Preocupan la sanidad y la variabilidad del clima

Los problemas sanitarios que recrudecieron este año, sumados a la variabilidad del clima que viene manifestándose desde hace algunas temporadas, son motivo de preocupación entre los productores lavallinos de melones.

Pascual Arce reveló, en ese sentido, que “la Cooperativa ya está analizando cómo vamos a enfrentar esta situación”.

Sobre el tema sanitario, subrayó que “estamos trabajando con los genetistas de la semillera”, aunque aclaró que “esto no implica que el problema sea atribuible a la semilla que usamos”.

La Cooperativa Lacofrut maneja como máximo el 15% de la totalidad de la siembra de melones de Mendoza, lo que implica unas 150 hectáreas sobre alrededor de 1.000 que se deben estar cultivando cada temporada en la provincia.

Pero tiene presencia permanente en los mercados a lo largo de toda la temporada, por lo que la experiencia de sus asociados -que cultivan desde las variedades más tempranas hasta las más tardías, pasando por las ciclo medio, en un esquema de producción planificada- constituye una referencia que puede considerarse representativa de cada temporada.

Por eso vale atender la advertencia de Arce cuando, al referirse a la cuestión sanitaria, aseguró que “es un problema gravísimo”. Señaló que “uno de los virus podría ser Fusarium, y podría haber algún otro, eso lo están estudiando los investigadores, que tratan de determinar, también, si se transmite sólo a través de pulgones o hay otro vector.

Arce recordó que “el Fusarium siempre existió, y aunque las empresas proveedoras de material genético desarrollaron en su momento semillas resistentes, este año el virus se ha manifestado a gran escala, aun en la variedad que representa entre el 70% y el 80% de la producción de melón a nivel nacional”.  Remarcó que “no hubo una siembra que no haya tenido ese problema”.

Aseguró que “nos visitaron genetistas de la empresa proveedora, visitamos fincas, y como había otras variedades con el mismo problema, aunque en menor escala, nos dijeron que no era un problema genético, que el problema estaba en el campo”. Tomaron muestras, sobre todo de frutos “para determinar si hay otro virus además de Fusarium, y qué insecto lo está transmitiendo”.

Tres factores
Gustavo Ramírez, responsable técnico de la firma Agro Global, coincidió en que "fue un problema muy grave esta temporada" y dijo que no recuerda otro año "con tantos problemas de producción, y tan generalizados" en este cultivo. Porque señaló que, "si bien el problema afectó a todas las cucurbitáceas en general, en el melón se sintió en mayor medida".

Entiende que han sido tres los factores más críticos que confluyeron: la variación de temperaturas, la escasez de agua y un inusual ataque de virus, transmitidos por la mosca blanca.

En cuanto al primero de ellos, la reiterada alternancia de días con temperaturas altas y otros con marcas térmicas bajas, provocó alteraciones fisiológicas en las plantas, al punto que comenzaron a fructificar cuando aún no habían logrado un desarrollo vegetativo acorde a los requerimientos de ese estado fenológico, lo que impidió el desarrollo normal de los frutos.

Por otra parte, la crisis hídrica tuvo un doble efecto. Por un lado, impidió hacer un adecuado lavado de suelos previo a instalar los cultivos, por lo que las plantas se encontraron con altos índices de salinidad.

Por otra parte, esa carencia las sometió a un estrés hídrico que impidió un adecuado desarrollo durante todo el ciclo. Todo esto, por sí mismo, determinó que saliera del campo una proporción menor de frutos con calidad comercial por cuestión de romaneo.

Pero además, sin capacidad por falta de materia verde para atender una temprana y creciente demanda de energía por parte de los frutos y, por otro lado, “tomando” más sal que agua, las plantas -debilitadas- resultaron más sensibles a la acción del tercer factor que menciona Ramírez: el ataque de virus transmitidos por la mosca blanca, un insecto cuya población creció muy por encima de los niveles que venía evidenciando en temporadas anteriores.

“Esta acción virósica -explicó el profesional- produce decaimiento de la planta pero, fundamentalmente, afecta al fruto  de tal manera que cuando va al mercado comienza a mancharse, se abolla, tiene muy mal aspecto y pierde valor comercial”.

Este panorama “mejoró bastante en los cultivos de melones tardíos -según Ramírez- porque el clima acompañó un poco más, pero en febrero la gente ya prácticamente no consume la producción de melones”.

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