Ante cada pregunta, el cantante y guitarrista de Los Gardelitos, Eli Suárez, responde con una canción. Será que la pasión por la música abarca sus pensamientos o que el último disco de la banda, “Ciudad oculta”, tiene mucho de su padre, seis temas del recordado y ya fallecido Korneta, nacido en San Martín y crecido en la búsqueda del rock con influencias del tango y el folclore.
Con una única presentación en el Auditorio Angel Bustelo llega esta noche la banda surgida en 1996 como proyecto familiar y continuado más tarde con distintas formaciones en la que Eli siempre se mantuvo presente.
Diego Rodríguez en bajo y voz y Paulo Bellagamba en batería completan la agrupación que en su álbum 2014 incorpora instrumentos poco habituales para el rock que confluirán en Mendoza sobre el escenario, como el arpa, el acordeón o la flauta traversa.
“En Buenos Aires sigue habiendo gente que se resiste al cambio y en el interior no sucede eso, es mucho más natural”, dice sobre las transformaciones que en su trayectoria ha tenido la banda. Curtidos al calor del público, con sonidos que refrescan la propuesta, Los Gardelitos dejan entrever que esta etapa es un nuevo florecer.
-El recuerdo de Korneta, tu padre, siempre está...
-Sí. “Pájaro y campana” es una canción dedicada a mi viejo, que también está presente en el hecho de seguir adelante con el grupo y en el recuerdo de la gente. La mayoría de las canciones que tocamos en vivo son temas de él.
-Tu intervención hasta entonces pasó por lo instrumental, ¿cómo viviste esta nueva etapa donde le pusiste palabras a las canciones?
-Sí, tal cual. Hay una canción que se llama “La ciudad que se oculta” en la que hago referencia a eso: “La sangre sobre la sangre que era silencio y se hizo canción”.
De alguna manera un tema instrumental por más que sea música, al no tener palabras a mí me da la sensación de no estar diciendo nada o dando pie a lo que a cada uno se le ocurra. En cambio cuando le ponés letra es mucho más concreto y definido el mensaje. Yo antes no decía nada, no escribía.
-¿Y ahora?
-El silencio mismo esconde canciones, entonces es estar atento y ver lo esencial de las cosas para traducirlas.
De pronto encontré que tenía mucho para decir porque me identifiqué con lo que tenían para decir los que estaban antes que yo y creo que, como decía Led Zeppelin, la canción es siempre la misma en el sentido de que tampoco estoy diciendo nada nuevo sino que intento describir lo que sucede a mi alrededor como yo lo siento.
Esa es la magia de la canción: cómo es posible describir una pasión muy personal y propia y que el otro se pueda identificar y hacerla suya. Eso es lo más alto que puede ocurrir con un autor, decía Atahualpa Yupanqui, llegar al punto de ser anónimo.
-¿Cuál es la esencia de la banda a pesar de las distintas formaciones que ha tenido a lo largo del tiempo?
-Yo creo que permanece la propuesta desde las letras, la música, la estética, el concepto y como solemos decir, que nadie está por arriba del sombrerito.
Este disco va mucho a la raíz de nuestra historia para seguir adelante y encarar lo que se viene sin perder de vista lo que somos, algo que está muy vigente en el público. Tampoco se ha desvirtuado ese ambiente familiero que estaba arriba del escenario en nuestros inicios y que ahora se vive en generaciones distintas que comparten un recital de rock.
-¿Por qué han decidido manejarse de forma independiente -sólo uno de los discos fue editado por Sony-?
-Nosotros vivimos una experiencia no muy grata con Sony; tuvimos más dificultades con la multinacional que siendo independientes, pero eso no significa que sea “la verdad”.
En “Viejo y querido rock&roll” contamos cómo la compañía te termina cajoneando o te obliga a decirle a todo que sí. Por otro lado tenemos bandas amigas que están en compañías y está todo bien. Es nuestra experiencia y si bien es bastante esfuerzo hacerse cargo de todo, también creo que el rock hoy por hoy necesita tomar conciencia más allá de lo artístico.
Cuando pasa a ser un producto la música que hacés, para nosotros es una especie de sacrilegio; el escenario es nuestro templo, el lugar donde depositamos nuestra fe.
Cuando la música empieza a ser manipulada por otros intereses nos damos cuenta de que hay que retomar a la esencia, que no es más que llegar al otro y conmover. No hay que manejar a la gente como si fueran marionetas, vos tenés que ser marioneta de la música y eso algo genuino y puro que fluye a través tuyo.
La ficha
Los Gardelitos
Hoy, a las 19.
Auditorio Angel Bustelo, Virgen del Carmen de Cuyo 610.
Anticipadas y CD "Ciudad Oculta": $180. En Moikano, N8 Estudio y Crazy (San Martín).