Palestinos y fuerzas israelíes se enfrentaron ayer en Jerusalén Este y Cisjordania, tras la muerte de dos jóvenes palestinos en los incidentes posteriores al deceso de un bebé, quemado vivo por extremistas judíos.
Palestinos y fuerzas israelíes se enfrentaron ayer en Jerusalén Este y Cisjordania, tras la muerte de dos jóvenes palestinos en los incidentes posteriores al deceso de un bebé, quemado vivo por extremistas judíos.
Ayer a la mañana, el ejército decretó zona militar la localidad de Kusra, al norte de Cisjordania, sacudida por violentos enfrentamientos entre palestinos y colonos judíos.
La muerte del bebé, el viernes a la madrugada, en el ataque de extremistas judíos contra la casa de la familia Dawabcheh, en el norte de Cisjordania, provocó una ola de manifestaciones reprimidas por las fuerzas israelíes.
El pequeño Alí, de 18 meses, murió quemado, y sus padres y su hermano de cuatro años se debaten entre la vida y la muerte después de que unos hombres encapuchados lanzaran en el interior de la casa varias bombas molotov.
El padre, Saad Dawabcheh, tiene quemaduras de tercer grado en el 90% de su cuerpo y se encuentra en estado crítico en el hospital de Beer Sheva, en el sur de Israel.
En cuanto a su esposa y su otro hijo se encuentran “en un estado muy grave y sus vidas corren peligro”, según el hospital Tel Hashomer de Tel Aviv.
Terroristas judíos
El ataque, cometido por “terroristas judíos”, según la expresión inusualmente dura empleada por el gobierno israelí, es el último de una larga serie de represalias emprendidas por la extrema derecha israelí y los colonos.
Tras cada medida considerada un agravio por la extrema derecha israelí, los extremistas se vengan con los palestinos, los árabes israelíes, los lugares de culto cristianos y musulmanes, e incluso con el Ejército israelí.
El miércoles, Israel destruyó dos casas en construcción en la colonia de Betel, cerca de Ramala, y anunció que construiría “inmediatamente” 300 más.
Dos días después, la casa de los Dawabcheh fue atacada por unos agresores que pintaron en las paredes una estrella de David y las frases “venganza” y “el precio a pagar”, lemas empleados habitualmente por los extremistas judíos.
La mayoría de estos ataques han quedado impunes, razón por la cual siguen produciéndose, arguyen, unánimes, activistas de los derechos humanos, palestinos y la comunidad internacional.
Pero el viernes, ante la consternación provocada por las imágenes del pequeño cuerpo envuelto en una bandera palestina, los dirigentes israelíes, con el primer ministro Benjamin Netanyahu a la cabeza, denunciaron un “acto de terrorismo”.
Netanyahu, así como el presidente Reuven Rivlin visitaron, en un acto excepcional, a Riham y Ahmed Dawabcheh, madre y hermano del bebé muerto.
El primer ministro israelí llamó incluso al presidente palestino Mahmud Abas para asegurarle que se haría justicia.
“Dudo que Israel obre una verdadera justicia”, respondió escéptico Abas, añadiendo que incluiría este nuevo “crimen de guerra” de Israel en el dossier que debía entregar ayer a la Corte Penal Internacional (CPI).
Consternación en Israel
El viernes, día tradicional de movilización, las manifestaciones se convirtieron en cortejos fúnebres en homenaje al bebé convertido para los palestinos en un nuevo símbolo de la violencia de los colonos, responsables, según la Autoridad Palestina, de 11.000 ataques en los últimos 10 años.
Los desfiles enseguida desembocaron en enfrentamientos con las fuerzas israelíes.
Laith Jaldi, un adolescente palestino de 16 años, herido de bala por el ejército en el campo de refugiados de Jalazun, cerca de Ramala, murió durante la noche.
Cientos de palestinos acompañaron ayer su féretro hasta el cementerio.
Su madre acusó a los soldados de haber matado “a sangre fía” a su hijo, “que todavía era un niño”.
Otro adolescente fue abatido el viernes, esta vez en Gaza, por militares israelíes arguyendo que se había acercado demasiado al muro que separa Israel del enclave palestino.
En la noche del viernes y la mañana de ayer se produjeron nuevos enfrentamientos en Jerusalén este y en una aldea del norte de Cisjordania, según la prensa local.
Si los israelíes se han sentido particularmente consternados por este episodio de violencia protagonizado por la extrema derecha israelí, es porque un día antes, un judío ultraortodoxo apuñaló a seis personas en el desfile del Orgullo Gay en Jerusalén, repitiendo una agresión de 2005 por la que acababa de pasar diez años en prisión.
Ayer por la noche estaba prevista una concentración en Tel Aviv. “Debemos decir alto y claro que la incitación al odio de la extrema derecha mata”, aseguraron los organizadores en su página de Facebook.
Bombardeos turcos diezman a la guerrilla kurda
Unos 260 combatientes de la guerrilla kurda del Partido de los Trabajadores del Kurdistán (PKK) murieron y cientos resultaron heridos en una semana de bombardeos aéreos de la aviación turca contra las bases rebeldes, afirmó ayer la agencia gubernamental turca Anatolia.
La agencia aseguró que el hermano del líder del partido prokurdo de Turquía Selahattin Demirtas se encontraba entre los heridos. Nurettin Demirtas se enroló en las filas de la guerrilla kurda con cuartel general en las montañas del norte de Irak, un hecho que refuerza a Ankara en su tesis de un “pacto” entre el PKK y el partido prokurdo HDP.
Demirtas asegura que no tiene noticias de su hermano desde hace años e insiste en que el HDP “no es el brazo político del PKK”, como denuncia el presidente Recep Tayyip Erdogan.
Ankara lanzó el 24 de julio una "guerra contra el terrorismo" dirigida al tiempo contra el PKK y los combatientes del grupo yihadista Estado Islámico (EI) en Siria. Pero las decenas de bombardeos aéreos que han seguido a esa declaración se han concentrado en la guerrilla kurda, y sólo tres han tenido por objetivo el EI.
Lluvia de bombas
Según Anatolia, 28 F-16 turcos atacaron el viernes 65 objetivos del PKK; un día antes, 80 aviones habían golpeado un centenar de objetivos de los rebeldes kurdos, según la agencia gubernamental.
"Hasta ahora, 260 terroristas" han muerto y "otros 380 están heridos", indicó Anatolia, asegurando que los bombardeos continuarían.
Por su parte, el PKK sigue multiplicando los ataques contra las fuerzas del orden turcas, de las que al menos 13 miembros han muerto desde el resurgimiento de la violencia entre Ankara y los rebeldes kurdos, según fuentes oficiales turcas. Ayer, nuevos enfrentamientos fueron registrados entre ambos bandos, según Anatolia.