La genética es importante para la salud, pero no es el único factor que determina cómo vivimos o cómo envejecemos. El médico especializado en longevidad y medicina funcional Thomas Paloschi sostiene que el entorno social tiene un impacto directo sobre la biología humana.
Cada vez hay más evidencia de que las personas con las que compartimos nuestro día a día influyen en nuestros hábitos, desde la alimentación y el descanso hasta el manejo del estrés y la actividad física.
Según explica, conductas como la obesidad, el tabaquismo, el estrés e incluso la felicidad pueden extenderse a través de las relaciones personales.
Cómo el entorno puede modificar nuestros hábitos
Paloschi afirma que las costumbres del grupo cercano suelen convertirse en comportamientos normales con el paso del tiempo. Si el círculo prioriza la actividad física, la alimentación equilibrada o el crecimiento personal, esas conductas tienen más probabilidades de incorporarse de manera natural.
Del mismo modo, los hábitos menos saludables también pueden instalarse con facilidad cuando forman parte de la rutina compartida.
El estudio que relacionó la obesidad con las redes sociales
Una de las investigaciones más conocidas sobre este tema fue publicada en 2007 en The New England Journal of Medicine por los investigadores Nicholas A. Christakis y James H. Fowler.
Durante 32 años, los científicos analizaron la evolución de una red social integrada por unas 12.000 personas y observaron que el aumento de peso no se comportaba como un fenómeno completamente individual.
Los resultados mostraron que:
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Si un amigo desarrollaba obesidad, el riesgo aumentaba un 57%.
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En el caso de un hermano, la probabilidad era del 40%.
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Si se trataba de la pareja, el incremento era del 37%.
Los autores concluyeron que las conductas relacionadas con el peso corporal pueden difundirse dentro de las relaciones sociales.
Compartir comidas también cambia la alimentación
Otra investigación, publicada en 2021 por científicos de la École Polytechnique Fédérale de Lausanne, analizó más de 38 millones de compras de alimentos realizadas entre 2010 y 2018 en un campus universitario.
El estudio encontró que las personas que comenzaron a compartir sus comidas con compañeros de hábitos saludables modificaron progresivamente sus elecciones alimentarias, incorporando una mayor cantidad de alimentos nutritivos.
Esto sugiere que las decisiones cotidianas sobre qué comer también están influenciadas por el entorno y por las personas con las que convivimos.
La longevidad también se construye en comunidad
La evidencia científica indica que los vínculos sociales pueden favorecer o dificultar la adopción de hábitos saludables. Mantener relaciones con personas que promueven el bienestar, el aprendizaje y el autocuidado puede convertirse en un aliado para reducir factores de riesgo y mejorar la calidad de vida.
Más allá de la predisposición genética, las elecciones diarias y el ambiente social forman parte de los elementos que contribuyen a una vida más saludable y a un envejecimiento con mayor bienestar.