17 de mayo de 2016 - 00:00

Pronóstico de fuertes turbulencias

Michel Temer dice que su gobierno es legítimo. Pero el presidente interino de Brasil arranca su mandato en medio de fuertes críticas a su gabinete conservador integrado solo por hombres blancos y con protestas y cacerolazos.

“La reacción popular al golpe continúa y las manifestaciones de protesta y denuncia deben continuar”, escribió ayer en las redes sociales Rui Falcao, el presidente del izquierdista Partido de los Trabajadores de Rousseff y Lula, que gobernó Brasil durante más de 13 años, hasta hace cuatro días.

Las tormentas se avecinan tanto en el frente interno como externo para este gobierno de perfil conservador y liberal en la economía: a los manifestantes que acusan a Temer de golpista y traidor se suma el rechazo de varios países de la región como Venezuela, Cuba y El Salvador, que no lo reconocen como presidente.

Temer, exvice de Dilma Rousseff devenido enemigo, asumió el poder el jueves pasado, luego que la primera mujer presidenta de Brasil fuera apartada del cargo por un máximo de seis meses para enfrentar un juicio político en el Senado, acusada de manipular las cuentas públicas.

Ya el domingo decenas de miles de personas marcharon contra el gobierno en Sao Paulo y Belo Horizonte, acusándolo de “ilegítimo”, “fraudulento”, “machista” y “sin representatividad”.

Ayer, varios cientos de manifestantes marcharon ante la sede del ministerio de Cultura en Rio de Janeiro al grito de “¡Fuera Temer!”, criticando la eliminación de esta cartera y su fusión con Educación.

“Tengo una legitimidad constitucional”, se defendió Temer el domingo de noche en una entrevista con la televisión Globo, durante la cual sonaron cacerolazos en Sao Paulo y Rio.

Y a quienes le dicen que llegó al poder sin votos, respondió: “Fui electo conjuntamente con la señora presidenta, los votos que ella recibió yo también los recibí”.

Temer, un abogado constitucionalista de 75 años del partido de centro derecha PMDB, sólo completará el mandato hasta las próximas elecciones de 2018 si Rousseff es finalmente destituida por el Senado. Discreto pero gran conocedor de los corredores de la política brasileña, Temer es incluso más impopular que Rousseff, que abandonó el poder con una aprobación prácticamente de un dígito.

El avión del gobierno interino enfrentó turbulencias desde sus primeras horas de vida con el nombramiento de un gabinete sin mujeres ni negros, dos grupos que representan cada uno más de la mitad de la población del país.

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