7 de febrero de 2015 - 00:00

Riesgos sanitarios de no cosechar la uva

Ante la situación económica que afecta la vitivinicultura, los precios y el destino del vino, los productores se encuentran ante una delicada situación financiera. Por eso más de uno analiza la posibilidad de no cosechar y dejar sus cultivos en planta. Si bien la decisión es personal, es conveniente poner a consideración los perjuicios que puede ocasionar esta medida en relación a la sanidad del viñedo, para el futuro de su cultivo.

Se debe tener en cuenta que la cosecha, además del bien económico que representa su venta, es una eliminación de inóculo de enfermedades y plagas presentes en este momento en los frutos. Tales frutos, si se mantienen en el viñedo, permiten a los agentes dañinos continuar sus ciclos mientras haya situaciones climáticas predisponentes durante el resto del verano, otoño e inclusive el invierno.

Por lo tanto, no cosechar la uva implica afectar la sanidad del viñedo a futuro, especialmente cuando no se han realizado las aplicaciones preventivas contra plagas y enfermedades que atacan el racimo de la vid. Esto se debe a que los racimos enfermos y deshidratados (momificados) que quedan en la planta constituyen una potencial fuente de enfermedades (inóculo) para la próxima temporada de producción.

Si se dan las condiciones predisponentes, las podredumbres de los racimos constituyen el principal problema en este momento fenológico. El complejo de microorganismos asociados, sobreviven en invierno sobre la planta de vid.

Algunos de estos patógenos, como Botrytis cinerea, forman cuerpos de resistencia llamados esclerocios en los sarmientos agostados, en racimos momificados y restos vegetales en el suelo. En primavera, esos esclerocios pueden producir el inicio de la infección en la nueva temporada.

En referencia a las principales plagas de insectos que atacan los racimos, tales como cochinilla harinosa y lobesia, las mismas continúan desarrollándose sobre los frutos, con el consecuente aumento de las poblaciones en cada nuevo ciclo de la plaga.

Esto genera un mayor número de individuos que pasan el invierno en el viñedo y que afectarán la planta en la próxima temporada. Esta situación ocasionará además mayores costos, por una necesaria erogación en aplicaciones fitosanitarias.

En el caso de Lobesia botrana, polilla de la vid, la misma inverna como crisálida o pupa bajo la corteza, pero también lo hace en los racimos durante la primavera y el verano.

Cuando los frutos no son eliminados de la planta, continúa el ciclo en los granos y se incrementa la población en el viñedo, en especial en situaciones de inviernos benignos.

Cabe aclarar también el rol de esta plaga como propagadora de las podredumbres de los racimos, lo cual hace que se incrementen sus daños. La cochinilla harinosa de la vid, también afecta los racimos y se mantiene sobre los mismos en la temporada invernal.

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