Siguen los problemas sanitarios

El técnico del INTA La Consulta, Pablo Bauzá, reveló que “hemos vuelto a tener problemas con hongos de suelo y nematodos”. La situación no puede resolverse porque “los productores más chicos no pueden hacer las rotaciones necesarias, porque arriendan terrenos a porcentaje y eso hace que un problema socio-económico termine afectando lo productivo”.

Según Bauzá, eso se refleja, como ocurrió este año en algunas explotaciones en que, una vez pasada la cosecha, los cultivos empiezan a secarse, total o parcialmente.

Roberto Aldecua, presidente de la Cooperativa Aromáticas Sancarlinas, manifestó su preocupación en ese mismo sentido, y recordó que el problema sanitario los obligó a cambiar de variedad. Esto se ha reflejado en otro aspecto productivo, como es la limitación para hacer un segundo corte de orégano en la temporada.

Explicó en ese sentido que “antes, con el orégano criollo que le llamaban al Mendocino era posible pero ahora trabajamos con el Compacto y el Cordobés, que no dan para un segundo corte”.

Decidieron cambiar porque estas cultivares son más resistentes a las plagas, y “el criollo ya no se daba bien porque las tierras están muy cansadas y muy infectadas, y se nos secaba mucho”. Se lamenta porque era el mejor orégano.

De todos modos, ya habría algunas explotaciones en Pareditas donde tampoco se está dando el Compacto, por el mismo inconveniente sanitario.

El problema es que la mayoría son propiedades chicas, y “es tanta la rotación que se ha hecho en las 2 ó 3 hectáreas que tienen, en promedio, la mayoría de las fincas, que ya no queda tierra sana; tendríamos que dejar de plantar orégano unos años y poner una alfalfa, o algo así”, reflexionó Aldecua.

La mayoría de los productores de orégano de Mendoza que se concentran de manera casi excluyente en el departamento de San Carlos, trabaja pequeñas extensiones. El propio Aldecua comentó que “hay muy pocos productores de alrededor de 10 hectáreas, y alguno que podría llegar a multiplicar por 10 esa superficie, en distintas fincas donde trabajan familias de productores.

En esos casos, el propietario cede el uso de la tierra, se queda con el 70 de lo producido, y el chacarero dispone del 30% restante aunque termina vendiéndole al dueño de la tierra, al precio que él le pone. Dice que supo de casos en que "pagó 15 pesos el kilo por un orégano que estaba apenas manchado, otro a 19 y otro a 20 pesos el kilo de producto trillado”.

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