La presidenta brasileña Dilma Rousseff advirtió ayer que su gobierno no va a tolerar manifestaciones violentas que pongan en riesgo a los cientos de miles de asistentes que concurrirán a la Copa del Mundo de fútbol que se iniciará dentro de siete días en San Pablo.
"No voy a admitir que haya ningún tipo de desmanes con la intención de impedir que la gente tenga acceso a la Copa. No es democrático destruir la propiedad privada y pública, y mucho menos que las manifestaciones tengan costos humanos", sentenció.
La mandataria formuló declaraciones durante una entrevista transmitida ayer por la cadena Bandeirantes, en la que minimizó el descontento de la población con el Mundial, que ascendió al 42%, según una encuesta de la consultora Ibope publicada ayer. Afirmó que las protestas son "el costo de la democracia" y la consecuencia de tener movimientos sociales "activos" que se manifiestan libremente.
Además manifestó su convicción de que durante el certamen deportivo la gran mayoría de los brasileños "saldrá a la calle a festejar y no a protestar". Rousseff también concedió un reportaje al diario The New York Times y conversó informalmente con periodistas durante un encuentro realizado anteanoche en Brasilia.
"Vamos a garantizar completamente la seguridad de las personas" durante el Mundial, cuando las 12 ciudades sede reciban a 3,6 millones de turistas, entre ellos 600 mil extranjeros, aseguró.
Huelga indefinida Anoche, los trabajadores del metro de la ciudad de San Pablo, que acoge el partido inaugural del Mundial-2014 en una semana, iniciarán una huelga indefinida a partir de las 0 (igual hora de la Argentina), informó un vocero del sindicato.
La paralización, que afectará a unos 4,5 millones de usuarios, se decidió después de las fracasadas negociaciones por un aumento salarial de 16,5%.