Proteger los bosques y restaurar las tierras degradadas por la agricultura intensiva o la deforestación masiva, son dos aspectos importantes para luchar contra el calentamiento global, según un informe presentado ayer al margen de la COP21. Estas acciones permitirían reducir las emisiones de gases de efecto invernadero para 2030 en entre 3,6 y 9 gigatoneladas equivalentes de CO2, según los cálculos de New Climate Economy (NCE).
Las actuales emisiones mundiales son de unas 52 gigatoneladas y deben reducirse hasta las 42 gigatoneladas en 2030, según Naciones Unidas.
“Para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero y para adaptarse al cambio climático, son vitales mejores prácticas sobre el uso de tierras”, declaró Ngozi Okonjo-Iweala, ex ministra de Finanzas de Nigeria y miembro de la Comisión Global para la Economía y el Clima.
Esta evaluación integra varios objetivos expuestos en diferentes iniciativas internacionales. Entre ellos figura llevar a cero la pérdida de superficie forestal en 2030, restaurar 350 millones de hectáreas de bosques y 150 millones de hectáreas de tierras agrícolas degradadas ese mismo año. También apuesta por la mejora de la productividad agrícola.
Las tierras degradadas engloban desde las turberas secas en el sureste de Asia, hasta las colinas erosionadas en África, pasando por los suelos arrasados por las lluvias en América del Sur. Estas tierras ya no son fértiles ni retienen más agua, lo que aumenta la deforestación de bosques para implantar nuevos cultivos.
Actualmente, falta dinero para alcanzar los objetivos fijados. El informe estima que se necesitan 250.000 millones anuales y el financiamiento actual es de unos 25.000 millones.
En la conferencia del clima de París, Alemania, Noruega y Gran Bretaña anunciaron 1.000 millones de dólares anuales adicionales hasta 2020 para proyectos de lucha contra la deforestación.