La escena se repite: faltan veinte minutos para una reunión y alguien ya está esperando en la puerta. Para la psicología, llegar temprano de manera habitual puede aportar información sobre la puntualidad, la planificación y ciertos rasgos de personalidad, pero hay un detalle interesante: no existe una única razón que explique por qué algunas personas necesitan disponer siempre de ese margen.
De hecho, llegar antes no es simplemente lo contrario de llegar tarde. Para algunas personas, la hora acordada funciona como el límite máximo, no como el momento exacto en el que deberían aparecer.
Qué encontraron los estudios sobre las personas que llegan temprano
Una investigación publicada en Journal of Research in Personality hizo algo especialmente útil para estudiar esta conducta: en lugar de preguntar a los participantes si se consideraban puntuales, registró cuándo llegaban realmente a un experimento.
Los investigadores analizaron a 92 estudiantes y compararon sus horarios de llegada con rasgos del modelo de los Cinco Grandes. La responsabilidad o escrupulosidad (conscientiousness) se relacionó con la puntualidad y con el grado de anticipación; la amabilidad también predijo algunos aspectos de la llegada temprana y el neuroticismo se asoció específicamente con llegar antes.
Esto permite pensar en dos caminos distintos que pueden terminar exactamente en la misma escena: una persona esperando antes que todos los demás.
Quien tiene una fuerte orientación hacia la organización puede calcular el viaje incluyendo tránsito, estacionamiento, una dirección difícil de encontrar o cualquier pequeño retraso. En ese caso, llegar antes es simplemente el resultado de haber dejado un margen de seguridad.
Pero en otras personas la anticipación puede estar más relacionada con querer reducir la incertidumbre de llegar sobre la hora. Eso no significa automáticamente que exista un problema de ansiedad.
Llegar 20 minutos antes también puede ser una forma de eliminar imprevistos
Hay otra pista interesante en la investigación sobre el tiempo: no todas las citas tienen el mismo peso psicológico.
Un estudio anterior observó la puntualidad de estudiantes en cuatro tipos diferentes de compromisos sin avisarles que estaban siendo evaluados. Tanto la puntualidad como la importancia otorgada a cada encuentro cambiaban según el tipo de cita.
Eso explica por qué alguien puede llegar media hora antes a una entrevista laboral y apenas cinco minutos antes a tomar un café. El margen también puede expresar cuánto riesgo estamos dispuestos a aceptar.
Si una persona calcula que necesita 30 minutos para llegar, salir exactamente media hora antes supone confiar en que absolutamente nada falle. Salir 15 minutos antes de lo necesario, en cambio, convierte un embotellamiento pequeño, un semáforo o una vuelta equivocada en acontecimientos que ya estaban contemplados.
Incluso hay evidencia curiosa sobre esta orientación temporal. En un estudio con 85 participantes, quienes utilizaban habitualmente un reloj de pulsera llegaron, en promedio, 4,12 minutos antes de una cita experimental, frente a 0,90 minutos entre quienes no lo utilizaban. En muestras mayores del mismo trabajo, quienes usaban reloj también mostraron mayores niveles de responsabilidad/escrupulosidad.
Por eso, desde la psicología, no sería correcto traducir automáticamente “siempre llega temprano” como “es ansioso”. La puntualidad puede mezclar organización, consideración hacia los demás, importancia atribuida al compromiso y necesidad de mantener cierto control sobre los imprevistos.
Para algunas personas, además, esperar diez minutos en destino tiene un costo muy pequeño frente a la alternativa que realmente quieren evitar: hacer esperar a los demás.