Productores dejan la uva en las cepas

Aseguran que con los bajos precios pagados es inviable la vendimia ya que no se cubren los costos. No llegan los subsidios prometidos.

Con promesas sin cumplir, sin plata para levantar la cosecha y con un precio prácticamente planchado para las uvas mezclas y varietales, los productores de uva se sumen en una lenta agonía.

Es que la arquitectura de los caminos del vino y la reputación internacional que los vinos de este país han logrado conseguir, contrastan con la realidad del primer eslabón de la cadena, los productores, los cuales cada día tienen menos rentabilidad. La vendimia 2015 se ha ralentizado y así mientras varios viñateros analizan si es conveniente levantar los frutos de la temporada, otros ya decidieron dejar la uva en la cepa.

Este año según datos del Instituto Nacional de Vitivinicultura,  sólo el 70% de las bodegas habilitadas para trabajar puso en marcha sus establecimientos. Es que la ecuación no cierra para la industria y la situación se agrava cada día más.

Y aun cuando se muestra como una buena señal que durante el primer bimestre de 2015 ascendieron el 3,47% los despachos al consumo interno, tras la cosmética de los números se oculta la otra cara, la de los productores que abandonan sus viñedos, o que al menos este año han decidido no vendimiar.

La falta de rentabilidad, los bajos precios y el sobrestock vínico,  sólo por nombrar algunas de las causas que desembocaron en esta crisis, se traducen en nombres, apellidos, familias y puestos de trabajo que se terminan destruyendo y que sin dinero disponible ni espalda financiera, consideran que la mejor opción es no cosechar.

Roberto Benincasa, un productor de cinco hectáreas en Santa Rosa que trabaja su propio viñedo, asegura que este año sólo levantará 20% de su producción.

“La situación es tan compleja que sólo voy a levantar la bonarda que necesito para hacer mis vinos caseros. Y con eso me las arreglaré para vivir. Lamentablemente no tengo otra solución”, cuenta Benincasa, quien de su cosecha potencial, que estima en 500 quintales para este año, sólo levantará 100 quintales, que él mismo elaborará.

“Estoy inscripto desde hace siete años como productor de vinos caseros, y con eso a veces puedo vivir.  La mayor parte de la cosecha va a quedar ahí, en la viña, y de a poco la iré tirando, no la puedo levantar porque no tengo el dinero.

Lo que más bronca me da es que hicimos la reconversión que nos pidieron; mi viñedo es en espaldero y casi me meto con el riego por goteo, menos mal que no lo hice”, se lamenta Benincasa. “Tengo vino del año pasado en una bodega que no pude vender y con eso tendré que vivir”, agrega.

Con los números en rojo desde hace al menos un año, los productores sacan sus propias cuentas, que a la luz de los hechos, no cierran por ningún lado.

“Las bodegas están pagando en cuotas entre $ 65 y $ 70 pesos el quintal de criolla. Sólo de cosecha y acarreo tenemos $ 50 por quintal a eso hay que sumarle el impuesto al tacho (corresponsabilidad gremial) y la verdad es que con $ 15 por quintal no se mantiene ni se vive de una hectárea de viñedo”, calcula rápidamente Pedro Marcuende, otro productor también ubicado en la zona de Santa Rosa, el cual una parte de su cosecha no podrá levantar.

“Nosotros estimábamos una vendimia de unos 1.800 quintales, pero entre la afectación por botrytis, la falta de cosechadores y el bajo precio, no conviene cosechar. Si por milagro llegamos a levantar 1.000 quintales, me tendré que conformar”, agregó.

El productor, que tiene 9 hectáreas, graficó “vamos a quedar patas para arriba este año”.

Para Daniel Boueri, otro productor de la zona Este, la situación es aún más caótica: “No puedo cosechar, no es porque no quiera, es porque no tengo el dinero. El subsidio que anunció el Gobierno para pequeños productores no salió, el crédito del FTyC no lo puedo tomar porque debo el del año pasado.

Es una cadena de problemas que me ha llevado a esta situación. Con 55 años estoy buscando trabajo para ver cómo sobrevivo este año". 
Boueri tiene dos hectáreas de malbec, dos de bonarda, 5,5 hectáreas de Pedro Giménez y moscatel de Alejandría. "Somos mi señora y yo, vivimos en la finca, no tenemos vacaciones, no tenemos salidas, toda nuestra vida está cimentada alrededor del viñedo".

Diego Jofré, un productor joven de la zona de Los Árboles, en Rivadavia asegura que de las 8 hectáreas con uvas varietales y criollas que tiene en producción no va a levantar prácticamente ninguna.

“La situación es grave y este año no voy a cosechar. No tengo con qué hacerlo. El año pasado para cosechar saque un crédito para cosecha y acarreo en el FTyC, no pude vender  mi vino hasta noviembre, por lo tanto, cuando lo hice tuve que pagar las deudas que había contraído para mantener activo el viñedo y el precio fue tan bajo que no llegué a pagar el crédito. Entonces, como no aceptan deudores en el FTyC, este año no tengo con qué pagar la cosecha”.

Durante toda la temporada se han registrado menores prácticas culturales, como la poda, para lo cual se otorgó un subsidio por parte del Gobierno provincial. A esto hoy se suma la decisión de algunos productores de no levantar su cosecha, una situación prácticamente inédita en los últimos 20 años de vitivinicultura.

En la línea de fuego
El problema común que se registra en varias zonas es la falta de dinero para levantar la cosecha. Si bien los productores están dispuestos a llevar sus uvas a los lagares, la falta de financiación acentúa los problemas y los pone al límite.

Desde el Valle de Uco, Mario Leiva, presidente de la Sociedad Rural, estima que “todavía no estoy en conocimiento de productores que vayan a dejar sin cosechar sus uvas, pero sí estamos muy preocupados porque muchos de ellos no tienen el dinero para levantar la cosecha. Hay gente muy complicada y los subsidios prometidos no llegan”.

Por su parte, Daniel Rodríguez, de la Asociación de Viñateros de Mendoza, aseguró que “hay productores que tienen problemas para conseguir el dinero para cosecha y acarreo, y hoy están evaluando qué hacer con sus uvas. Por ahora, no están cosechando”.

En tanto, Francisco Araujo, que es director de la Cámara de Comercio de San Rafael, afirmó que “el precio de cosecha más acarreo en esta zona va a de $ 0,60 a $ 0,90 por kilo de uva; es un costo variable y sólo encuentro como explicación posible la no cosecha, la falta de dinero para afrontarla, algo que tal como están las cosas no me sorprendería.

Ahora, mi preocupación de fondo radica en que los viñedos se desmejoran y en el peor de los casos se abandonan. Esto no tiene vuelta atrás. Por eso, es importante salir al rescate y ayudar para que no se mueran las plantas. De otro modo, cuando se revierta la posición del dólar tendremos mercados para trabajar pero no tendremos producto en condiciones ni cantidad”.

Gabriela Lizana, de Aproem, aseguró que tras los pedidos hoy el stock vínico es el mismo que el del año pasado, “la uva no vale nada, no se ha concretado nada de lo anunciado hasta ahora.

El productor no tiene dinero para levantar la cosecha y el que piensa bien en los abusos a los que será sometido cuando coseche, esto es: créditos con tasas altísimas, formas de pago irrisorias, precios totalmente viles, es muy inteligente cuando decide no cosechar”.

Agregó: “A mí no me sorprende nada de lo que está pasando ni de lo que seguirá pasando mientras las políticas vitivinícolas se decidan a fuerza de tractorazos y en mesas gremiales nada más”.

Dudas sobre el financiamiento de la provincia
En febrero el gobernador Francisco Pérez anunció un  aporte no reembolsable de $ 4 mil por hectárea para productores pequeños con destino a cosecha y acarreo; sin embargo, los desembolsos de dinero vienen lentos.

“Se viene pagando el subsidio anunciado por la Provincia. Ya hemos entregado más de 500. Pero empezamos desde los más chicos y hay un orden; estamos analizando todos los casos”, estimó el director de Vitivinicultura, Daniel Gallardo.

Con dinero de la Nación, la Provincia lanzó una convocatoria para compra de uva para mosto, en la que el gobierno aporta una compensación de 75 centavos por kilo de uva a productores que lleven su producción a establecimientos inscriptos que paguen como mínimo 85 centavos, lo que genera un precio sostén por kilo de uva de $ 1,60.

No obstante, por problemas políticos, la operatoria, en vez de ser manejada por la Provincia, se hace en el ámbito de los centros de desarrollo Vitícola que están instalados en las sedes de INTA y los desembolsos están demorados.

Los productores dudan sobre los desembolsos que la Nación comprometió para la industria. Es que ese dinero parece haber quedado atrampado en las disputas Provincia-Nación por el armado de la listas locales.

“Si no les pagan a los estatales, de dónde van a sacar dinero para pagarnos a nosotros”, señalaron varios productores.

En este sentido, Gallardo admitió que hay requerimientos adicionales y la mecánica para su aprobación es distinta a la operada por la Provincia. “El programa viene trabajando sin inconvenientes y el dinero para que sean viables está depositado”.

Agregó: “Nos han llegado comentarios de productores que están dejando su cosecha o parte de ella en los viñedos, pero es una situación multicausal relacionada no solamente con los precios bajos, sino también porque la uva ha sido afectada por botrytis; de todas formas, no tenemos ningún informe técnico que corrobore la situación”.

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