En muchas casas hay un termo que ya no cumple su función original, ya sea que perdió la capacidad de mantener el agua caliente, se golpeó por dentro o directamente ya no conserva la temperatura por más de unos minutos. Y, cuando ocurre esto la mayoría termina arrumbado en un rincón de la alacena, pero es un tesoro.
Sin embargo, un termo que no sirve más como termo sigue siendo un recipiente resistente, práctico y con muchísimo potencial para reciclar. Con un poco de ingenio, puede transformarse en un objeto útil para el hogar, el trabajo o incluso para actividades al aire libre.
Reciclar este tipo de objetos no solo reduce residuos, sino que también evita gastar dinero en nuevos productos. Además, muchos termos están fabricados con acero inoxidable o plástico duro, materiales que tienen una vida útil larguísima si se los reutiliza correctamente.
Por qué reciclar un termo que ya no conserva el calor
Aunque el aislamiento interno esté dañado, el cuerpo del termo suele estar en excelente estado. Es hermético, fácil de transportar y pensado para resistir golpes. Eso lo convierte en un gran candidato para convertirse en recipiente multiuso, organizador o incluso en un objeto decorativo funcional.
Antes de descartarlo, vale la pena mirarlo con otros ojos y pensar en nuevos usos que se adapten a la vida cotidiana. Uno de los usos más prácticos es transformarlo en un contenedor reutilizable para líquidos fríos, alimentos secos, herramientas pequeñas o incluso productos de limpieza diluidos. No va a mantener el calor, pero sigue siendo perfecto para muchísimas tareas.