Según la psicología, las personas nacidas en 1960 tuvieron una infancia sin control que los forjó de adultos
Un creciente cuerpo de análisis sostiene que los niños que crecieron en las décadas del 60 y 70 desarrollaron mayor fortaleza emocional gracias a largas horas de juego libre y sin control adulto.
La infancia sin supervisión adulta creó adultos más fuertes, según la psicología.
La idea de que las generaciones actuales viven mejor protegidas y acompañadas es ampliamente aceptada. Sin embargo, nuevas interpretaciones desde la psicología sugieren que ese modelo podría haber tenido un costo inesperado: una menor tolerancia a la frustración y a la incertidumbre.
Diversos análisis coinciden en que los adultos que crecieron en las décadas de 1960 y 1970 desarrollaron niveles más altos de resiliencia emocional no por disciplina estricta ni por contextos extremadamente duros, sino por algo mucho más cotidiano: el tiempo sin supervisión.
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Ni celulares ni control parental: por qué los niños de los 70 eran más resilientes.
Una infancia sin control constante, pero llena de aprendizaje
No había teléfonos móviles, monitoreo constante ni agendas estructuradas. Ese contexto obligaba a los niños a resolver problemas por su cuenta, gestionar conflictos con otros y tolerar el aburrimiento sin estímulos externos. Según distintos análisis psicológicos, este tipo de experiencias fomentó habilidades clave como la autosuficiencia, la creatividad y la capacidad de adaptación.
El concepto clave: tolerancia al malestar
Uno de los conceptos más relevantes para entender este fenómeno es el de “tolerancia al malestar”. Se trata de la capacidad de enfrentar incomodidades, frustraciones o incertidumbre sin reaccionar de manera impulsiva.
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Este rasgo, considerado central en la resiliencia, se desarrollaba de forma natural en contextos donde los niños debían “arreglárselas solos”, sin intervención inmediata de los adultos. Desde caídas en bicicleta hasta conflictos con amigos, cada experiencia funcionaba como un entrenamiento emocional que fortalecía la estabilidad psicológica a largo plazo.
Menos control, más resiliencia: el efecto del “estrés moderado”
Según el estudio de Peter Gray, publicado en Psychology Today este fenómeno es conocido como “inoculación del estrés”: la exposición a niveles moderados de dificultad durante la infancia puede fortalecer la capacidad de afrontar problemas en la adultez.
Lejos de tratarse de situaciones extremas, se trata de desafíos cotidianos, como aburrirse, perder un juego o resolver conflictos sociales sin ayuda inmediata. Estos pequeños obstáculos generaban una base emocional más sólida frente a situaciones complejas en la vida adulta.
¿Qué cambió en la crianza actual?
En contraste, la infancia contemporánea tiende a estar más estructurada y supervisada. Actividades programadas, tecnología constante y monitoreo parental han reducido significativamente los espacios de autonomía.
Si bien esto mejora la seguridad, especialistas en ScienceDaily advierten que también limita las oportunidades de desarrollar habilidades emocionales clave, como la resolución de problemas o la tolerancia a la frustración.
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La psicología revela por qué los adultos de los 70 resisten mejor la adversidad.
Un debate abierto entre generaciones
El fenómeno no implica idealizar el pasado ni cuestionar completamente los modelos actuales de crianza. Cada época responde a sus propios desafíos. Sin embargo, el análisis abre una pregunta relevante: si la sobreprotección puede estar reduciendo una de las habilidades más importantes para la vida adulta, la resiliencia.
En un contexto cada vez más incierto, recuperar ciertos espacios de autonomía podría ser, según los especialistas, una de las claves para formar generaciones más preparadas frente a la adversidad.