Después de los 50, los cambios en la piel pueden hacer que la elección del limpiador y la forma de utilizarlo cobren especial importancia. La farmacéutica Lena de Pons pone el foco en una práctica sencilla: dedicar alrededor de 60 segundos a masajear suavemente un producto de limpieza adecuado antes de retirarlo por completo.
La propuesta no consiste en frotar durante un minuto ni en utilizar un limpiador más potente. De Pons relaciona el tiempo de contacto con la intensidad de la fórmula: cuanto más agresivo sea el producto, menor debería ser su permanencia sobre la piel. La intención es retirar suciedad, maquillaje y protector solar sin comprometer innecesariamente la barrera cutánea.
Si una única limpieza retira adecuadamente los productos utilizados durante el día, incorporar otra fórmula puede resultar innecesario.
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En qué consiste exactamente la regla de los 60 segundos
La idea es sencilla: aplicar un limpiador facial suave y masajearlo delicadamente durante aproximadamente un minuto antes de enjuagar.
Ese tiempo permite distribuir el producto por todo el rostro y prestar atención a sectores que pueden quedar relegados durante un lavado rápido, como los laterales de la nariz, la línea del cabello, el mentón y la zona alrededor de la boca.
No significa que 60 segundos constituyan una cifra médicamente necesaria para todas las personas. El producto utilizado y la tolerancia individual de la piel importan más que cumplir exactamente con el cronómetro.
¿Por qué Lena de Pons relaciona el tiempo de lavado con la potencia del limpiador?
En una entrevista con Vogue, De Pons resumió el principio de esta manera: “Cuanto más potente sea tu limpiador, menos tiempo necesitarás para lavarte la piel”.
La explicación está relacionada con los tensioactivos, sustancias presentes en los productos de limpieza que ayudan a desprender grasa y suciedad para poder retirarlas con agua.
Una fórmula demasiado agresiva puede eliminar más lípidos de la superficie cutánea de los necesarios. El resultado puede ser sequedad, tirantez o irritación, especialmente en personas cuya barrera cutánea ya es sensible.
Por eso, la regla no consiste en mantener cualquier limpiador durante un minuto. El planteamiento funciona precisamente en sentido contrario: una limpieza más prolongada requiere un producto suficientemente suave y compatible con esa piel.
Utilizar más producto tampoco significa limpiar mejor.
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Por qué la limpieza puede requerir más atención después de los 50
Con el envejecimiento se producen cambios en la estructura y funcionamiento de la piel. Entre ellos puede aparecer mayor sequedad y una menor capacidad para retener humedad, aunque la intensidad varía considerablemente entre personas.
- Los cambios hormonales asociados a la menopausia también pueden influir en la piel de muchas mujeres.
- Esto ayuda a explicar por qué una rutina que anteriormente resultaba tolerable puede comenzar a producir sensación de tirantez o incomodidad.
- No significa que todas las personas mayores de 50 años tengan necesariamente una piel seca ni que necesiten exactamente la misma rutina. El tipo de piel, los medicamentos, el clima, las enfermedades dermatológicas y los productos utilizados también influyen.
Cómo aplicar la regla de los 60 segundos sin irritar la piel
El objetivo debe ser limpiar sin convertir el minuto en una exfoliación mecánica.
Paso a paso:
- Lavá primero las manos.
- Humedecé el rostro con agua tibia, no excesivamente caliente.
- Aplicá la cantidad de limpiador indicada por el fabricante.
- Distribuí el producto suavemente por el rostro.
- Masajeá con las yemas de los dedos, sin presionar ni raspar.
- Prestá atención a nariz, mentón, línea del cabello y zonas donde puedan quedar restos de maquillaje o protector solar.
- Continuá hasta aproximadamente un minuto si el producto y tu piel lo toleran.
- Enjuagá completamente.
- Secá mediante pequeños toques con una toalla limpia, sin frotar.
- Aplicá después la hidratación habitual.
Las personas con rosácea, dermatitis, eccema u otras afecciones cutáneas deberían seguir las indicaciones de su dermatólogo.
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La enseñanza práctica de los 60 segundos está menos en mirar obsesivamente el reloj que en dejar de tratar la limpieza como un paso apresurado: un minuto puede servir para distribuir bien un limpiador suave y comprobar cómo responde la piel.