di Pascuales, una mujer santafesina de 38 años, decidió abandonar la rutina urbana de Rosario para radicarse en el barrio El Bajo de los Hornillos, en Traslasierra. Allí levantó su propia casa autosuficiente combinando barro, madera y 12 parabrisas de autos usados como ventanales con vista a las sierras.
La decisión de dejar el cemento comenzó a gestarse a sus 22 años, cuando interrumpió sus estudios universitarios para buscar una forma de vida vinculada a la naturaleza. Tras habitar en Uruguay sin agua ni luz eléctrica y recorrer la Patagonia en motorhome junto a su hijo León, la joven eligió las montañas cordobesas para fijar su residencia definitiva y aplicar técnicas de bioconstrucción.
¿Cómo construyó su casa con barro y 12 parabrisas?
La edificación de la vivienda demandó un año y medio de trabajo autogestionado mediante el uso de barro, madera y quincha. La estructura principal destaca por estar compuesta por dos hexágonos unidos que integran los 12 parabrisas automotores adquiridos en un remate, los cuales aportan iluminación constante. Además, incorporó botellas de vidrio incrustadas en los muros a modo de tragaluces para filtrar la luz del amanecer.
El aprovechamiento del espacio interno incluyó un dormitorio suspendido para su hijo y una cama móvil que se oculta bajo el piso. Para garantizar la autosuficiencia, la propiedad se abastece de agua mediante una vertiente natural y procesa sus efluentes con un biodigestor casero de tanques en desnivel.
¿Cómo impactó la construcción en su salud mental y su nueva vida?
El proceso constructivo exigió un constante esfuerzo físico y emocional. Durante un invierno severo, Mariana frenó la obra cuatro meses y alquiló una cabaña vecina para evitar encarar el proyecto desde el agotamiento, priorizando su salud mental, lo que le permitió retomar las tareas en la primavera.
En la actualidad, se desempeña como pintora e instructora de Biodanza. Desde su refugio en Traslasierra, promueve la importancia de reducir las exigencias del futuro, soltar mandatos externos y recuperar la libertad creativa a través del contacto directo con la tierra.