5 de abril de 2026 - 09:51

Según la psicología, los padres que usan estas frases afectan el autoestima de sus hijos

El psicólogo infantil Sam Wass advierte que negar lo que un niño siente, incluso con buena intención, impide que aprenda a gestionar sus propios estados internos.

Muchos padres buscan criar hijos felices y seguros, pero cometen un error involuntario al intentar anular sus sentimientos negativos. Frases como "no tengas miedo" o "no llores", aunque nacen del afecto, envían un mensaje confuso: que lo que el niño experimenta en ese momento no es válido ni real, según la psicología.

El profesor y psicólogo infantil Sam Wass pone el foco en una conducta muy extendida: el intento de convencer a los chicos de que no sientan lo que están sintiendo. Esta reacción ocurre cuando el adulto intenta apresurar el fin de un momento difícil mediante la negación directa del sentimiento ajeno.

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El arte de nombrar la emoción sin juzgarla

Para el especialista, las emociones no se pueden apagar mediante una orden externa. Cuando un padre dice "no hay razón para estar enojado", el niño sigue sintiendo ese enojo, pero ahora se le suma una sensación de soledad o de que su sentimiento no es el adecuado. El pequeño empieza a creer que sus percepciones internas son erróneas, lo que debilita profundamente su confianza personal.

En lugar de buscar una solución rápida o el silencio del llanto, Wass sugiere que el adulto funcione como un espejo. La clave reside en observar y poner en palabras lo que el niño atraviesa: "veo que estás triste" o "parece que esto te dio mucho miedo". Este ejercicio no agranda el problema, sino que le da un nombre y un marco de referencia al niño para que pueda identificar qué le sucede.

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Un método para el autoconocimiento y la regulación emocional

Esta técnica de reflejar el estado emocional ayuda a construir el autoconocimiento. Al nombrar el miedo o la frustración, el niño aprende que esas sensaciones son respuestas legítimas ante lo que vive. A largo plazo, esta claridad lingüística es lo que le permitirá regular sus propias reacciones de forma autónoma, una habilidad tan vital como cualquier otra enseñanza escolar.

Es importante entender que calmar a un hijo no es lo mismo que borrar lo que siente. Frases como "no pasará nada" o "no es para tanto" son atajos que cierran la comunicación en lugar de abrirla. El consuelo real llega cuando el niño percibe que alguien se pone a su lado para ayudarlo a dar sentido a su desborde, validando su experiencia subjetiva. Reconocer que el llanto o el miedo no son tonterías es el primer paso para criar adultos emocionalmente estables.

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