Fue durante más de 30 años gerente general en Escorihuela Gascón. En la actualidad, es consultor vitivinícola y mantiene relaciones con los principales grupos referentes de la vitivinicultura nacional.
Fue durante más de 30 años gerente general en Escorihuela Gascón. En la actualidad, es consultor vitivinícola y mantiene relaciones con los principales grupos referentes de la vitivinicultura nacional.
Ricardo González Villanueva estima que es necesario analizar muy bien las medidas para mejorar la situación crítica de la vitivinicultura. Considera que este año el mercado de uvas será reducido pero cree que hay empresas que saldrán a comprar.
- ¿Por qué la vitivinicultura está en crisis?
- Los que están en esta actividad saben que hay años buenos y años malos que vienen con las crisis. Lo que pasa es que muchos caen en el error de repetir medidas que ya han sido probadas y desechadas en el pasado.
- ¿A qué medidas se refiere?
- Medidas que ya se han implementado en otras épocas, como bloqueo de vinos o de uvas con diferentes destinos. Un ejemplo de ello son las medidas planteadas en diciembre que pretendían no destinar al mercado interno el 40% de las uvas.
Este porcentaje iba a quedar liberado en la medida en que las empresas tuvieran otros destinos como exportaciones o usos no vínicos. Todas esas medidas para mí, no han dado resultado, porque lo único que generan es una ilusión, porque el vino existe.
- ¿A qué atribuye esta crisis?
- El problema hoy es coyuntural. Se pararon las exportaciones que sacaban los excedentes, por falta de competitividad. Con el dólar atractivo de 2003 se invirtió mucho y llegaron inversores importantes.
Pero la verdad es que el cambio en la industria se produjo antes, en la década de los 90 cuando se podía tomar financiamiento por parte de las empresas que producían la maquinaria vitivinícola en las regiones más importantes del mundo, que llegaban a tasas de interés muy convenientes y con grandes plazos de pago.
Eso hizo que entrara muy buena tecnología enológica a Mendoza. Esto generó volumen de calidad exportable, con una consecuente expansión en el mercado externo.
Después de la salida de la convertibilidad, el dólar quedó muy competitivo. Eso hizo crecer las exportaciones de vino a “tasas chinas”. Esto duró hasta 2010. Ese año el dólar no acompañó ni siquiera a la inflación.
Se devaluó menos que la inflación, lo que generó para la industria vitivinícola una falta de competitividad absoluta, con lo cual, empezaron a estancarse las exportaciones y luego a bajar. Primero lo hicieron en los segmentos de precios más bajos y ahora siguen en otros.
- ¿Se trata sólo de un problema de competitividad?
- Si tuviéramos un dólar competitivo, no nos alcanzaría la uva disponible para abastecer el mercado.
Creo que al dólar habría que dejarlo flotar. El dólar a $ 8,60 está anclado allí para frenar la inflación. No puedo decir cuánto tiene que valer el dólar pero sé que tampoco vale $ 14.
- ¿Sólo una cosecha mayor a la esperada desató la crisis?
- No. Este problema ya se venía vislumbrando. Por un lado, porque se pararon las exportaciones; por otro, porque veníamos acumulando stocks de las buenas cosechas anteriores. Además se frenó la demanda, por lo tanto, tenemos tanto razones estructurales como coyunturales.
Los que exportábamos dejamos de hacerlo, cayó el precio internacional del mosto, con lo cual bajó el precio de la uva con este fin. El año pasado hubo un pronóstico de uva errado, pero la verdad es que si hubiéramos tenido un precio internacional bueno para el mosto, no tendríamos parte de este problema.
La cantidad de uva que la gente destina a mosto no depende tanto del cupo que se fije con el acuerdo Mendoza - San Juan, sino del precio que el productor cree que le van a pagar tanto por el mosto como por el vino.
-¿Cuáles son los problemas estructurales?
-A raíz de los buenos precios internacionales que ha tenido el mosto, todo se ha ido disimulando un poco, pero el problema estructural que tenemos es que no hay precio para la uva porque no hay demanda de esa uva.
Por lo tanto, siempre va a sobrar. Habría que terminar con el acuerdo Mendoza - San Juan y si tienen precio para hacer mosto, que lo hagan. También hay que ayudar a la gente del mosto, porque es un buen elemento de diversificación.
- ¿Cómo se pueden mejorar las condiciones del sector mostero?
- Se lo ayuda con un dólar más alto que le dé competitividad. También se puede hacer devolviendo en tiempo y forma: reintegros e IVA, bajando las retenciones.
- ¿Son las grandes fraccionadoras las que tienen el vino?
- Las bodegas fraccionadoras de alto volumen, es decir las que hacen tetra brik, a esta altura del año, todas están trabajando con stock técnico.
Cuando se pasa el peligro de helada, alrededor del 15 de noviembre, por lo general lo que se hace es mantener un stock técnico y manejarse con la compra diaria, porque tener stock significa incurrir en un costo financiero que nadie quiere pagar, porque hay que inmovilizar capital de trabajo. Por eso por lo general las grandes empresas lo que hacen es manejarse con un mínimo; el resto lo tienen los trasladistas, o los terceros.
- ¿Cómo se mejora la situación?
- Mejorando la competitividad. Para tener un ejemplo: el costo del flete terrestre es casi el doble o más caro que el flete internacional. Los costos de despachos en Aduana son ilógicos.
No tenemos convenios comerciales con ningún país comprador de vinos mientras que los chilenos tienen convenios con todo el mundo. Nosotros estamos dentro del Mercosur; hay que ocuparse para que el Mercosur genere tratados de libre comercio con otros países.
- ¿Con qué expectativas se puede acercar el productor a la bodega?
- Es probable que las bodegas exportadoras vayan a comprar algo de uva, pero la verdad es que el productor hoy no puede ir con alguna expectativa a la bodega. Y si las exportadoras ven que hay un cambio en la competitividad van a comprar más uva. Lo que puede pasar es que no aumenten el precio o que lo hagan muy poco y debajo de la inflación. Ése es otro tema de discusión permanente.